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Las representaciones afro en la danza colombiana ¿Decadencia o trascendencia?

Realizado por: Natalia Gómez Hernández

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En este artículo se hace un repaso de la afrocolombianidad, que se exalta más por sus manifestaciones folclóricas que por la importancia de lo que representa esta comunidad para el país, la historia y la conformación como nación. Así mismo, se destaca la danza colombiana que conecta la tierra con las raíces, similar a un ritual en el que no sólo se danza sino que se baila, adora u ofrece sacrificio a alguna deidad, que era lo que hacían los aborígenes. Estos hechos partieron de la esclavitud en Colombia, una línea que los afrodescendientes han tenido que transitar para subsistir en medio de tensiones socio-políticas, racismo y discriminación, desde la pérdida de representación social hasta su reencuentro con su identidad cultural como arma inalienable.


Las manifestaciones artísticas y culturales han sido para las ciencias humanas y sociales un valioso foco de observación, análisis y descripción; además, un lugar privilegiado para comprender las dinámicas históricas, políticas, económicas y culturales del país. Colombia posee una riqueza multicultural destacada, cuya conformación racial es producto de la mezcla de diversas procedencias (indígena, afrodescendiente, europea, entre otras). Todo aquello que soporta y promueve la existencia de tales prácticas está conformado por dimensiones estéticas, que a su vez están relacionadas con lo político e histórico, son espacios destacados para conocer y comprender los elementos que dan sentido a la vida social de los sujetos y a las comunidades que integran o de las que hacen parte.


Según Stuart Hall, la representación folclórica es la producción de sentido de los conceptos en nuestra mente mediante el lenguaje. El vínculo entre los conceptos y el lenguaje es lo que nos capacita para referirnos, bien sea al mundo ‘real’ de los objetos o eventos, o incluso a los mundos imaginarios de los objetos, gente y eventos ficticios, fomentando normas de relaciones sociales y morales, y es agente de transmisión de ideas.


La “afroargentinidad” (“afrocolombianidad”, “afroperuanidad”, “afrochilenidad”, para pensar en América Latina) y la “afrodescendencia” como categorías de autoidentificación expresan una pluralidad de demandas y la introducción de nuevos clivajes entre los protagonistas de un amplio espectro de organizaciones y actividades”. Jaramillo (2009).


Las propuestas de formación en danza son diversas, aunque varían sus objetivos aparentemente se basan en un mismo referente (danzas tradicionales africanas), en las que el cuerpo se mueve, especialmente el tronco, la cintura, el pecho y los brazos, acompañado de movimientos de los pies y saltos, que van al compás de la música.
La música afrocolombiana es herencia de múltiples tradiciones de África Occidental, en los que se utilizaban toques de tambor, marimba, sonajeros y cantos. En
la danza afrocolombiana el hombre en el folclore se constituye por sus recursos fundamentales (memoria, inteligencia y conocimientos adquiridos por la experiencia). Con el tiempo, la materia folclórica va perdiendo su herencia ancestral, pero a la vez, en un permanente proceso de absorción e incorporación, adquiere elementos nuevos, se funde con ellos y los enriquece. Lo importante es que el pueblo sea el que haga su elección, adaptación y manifestación de estos ritmos.


Algunas danzas o bailes típicos de la región del Pacífico colombiano son las siguientes:


Mapalé: este ritmo conserva características musicales típicamente africanas, en la que los tambores, en función coral, se alternan con el canto y el palmoteo. Se emplea para enmarcar un juego coreográfico, en el que los bailarines ejecutan diversas figuras para conquistar a las mujeres.


Cumbia: baile folclórico autóctono de la costa caribe colombiana, con variantes de carácter igualmente folclórico en Panamá. Surge del sincretismo musical y cultural de indígenas y negros. Es originario de la parte alta del valle del río Magdalena.


Chocuano: danza religiosa. Es diferente al currulao, aunque se interpreta con los mismos instrumentos. Está muy extendido entre las comunidades afrocolombianas del litoral Pacífico, con un posible ascendiente en Sierra Leona (África).


La caderona: ritmo-canto y baile, cuya coreografía representa la supervivencia de los antiguos landós, vacunaos o la danza del vientre, tradicional entre los esclavos africanos. Se interpreta con los mismos instrumentos de las danzas anteriores.


El currulao: danza por excelencia de las comunidades afrocolombianas del litoral Pacífico. Recoge características que sintetizan las herencias africanas de los esclavos traídos en la época colonial para las labores de minería adelantadas en las cuencas de los ríos del occidente del territorio. En su ejecución es posible observar características propias de un rito impregnado de fuerza ancestral e, incluso, mágica.


