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El poder social de la frontera colombo-venezolana

Valentina Gómez Vega.

Desde principios del año 2013, Venezuela se encuentra en una crisis social, política y económica de gran magnitud.

Esta ha tenido repercusiones de todo tipo no solo en dicho país, llegando a afectar a las diferentes regiones fronterizas, especialmente por la migración masiva de ciudadanos venezolanos a estas.

Este fenómeno, por nombrar solo una de las secuelas resultantes de la crisis, ha terminado por tergiversar la imagen de los ciudadanos del país vecino, derivando en innumerables discursos sociales, que cabe resaltar, en su mayoría carecen de objetividad y abundan de estigmatización, y que terminan construyendo una noción pública de lo que significa ser venezolano.

Incluso teniendo en cuenta la cantidad de desinformación alrededor de estos discursos en Colombia, y la variedad de conceptos que se plantean en ellos, es posible resaltar dos enfoques narrativos completamente distintos entre sí, inclusive al referirse a un mismo individuo.

venezolanos 1Podemos ejemplificar estas ópticas puntualmente.

Gonzalo es residente y ciudadano de Venezuela. Desde 2013 se ha visto gravemente afectado por la profunda crisis que atraviesa su país. Por diferentes motivos no cuenta con los papeles necesarios para poder cruzar la frontera y abandonar el país.

Desde este punto de vista, Gonzalo es narrado colectivamente, como una víctima. Su salario no le es suficiente para llegar a fin de mes, ha sufrido abusos por parte de agentes del estado, convive con la inseguridad no solo en las calles sino en su propia casa, entre otras.

Se minimiza al individuo a dichos factores, con la intención final de deslegitimar un modelo político aborrecido históricamente en Colombia, el socialismo.

Incluso con que ciudadanos alrededor de toda Latinoamérica, y el mundo, tienen condiciones de vida similares a las de Gonzalo, cuya única diferencia consta en que residen en países de derecha, no se relatan al público de nuestro país de la misma manera que a un ciudadano venezolano, ya que no cuentan con un trasfondo izquierdista al cual se le puedan atribuir estos hechos, y, por lo tanto, no encajan con el enmarcado colombiano.

Este enfoque se resalta aún más, por parte de los mismos funcionarios públicos y referentes gubernamentales, como es el caso de el presidente Iván Duque, cuya diatriba consta de desviar la atención de los asuntos internos de Colombia, y resaltar una y otra vez, el desequilibrio en el que se encuentra el país hermano, plateando una analogía entre la terrible crisis de Venezuela y los pormenores cotidianos de Colombia.

Duque afirmó en un discurso frente a la ONU:

 Desde 2015, al menos 4,2 millones de personas han abandonado Venezuela a causa de la brutal dictadura de Nicolás Maduro. Huyen de una nación que fue rica y hoy está famélica; que fue una democracia y hoy es un régimen autoritario sin medios ni libertades; que vivió en paz y hoy sufre la opresión; que era una potencia económica y hoy su economía está devastada y sus ciudadanos escapan.

La tragedia venezolana tiene nombre y apellido y todos los conocemos. La posición de Colombia frente a la dictadura no se trata de disputas geopolíticas, sino de la necesidad que tiene el pueblo venezolano de ver su democracia restaurada.

Por el otro lado, está el caso de Mauricio, un ciudadano venezolano cuyas vivencias han sido las mismas que las de Gonzalo, con la única diferencia de que este primero, logró cruzar la frontera colombo-venezolana, y actualmente reside en nuestro país.

migracion cucutaAl inmigrante se le revoca su humanización.

Toda característica que no sea su nacionalidad se vuelve irrelevante, y se le transforma en un victimario, un sinónimo de amenaza.

Los medios de comunicación llevan a cabo una agenda periodística en la cual todo tipo de noticias que involucren a un venezolano van de la mano con violación, robo, asesinato, prostitución, desempleo, entre otras.

Esta estrategia de estigmatización, usada no solo por los ya mencionados medios, sino por los mismos funcionarios estatales, para los cuales el veneco se convierte en el chivo expiatorio, al cual se le atribuye cualquier problemática por la cual haya o esté pasando el país.

“Venezolanos mataron a pareja que les dio la mano” , “Llaman a colombianos a 'ponerse las pilas' ante competencia laboral con venezolanos” , “Atraparon a tres pervertidos venezolanos que intentaron violar a una señora en Bogotá” ,“Siete venezolanos fueron capturados cuando intentaban robar material de construcción en Bogotá”, entra otras, son los titulares de importantes medios de información del país, que contribuyen a el malestar general de los colombianos frente a los inmigrantes y que nos empujan indirectamente a apropiarnos de idearios excluyentes e intolerantes.

Desde la difusión de panfletos amenazando la vida de ciudadanos venezolanos, maltrato y explotación laboral, acoso sexual, reclutamiento forzado a grupos al margen de la ley,  marginación de estos en diversas comunidades y barrios residenciales, hasta llegar a ser atacados con bombas molotov, cada vez más se asientan arquetipos sociales cargados no solo de xenofobia, sino de aporofobia, en el ciudadano común, que terminan desatando distintas formas de violencia nuestro diario vivir, y que incrementan la complejidad de la situación migratoria.