El abozao: danza y ritmo típico del Chocó. Se origina en la cuenca del río Atrato, como expresión preferentemente instrumental, hace parte del repertorio festivo cuya ejecución se hace con chirimía. La coreografía se traza como un juego de excitación mutua entre el hombre y la mujer.
Actualmente se han producido cambios culturales que parten de las comunidades afrodescendientes, validando sus contextos culturales respecto a su hábitat y sus formas de organización social.


La danza y la música afrodescendientes se han venido transmitiendo de manera tradicional de generación en generación. Han sido un importante medio de comunicación, en el que los bailarines y los músicos de instrumentos sagrados utilizan gestos, máscaras, trajes, pinturas corporales y un sinnúmero de medios visuales para transmitir su pasión y mensajes. Con sus movimientos armónicos, cargados de fuerza, en los que acentúan el torso, las manos y los pies, y junto con sonidos majestuosos atrapan al espectador transportándolo hacia ese lugar en donde se dice que inició la vida.
Esta combinación de alegría, energía y liberación para sanar el alma de tantas emociones se debe reconocer como la “herencia africana”.
El fenómeno del racismo da fe de una desestructuración parcial del actor, de un desdoblamiento que permite numerosas oscilaciones coyunturales, del lado del movimiento o del antimovimiento, del lado del conflicto social. El término “negro” viene determinado por una serie de segregaciones implícitas en el imaginario colectivo.


Sumado a lo anterior, el mestizaje, entendido como el cruce biológico y cultural de individuos que provienen de diferentes etnias, que es el rasgo principal de la identidad nacional latinoamericana, es la raza que persistió como categoría social y concepto organizador de la sociedad, vinculando la modernidad con la “blanquidad”. Para Peter Wade el mestizaje está enmarcado en las identidades en el que su mito fundacional parte de la idea de que la retórica del multiculturalismo es de una forma u otra la versión contemporánea de la ideología del mestizaje, intenta identificar continuidades y rupturas en las maneras de relacionar la raza y el sexo a lo largo de la historia latinoamericana.


Al referirnos a la cultura afrocolombiana la tomamos desde lo intercultural y no en el sentido multicultural, pues el primero nos permite relaciones desde un adentro y un afuera, lo que en el multiculturalismo se presenta sólo como ese espacio en el que se le da cabida a todo sin permitir lo dialógico ni la diferenciación dentro de la heterogeneidad.


Con el paso de los años las danzas negras han sido vaciadas de su significado social, político y filosófico para convertirlas en “caricaturas”. Al alejarlas de esos imaginarios, se recupera el contexto cultural e histórico en que fueron creadas y, a la vez, se abren caminos para expresiones contemporáneas. En Colombia, por ejemplo, el mapalé se ha convertido en un baile erótico y exótico, en el que se estigmatiza a la raza negra como una comunidad a la que sólo le interesa el sexo, lo cual también ha sucedido en otros países de América Latina. Se puede reescribir la historia de una comunidad a través de un cuerpo que busca la dignidad y la igualdad.


Según Cabañas Osorio: “La danza es emoción, movimiento e ideas expresadas y organizadas bajo un sistema comunicativo de canales múltiples con un discurso propio y renovable según la combinación e integración de sus elementos componentes. Su discurso de formas y contenidos expresa significados que crean una situación comunicativa entre artista-emisor y público-receptor; estos dos elementos (emisor y receptor) son los extremos de la cadena comunicativa del sistema de comunicación que analizaremos”.


Las danzas africanas abarcan desde las formas más antiguas, que se referían, por ejemplo, a la fertilidad, la caza, los ritos de iniciación, el crecimiento y la recolección de las cosechas hasta formas más modernas, que han evolucionado en respuesta a las nuevas condiciones, como la danza sudafricana gum boot, que inventaron los mineros negros cuando estaba prohibido tocar música en el sistema del apartheid, allí usaban sus botas de goma como instrumentos mientras danzaban simultáneamente. En la sociedad urbana otros modos artísticos modernos han evolucionado a la par que los nuevos estilos musicales africanos. Como parte de un ritual espiritual, la danza puede considerarse como una forma simbólica de comunicación con los poderes naturales o como un movimiento inductor al trance, que pone al bailarín en condiciones de acceder directamente al mundo de los espíritus.


En Colombia, la danza tiene un mestizaje afroamericano; por ejemplo, la cumbia afro es más rápida, mientras que la colombiana tiene otro sabor y elegancia. Por su parte, el “currulao” o música de marimba, que es afrocolombiana, ecuatoriana, brasileña y dominicana, tiene una mezcla latina que le da otro toque.
Al relacionar el periodismo con este tema, se podría decir que la danza es un medio de comunicación, ya que aunque no tiene un lenguaje verbal se expresan emociones y sentimientos a través de los movimientos. Es como un espejo en el que el alma se expresa por medio de los movimientos corporales. Haciendo un parangón, es como el lenguaje de las personas sordas, quienes se comunican a través de sus manos. Para ello es preciso entender la comunicación artística como un suceso del orden de la vida. Este suceso se da en dos pasos: se produce en la creación de la obra así como en su recepción, pues se debe dominar un simbolismo y romperlo, a la vez permitir que se filtren las fuerzas de la emoción o primera categoría.


Paul Ricouer (1995), en su reflexión sobre el lenguaje como discurso, define la comunicación como “un hecho, incluso, uno muy obvio. Las personas en verdad se hablan una a la otra. La comunicación es un enigma, incluso una maravilla ¿Por qué? Porque el estar juntos condiciona la existencia para que se dé la posibilidad de cualquier estructura dialógica del discurso, parece una forma de transgredir o superar la soledad fundamental de cada ser humano. Lo experimentado por una persona no puede ser transferido íntegramente por alguien más. Algo es Comunicación Intercultural transferida de una esfera de vida a otra. Este algo no es la experiencia tal como es experimentada, sino su significado. Aquí está el milagro. La experiencia tal como es experimentada, vivida, sigue siendo privada, pero su significación, su sentido se hace público. La comunicación en esta forma es la superación de la no comunicabilidad radical de la experiencia vividaLas danzas de origen africano conectan con la tierra y las raíces, se asemeja a un ritual en el que se adora u ofrece un sacrificio a alguna deidad, que era lo que ciertamente hacían los aborígenes cuando practicaban este tipo de bailes.


A través de la historia, la danza ha tenido funciones mágicas como medio de invocación a la lluvia o a la caza en el arte prehistórico, como culto a los muertos y al más allá. Ha sido, es y será trascendental en la vida del ser humano, porque gracias a ella ha logrado expresar de manera más práctica sus necesidades y deseos, independientemente de las exigencias de la sociedad.


En los bailes, la importancia cultural varía de acuerdo con el ritmo de la música, los integrantes en el baile y los movimientos. Existen bailes para el amor, bienvenidas, posesiones, entre otros. Por ejemplo, el golpe del tambor se utiliza para expresarle a alguien de la comunidad una solidaridad y conexión.
“No se trata sólo de hacer un movimiento, es algo que va más allá, es una herencia cultural, una conexión con la naturaleza. Cada aporte étnico en cada territorio es una filosofía de vida en la que se expresan diferentes emociones”.


La danza siempre ha estado ligada a la música. Desde las manifestaciones de los pueblos más primitivos hasta las creaciones de los coreógrafos actuales disfrutan de esta posibilidad, de este paralelo. Algunos artistas refuerzan esta idea, Jaques Dalcroze reflexiona en lo específicamente compositivo: “Quiero hablar de la danza, se trata de precisar en qué límites el arte de bailar puede acercarse por su concepción misma al arte actualmente en pleno desarrollo al cual está estrechamente ligada la música.


En las danzas antiguas no teatrales, tales como las primitivas, las orgiásticas, las rituales o las folklóricas, el uso de los elementos compositivos (dinámica- espacio-ritmo) obedecen a razones naturales y espontáneas. Es decir, el bailarín no decide utilizar una dinámica o algún ritmo de manera deliberada y de acuerdo a una intención en relación con la totalidad de la representación, sino que se expresa espontáneamente, de acuerdo con su estado vital, los estímulos del entorno y las circunstancias generales que rodean al hecho artístico.

La danzas moderna y contemporánea han tratado el ritmo desde vertientes más próximas a la teoría dalcroziana, caracterizada en desarrollar el oído musical, los sentidos melódico, tonal y armónico a través de un sexto sentido, mediante el movimiento en el que el cuerpo funciona como medio de representación de cualquier elemento musical del ritmo, la melodía, la dinámica, la armonía y la forma. Rudolf Laban, por ejemplo, con su lenguaje basado en la cualidad del movimiento, transita las distintas intensidades para llegar a la del flujo libre y a la del flujo sostenido. Sus pasajes modulados a través del movimiento hacen consciente el ritmo con sus repetidas experiencias de contracción y relajación muscular en todos los grados de energía y rapidez.
A través del tiempo la danza ha permitido ver cómo otros fenómenos culturales se han ido desplegando a lo largo de varios estudios. Desigualdad, discriminación y racismo son algunas de las temáticas que abordan los ritmos africanos y afrocolombianos. En este caso el racismo enmarcado en una teoría fundamentada en el prejuicio, según el cual diferentes razas humanas o etnias presentan diferencias biológicas que justifican relaciones de superioridad entre ellas, como el rechazo o la agresión.


Es habitual que el racismo se justifique en teorías culturales. Un ejemplo de esto es argumentar la superioridad de la raza blanca con base en sus resultados académicos, sin tomar en cuenta que los niños negros suelen sufrir problemas sociales que les impiden alcanzar una plenitud intelectual. Independientemente de su raza, una persona que no se alimenta bien, que no tiene acceso a los servicios sanitarios y que vive en un hogar precario no puede hacer uso de todas sus facultades para alcanzar un rendimiento satisfactorio en sus estudios.
Tomando como referencia a Stuart Hall Hall sobre la identidad en sus diferentes formas, se aborda en el contexto de la respuesta a cuestiones sobre la cambiante formación social, así como en el lugar que ocupan y la función que cumplen la raza y el racismo en la reorganización de la formación social. Lo que da paso a las culturas cambiantes de danza y a su vez musicalidad.


En la época de la colonia, los esclavos y mucha población de origen africano desembarcó en lo que actualmente es Colombia. Por eso encontramos que las tradiciones musicales africanas están presentes en los litorales colombianos, así desde el siglo XVII aparecieron nuevos lenguajes de habla, música y danza en diversas regiones de Colombia y en cada una se presentan combinaciones y tonos especiales.
El tambor y los instrumentos de percusión son protagonistas de la música afrocolombiana, que se utilizan tanto en contextos rituales como en festividades carnavalescas. Las diferencias raciales, de credo, culturales y sociopolíticas son ingredientes básicos con los que se cocina la historia y el devenir de la humanidad. De esta manera los hombres validan límites que se miden a través de la dualidad vida y muerte, reduciendo las expectativas a las actuaciones cotidianas.


Las sociedades han encontrado momentos en la historia para escandalizarse por modelos que pretenden poner a todos los seres humanos como personas iguales. La fiesta, el escándalo y todas esas expresiones, que a veces parecen grotescas y que forman parte de la cultura del reguetón, lo que hacen es llamar la atención de una sociedad que está excluyendo a ciertas comunidades. Lo que se exige son las mismas oportunidades que tienen los privilegiados. Se debe tener cuidado al estigmatizar este tipo de expresiones afirmando que no sirven para nada.
Tomando como ejemplo el hip hop, desde su rebeldía intrínseca, ha logrado ser un lenguaje universal y comercial en muchos sentidos, pero mantiene esos rasgos culturales flexibles que le permiten seguir siendo una expresión local. No se construye igual esta música en Colombia que en México, en Estados Unidos o en la China. Este ritmo ha podido delatar, a través de la pintura, el baile y la música, las circunstancias históricas en las que han vivido las comunidades que lo crean, sin importar las fronteras.


Las tradiciones van perdiendo auge, pero el baile, la música y la cultura permanecen en el tiempo sin necesidad de transformarse, ya que son las cosas que nos diferencian del resto de países y de sociedades.

A manera de conclusión, el origen de las manifestaciones referidas se encuentra en los procesos de apropiación y transformación cultural a los que se vieron expuestos los pobladores afrodescendientes y mulatos, concretamente se originan en las manifestaciones artísticas españolas y las estéticas musicales de los terratenientes.


Cabe resaltar que todas estas prácticas se caracterizan por estar en constante transformación, mediante la incorporación de diversos referentes y elementos musicales, teatrales y de danza en sus performances, evidenciando que ninguna cultura puede considerarse estática y que en esa medida, desde el ámbito académico e investigativo, dichos fenómenos se deben estudiar siempre a partir de perspectivas que contemplen la continuidad y la transformación.

 

 

 

 

 

 



Referencias
Arocha, J. (2005). Afrocolombia en los años postdDurban. Palimpsestvs, 5, 26¬41.
Hall, S. (1997a). The Work of Representation. En S. Hall, Representation: Cultural Representation and Signifying Practice (pp. 13-74). Londres: Open University, Sage Publication.
Múnera, A. (2008). El fracaso de la nación. Región, clase y raza en el Caribe colombiano (1717-1821). Bogotá: Editorial Planeta.
Castillo, L. C. (2007). Etnicidad y nación. El desafío de la diversidad en Colombia. Cali: Universidad del Valle.
Jaramillo, Jorge Iván (2009) Presencias y ausencias de los negros en el Gran Buenos Aires.
El candombe argentino como un repertorio de acción cultural popular. Ponencia presentada en las VI Jornadas de Investigación en Antropología Social, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 3 al 6 de agosto del 2010. Ponencia individual. 
Frigerio, Alejandro (2000). Introducción a Cultura negra en el Cono Sur: Representaciones en conflicto. Buenos Aires: EDUCA .Págs. ONLINE
Wieviorka, Michel (1992) El espacio del racismo, Barcelona, Editorial Paidós.
 


Cibergrafía
https://revistas.uptc.edu.co/index.php/historia_memoria/article/view/4926/6488
http://www.eafit.edu.co/centros/asiapacifico3/Documents/PonenciasAladaa/Jaramillo_Representaciones.pdf
https://redmusicamaestro.com/metodo-dalcroze-y-la-ritmica/
http://www.rhuthmos.eu/spip.php?article860 http://amic2015.uaq.mx/docs/memorias/GI_11_PDF/GI_11_LA_DANZA_FENOMENO.pdf 
http://manglar.uninorte.edu.co/calamari/handle/10738/110#page=8

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Realizado por: Natalia Gómez Hernández

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En este artículo se hace un repaso de la afrocolombianidad, que se exalta más por sus manifestaciones folclóricas que por la importancia de lo que representa esta comunidad para el país, la historia y la conformación como nación. Así mismo, se destaca la danza colombiana que conecta la tierra con las raíces, similar a un ritual en el que no sólo se danza sino que se baila, adora u ofrece sacrificio a alguna deidad, que era lo que hacían los aborígenes. Estos hechos partieron de la esclavitud en Colombia, una línea que los afrodescendientes han tenido que transitar para subsistir en medio de tensiones socio-políticas, racismo y discriminación, desde la pérdida de representación social hasta su reencuentro con su identidad cultural como arma inalienable.


Las manifestaciones artísticas y culturales han sido para las ciencias humanas y sociales un valioso foco de observación, análisis y descripción; además, un lugar privilegiado para comprender las dinámicas históricas, políticas, económicas y culturales del país. Colombia posee una riqueza multicultural destacada, cuya conformación racial es producto de la mezcla de diversas procedencias (indígena, afrodescendiente, europea, entre otras). Todo aquello que soporta y promueve la existencia de tales prácticas está conformado por dimensiones estéticas, que a su vez están relacionadas con lo político e histórico, son espacios destacados para conocer y comprender los elementos que dan sentido a la vida social de los sujetos y a las comunidades que integran o de las que hacen parte.


Según Stuart Hall, la representación folclórica es la producción de sentido de los conceptos en nuestra mente mediante el lenguaje. El vínculo entre los conceptos y el lenguaje es lo que nos capacita para referirnos, bien sea al mundo ‘real’ de los objetos o eventos, o incluso a los mundos imaginarios de los objetos, gente y eventos ficticios, fomentando normas de relaciones sociales y morales, y es agente de transmisión de ideas.


La “afroargentinidad” (“afrocolombianidad”, “afroperuanidad”, “afrochilenidad”, para pensar en América Latina) y la “afrodescendencia” como categorías de autoidentificación expresan una pluralidad de demandas y la introducción de nuevos clivajes entre los protagonistas de un amplio espectro de organizaciones y actividades”. Jaramillo (2009).


Las propuestas de formación en danza son diversas, aunque varían sus objetivos aparentemente se basan en un mismo referente (danzas tradicionales africanas), en las que el cuerpo se mueve, especialmente el tronco, la cintura, el pecho y los brazos, acompañado de movimientos de los pies y saltos, que van al compás de la música.
La música afrocolombiana es herencia de múltiples tradiciones de África Occidental, en los que se utilizaban toques de tambor, marimba, sonajeros y cantos. En
la danza afrocolombiana el hombre en el folclore se constituye por sus recursos fundamentales (memoria, inteligencia y conocimientos adquiridos por la experiencia). Con el tiempo, la materia folclórica va perdiendo su herencia ancestral, pero a la vez, en un permanente proceso de absorción e incorporación, adquiere elementos nuevos, se funde con ellos y los enriquece. Lo importante es que el pueblo sea el que haga su elección, adaptación y manifestación de estos ritmos.


Algunas danzas o bailes típicos de la región del Pacífico colombiano son las siguientes:


Mapalé: este ritmo conserva características musicales típicamente africanas, en la que los tambores, en función coral, se alternan con el canto y el palmoteo. Se emplea para enmarcar un juego coreográfico, en el que los bailarines ejecutan diversas figuras para conquistar a las mujeres.


Cumbia: baile folclórico autóctono de la costa caribe colombiana, con variantes de carácter igualmente folclórico en Panamá. Surge del sincretismo musical y cultural de indígenas y negros. Es originario de la parte alta del valle del río Magdalena.


Chocuano: danza religiosa. Es diferente al currulao, aunque se interpreta con los mismos instrumentos. Está muy extendido entre las comunidades afrocolombianas del litoral Pacífico, con un posible ascendiente en Sierra Leona (África).


La caderona: ritmo-canto y baile, cuya coreografía representa la supervivencia de los antiguos landós, vacunaos o la danza del vientre, tradicional entre los esclavos africanos. Se interpreta con los mismos instrumentos de las danzas anteriores.


El currulao: danza por excelencia de las comunidades afrocolombianas del litoral Pacífico. Recoge características que sintetizan las herencias africanas de los esclavos traídos en la época colonial para las labores de minería adelantadas en las cuencas de los ríos del occidente del territorio. En su ejecución es posible observar características propias de un rito impregnado de fuerza ancestral e, incluso, mágica.


El abozao: danza y ritmo típico del Chocó. Se origina en la cuenca del río Atrato, como expresión preferentemente instrumental, hace parte del repertorio festivo cuya ejecución se hace con chirimía. La coreografía se traza como un juego de excitación mutua entre el hombre y la mujer.
Actualmente se han producido cambios culturales que parten de las comunidades afrodescendientes, validando sus contextos culturales respecto a su hábitat y sus formas de organización social.


La danza y la música afrodescendientes se han venido transmitiendo de manera tradicional de generación en generación. Han sido un importante medio de comunicación, en el que los bailarines y los músicos de instrumentos sagrados utilizan gestos, máscaras, trajes, pinturas corporales y un sinnúmero de medios visuales para transmitir su pasión y mensajes. Con sus movimientos armónicos, cargados de fuerza, en los que acentúan el torso, las manos y los pies, y junto con sonidos majestuosos atrapan al espectador transportándolo hacia ese lugar en donde se dice que inició la vida.
Esta combinación de alegría, energía y liberación para sanar el alma de tantas emociones se debe reconocer como la “herencia africana”.
El fenómeno del racismo da fe de una desestructuración parcial del actor, de un desdoblamiento que permite numerosas oscilaciones coyunturales, del lado del movimiento o del antimovimiento, del lado del conflicto social. El término “negro” viene determinado por una serie de segregaciones implícitas en el imaginario colectivo.


Sumado a lo anterior, el mestizaje, entendido como el cruce biológico y cultural de individuos que provienen de diferentes etnias, que es el rasgo principal de la identidad nacional latinoamericana, es la raza que persistió como categoría social y concepto organizador de la sociedad, vinculando la modernidad con la “blanquidad”. Para Peter Wade el mestizaje está enmarcado en las identidades en el que su mito fundacional parte de la idea de que la retórica del multiculturalismo es de una forma u otra la versión contemporánea de la ideología del mestizaje, intenta identificar continuidades y rupturas en las maneras de relacionar la raza y el sexo a lo largo de la historia latinoamericana.


Al referirnos a la cultura afrocolombiana la tomamos desde lo intercultural y no en el sentido multicultural, pues el primero nos permite relaciones desde un adentro y un afuera, lo que en el multiculturalismo se presenta sólo como ese espacio en el que se le da cabida a todo sin permitir lo dialógico ni la diferenciación dentro de la heterogeneidad.


Con el paso de los años las danzas negras han sido vaciadas de su significado social, político y filosófico para convertirlas en “caricaturas”. Al alejarlas de esos imaginarios, se recupera el contexto cultural e histórico en que fueron creadas y, a la vez, se abren caminos para expresiones contemporáneas. En Colombia, por ejemplo, el mapalé se ha convertido en un baile erótico y exótico, en el que se estigmatiza a la raza negra como una comunidad a la que sólo le interesa el sexo, lo cual también ha sucedido en otros países de América Latina. Se puede reescribir la historia de una comunidad a través de un cuerpo que busca la dignidad y la igualdad.


Según Cabañas Osorio: “La danza es emoción, movimiento e ideas expresadas y organizadas bajo un sistema comunicativo de canales múltiples con un discurso propio y renovable según la combinación e integración de sus elementos componentes. Su discurso de formas y contenidos expresa significados que crean una situación comunicativa entre artista-emisor y público-receptor; estos dos elementos (emisor y receptor) son los extremos de la cadena comunicativa del sistema de comunicación que analizaremos”.


Las danzas africanas abarcan desde las formas más antiguas, que se referían, por ejemplo, a la fertilidad, la caza, los ritos de iniciación, el crecimiento y la recolección de las cosechas hasta formas más modernas, que han evolucionado en respuesta a las nuevas condiciones, como la danza sudafricana gum boot, que inventaron los mineros negros cuando estaba prohibido tocar música en el sistema del apartheid, allí usaban sus botas de goma como instrumentos mientras danzaban simultáneamente. En la sociedad urbana otros modos artísticos modernos han evolucionado a la par que los nuevos estilos musicales africanos. Como parte de un ritual espiritual, la danza puede considerarse como una forma simbólica de comunicación con los poderes naturales o como un movimiento inductor al trance, que pone al bailarín en condiciones de acceder directamente al mundo de los espíritus.


En Colombia, la danza tiene un mestizaje afroamericano; por ejemplo, la cumbia afro es más rápida, mientras que la colombiana tiene otro sabor y elegancia. Por su parte, el “currulao” o música de marimba, que es afrocolombiana, ecuatoriana, brasileña y dominicana, tiene una mezcla latina que le da otro toque.
Al relacionar el periodismo con este tema, se podría decir que la danza es un medio de comunicación, ya que aunque no tiene un lenguaje verbal se expresan emociones y sentimientos a través de los movimientos. Es como un espejo en el que el alma se expresa por medio de los movimientos corporales. Haciendo un parangón, es como el lenguaje de las personas sordas, quienes se comunican a través de sus manos. Para ello es preciso entender la comunicación artística como un suceso del orden de la vida. Este suceso se da en dos pasos: se produce en la creación de la obra así como en su recepción, pues se debe dominar un simbolismo y romperlo, a la vez permitir que se filtren las fuerzas de la emoción o primera categoría.


Paul Ricouer (1995), en su reflexión sobre el lenguaje como discurso, define la comunicación como “un hecho, incluso, uno muy obvio. Las personas en verdad se hablan una a la otra. La comunicación es un enigma, incluso una maravilla ¿Por qué? Porque el estar juntos condiciona la existencia para que se dé la posibilidad de cualquier estructura dialógica del discurso, parece una forma de transgredir o superar la soledad fundamental de cada ser humano. Lo experimentado por una persona no puede ser transferido íntegramente por alguien más. Algo es Comunicación Intercultural transferida de una esfera de vida a otra. Este algo no es la experiencia tal como es experimentada, sino su significado. Aquí está el milagro. La experiencia tal como es experimentada, vivida, sigue siendo privada, pero su significación, su sentido se hace público. La comunicación en esta forma es la superación de la no comunicabilidad radical de la experiencia vividaLas danzas de origen africano conectan con la tierra y las raíces, se asemeja a un ritual en el que se adora u ofrece un sacrificio a alguna deidad, que era lo que ciertamente hacían los aborígenes cuando practicaban este tipo de bailes.


A través de la historia, la danza ha tenido funciones mágicas como medio de invocación a la lluvia o a la caza en el arte prehistórico, como culto a los muertos y al más allá. Ha sido, es y será trascendental en la vida del ser humano, porque gracias a ella ha logrado expresar de manera más práctica sus necesidades y deseos, independientemente de las exigencias de la sociedad.


En los bailes, la importancia cultural varía de acuerdo con el ritmo de la música, los integrantes en el baile y los movimientos. Existen bailes para el amor, bienvenidas, posesiones, entre otros. Por ejemplo, el golpe del tambor se utiliza para expresarle a alguien de la comunidad una solidaridad y conexión.
“No se trata sólo de hacer un movimiento, es algo que va más allá, es una herencia cultural, una conexión con la naturaleza. Cada aporte étnico en cada territorio es una filosofía de vida en la que se expresan diferentes emociones”.


La danza siempre ha estado ligada a la música. Desde las manifestaciones de los pueblos más primitivos hasta las creaciones de los coreógrafos actuales disfrutan de esta posibilidad, de este paralelo. Algunos artistas refuerzan esta idea, Jaques Dalcroze reflexiona en lo específicamente compositivo: “Quiero hablar de la danza, se trata de precisar en qué límites el arte de bailar puede acercarse por su concepción misma al arte actualmente en pleno desarrollo al cual está estrechamente ligada la música.


En las danzas antiguas no teatrales, tales como las primitivas, las orgiásticas, las rituales o las folklóricas, el uso de los elementos compositivos (dinámica- espacio-ritmo) obedecen a razones naturales y espontáneas. Es decir, el bailarín no decide utilizar una dinámica o algún ritmo de manera deliberada y de acuerdo a una intención en relación con la totalidad de la representación, sino que se expresa espontáneamente, de acuerdo con su estado vital, los estímulos del entorno y las circunstancias generales que rodean al hecho artístico.

La danzas moderna y contemporánea han tratado el ritmo desde vertientes más próximas a la teoría dalcroziana, caracterizada en desarrollar el oído musical, los sentidos melódico, tonal y armónico a través de un sexto sentido, mediante el movimiento en el que el cuerpo funciona como medio de representación de cualquier elemento musical del ritmo, la melodía, la dinámica, la armonía y la forma. Rudolf Laban, por ejemplo, con su lenguaje basado en la cualidad del movimiento, transita las distintas intensidades para llegar a la del flujo libre y a la del flujo sostenido. Sus pasajes modulados a través del movimiento hacen consciente el ritmo con sus repetidas experiencias de contracción y relajación muscular en todos los grados de energía y rapidez.
A través del tiempo la danza ha permitido ver cómo otros fenómenos culturales se han ido desplegando a lo largo de varios estudios. Desigualdad, discriminación y racismo son algunas de las temáticas que abordan los ritmos africanos y afrocolombianos. En este caso el racismo enmarcado en una teoría fundamentada en el prejuicio, según el cual diferentes razas humanas o etnias presentan diferencias biológicas que justifican relaciones de superioridad entre ellas, como el rechazo o la agresión.


Es habitual que el racismo se justifique en teorías culturales. Un ejemplo de esto es argumentar la superioridad de la raza blanca con base en sus resultados académicos, sin tomar en cuenta que los niños negros suelen sufrir problemas sociales que les impiden alcanzar una plenitud intelectual. Independientemente de su raza, una persona que no se alimenta bien, que no tiene acceso a los servicios sanitarios y que vive en un hogar precario no puede hacer uso de todas sus facultades para alcanzar un rendimiento satisfactorio en sus estudios.
Tomando como referencia a Stuart Hall Hall sobre la identidad en sus diferentes formas, se aborda en el contexto de la respuesta a cuestiones sobre la cambiante formación social, así como en el lugar que ocupan y la función que cumplen la raza y el racismo en la reorganización de la formación social. Lo que da paso a las culturas cambiantes de danza y a su vez musicalidad.


En la época de la colonia, los esclavos y mucha población de origen africano desembarcó en lo que actualmente es Colombia. Por eso encontramos que las tradiciones musicales africanas están presentes en los litorales colombianos, así desde el siglo XVII aparecieron nuevos lenguajes de habla, música y danza en diversas regiones de Colombia y en cada una se presentan combinaciones y tonos especiales.
El tambor y los instrumentos de percusión son protagonistas de la música afrocolombiana, que se utilizan tanto en contextos rituales como en festividades carnavalescas. Las diferencias raciales, de credo, culturales y sociopolíticas son ingredientes básicos con los que se cocina la historia y el devenir de la humanidad. De esta manera los hombres validan límites que se miden a través de la dualidad vida y muerte, reduciendo las expectativas a las actuaciones cotidianas.


Las sociedades han encontrado momentos en la historia para escandalizarse por modelos que pretenden poner a todos los seres humanos como personas iguales. La fiesta, el escándalo y todas esas expresiones, que a veces parecen grotescas y que forman parte de la cultura del reguetón, lo que hacen es llamar la atención de una sociedad que está excluyendo a ciertas comunidades. Lo que se exige son las mismas oportunidades que tienen los privilegiados. Se debe tener cuidado al estigmatizar este tipo de expresiones afirmando que no sirven para nada.
Tomando como ejemplo el hip hop, desde su rebeldía intrínseca, ha logrado ser un lenguaje universal y comercial en muchos sentidos, pero mantiene esos rasgos culturales flexibles que le permiten seguir siendo una expresión local. No se construye igual esta música en Colombia que en México, en Estados Unidos o en la China. Este ritmo ha podido delatar, a través de la pintura, el baile y la música, las circunstancias históricas en las que han vivido las comunidades que lo crean, sin importar las fronteras.


Las tradiciones van perdiendo auge, pero el baile, la música y la cultura permanecen en el tiempo sin necesidad de transformarse, ya que son las cosas que nos diferencian del resto de países y de sociedades.

A manera de conclusión, el origen de las manifestaciones referidas se encuentra en los procesos de apropiación y transformación cultural a los que se vieron expuestos los pobladores afrodescendientes y mulatos, concretamente se originan en las manifestaciones artísticas españolas y las estéticas musicales de los terratenientes.


Cabe resaltar que todas estas prácticas se caracterizan por estar en constante transformación, mediante la incorporación de diversos referentes y elementos musicales, teatrales y de danza en sus performances, evidenciando que ninguna cultura puede considerarse estática y que en esa medida, desde el ámbito académico e investigativo, dichos fenómenos se deben estudiar siempre a partir de perspectivas que contemplen la continuidad y la transformación.

 

 

 

 

 

 



Referencias
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Hall, S. (1997a). The Work of Representation. En S. Hall, Representation: Cultural Representation and Signifying Practice (pp. 13-74). Londres: Open University, Sage Publication.
Múnera, A. (2008). El fracaso de la nación. Región, clase y raza en el Caribe colombiano (1717-1821). Bogotá: Editorial Planeta.
Castillo, L. C. (2007). Etnicidad y nación. El desafío de la diversidad en Colombia. Cali: Universidad del Valle.
Jaramillo, Jorge Iván (2009) Presencias y ausencias de los negros en el Gran Buenos Aires.
El candombe argentino como un repertorio de acción cultural popular. Ponencia presentada en las VI Jornadas de Investigación en Antropología Social, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 3 al 6 de agosto del 2010. Ponencia individual. 
Frigerio, Alejandro (2000). Introducción a Cultura negra en el Cono Sur: Representaciones en conflicto. Buenos Aires: EDUCA .Págs. ONLINE
Wieviorka, Michel (1992) El espacio del racismo, Barcelona, Editorial Paidós.
 


Cibergrafía
https://revistas.uptc.edu.co/index.php/historia_memoria/article/view/4926/6488
http://www.eafit.edu.co/centros/asiapacifico3/Documents/PonenciasAladaa/Jaramillo_Representaciones.pdf
https://redmusicamaestro.com/metodo-dalcroze-y-la-ritmica/
http://www.rhuthmos.eu/spip.php?article860 http://amic2015.uaq.mx/docs/memorias/GI_11_PDF/GI_11_LA_DANZA_FENOMENO.pdf 
http://manglar.uninorte.edu.co/calamari/handle/10738/110#page=8

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