Para finalizar, y teniendo todo esto en cuenta, podemos llegar a resignificar la frontera no solo como un límite internacional que separa a los territorios de ambos países, sino como una figura divisoria entre quien urge la salvación y quien merece el exilio.

Bibliografía

ACTUALIDAD

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El poder social de la frontera colombo-venezolana

Valentina Gómez Vega.

Desde principios del año 2013, Venezuela se encuentra en una crisis social, política y económica de gran magnitud.

Esta ha tenido repercusiones de todo tipo no solo en dicho país, llegando a afectar a las diferentes regiones fronterizas, especialmente por la migración masiva de ciudadanos venezolanos a estas.

Este fenómeno, por nombrar solo una de las secuelas resultantes de la crisis, ha terminado por tergiversar la imagen de los ciudadanos del país vecino, derivando en innumerables discursos sociales, que cabe resaltar, en su mayoría carecen de objetividad y abundan de estigmatización, y que terminan construyendo una noción pública de lo que significa ser venezolano.

Incluso teniendo en cuenta la cantidad de desinformación alrededor de estos discursos en Colombia, y la variedad de conceptos que se plantean en ellos, es posible resaltar dos enfoques narrativos completamente distintos entre sí, inclusive al referirse a un mismo individuo.

venezolanos 1Podemos ejemplificar estas ópticas puntualmente.

Gonzalo es residente y ciudadano de Venezuela. Desde 2013 se ha visto gravemente afectado por la profunda crisis que atraviesa su país. Por diferentes motivos no cuenta con los papeles necesarios para poder cruzar la frontera y abandonar el país.

Desde este punto de vista, Gonzalo es narrado colectivamente, como una víctima. Su salario no le es suficiente para llegar a fin de mes, ha sufrido abusos por parte de agentes del estado, convive con la inseguridad no solo en las calles sino en su propia casa, entre otras.

Se minimiza al individuo a dichos factores, con la intención final de deslegitimar un modelo político aborrecido históricamente en Colombia, el socialismo.

Incluso con que ciudadanos alrededor de toda Latinoamérica, y el mundo, tienen condiciones de vida similares a las de Gonzalo, cuya única diferencia consta en que residen en países de derecha, no se relatan al público de nuestro país de la misma manera que a un ciudadano venezolano, ya que no cuentan con un trasfondo izquierdista al cual se le puedan atribuir estos hechos, y, por lo tanto, no encajan con el enmarcado colombiano.

Este enfoque se resalta aún más, por parte de los mismos funcionarios públicos y referentes gubernamentales, como es el caso de el presidente Iván Duque, cuya diatriba consta de desviar la atención de los asuntos internos de Colombia, y resaltar una y otra vez, el desequilibrio en el que se encuentra el país hermano, plateando una analogía entre la terrible crisis de Venezuela y los pormenores cotidianos de Colombia.

Duque afirmó en un discurso frente a la ONU:

 Desde 2015, al menos 4,2 millones de personas han abandonado Venezuela a causa de la brutal dictadura de Nicolás Maduro. Huyen de una nación que fue rica y hoy está famélica; que fue una democracia y hoy es un régimen autoritario sin medios ni libertades; que vivió en paz y hoy sufre la opresión; que era una potencia económica y hoy su economía está devastada y sus ciudadanos escapan.

La tragedia venezolana tiene nombre y apellido y todos los conocemos. La posición de Colombia frente a la dictadura no se trata de disputas geopolíticas, sino de la necesidad que tiene el pueblo venezolano de ver su democracia restaurada.

Por el otro lado, está el caso de Mauricio, un ciudadano venezolano cuyas vivencias han sido las mismas que las de Gonzalo, con la única diferencia de que este primero, logró cruzar la frontera colombo-venezolana, y actualmente reside en nuestro país.

migracion cucutaAl inmigrante se le revoca su humanización.

Toda característica que no sea su nacionalidad se vuelve irrelevante, y se le transforma en un victimario, un sinónimo de amenaza.

Los medios de comunicación llevan a cabo una agenda periodística en la cual todo tipo de noticias que involucren a un venezolano van de la mano con violación, robo, asesinato, prostitución, desempleo, entre otras.

Esta estrategia de estigmatización, usada no solo por los ya mencionados medios, sino por los mismos funcionarios estatales, para los cuales el veneco se convierte en el chivo expiatorio, al cual se le atribuye cualquier problemática por la cual haya o esté pasando el país.

“Venezolanos mataron a pareja que les dio la mano” , “Llaman a colombianos a 'ponerse las pilas' ante competencia laboral con venezolanos” , “Atraparon a tres pervertidos venezolanos que intentaron violar a una señora en Bogotá” ,“Siete venezolanos fueron capturados cuando intentaban robar material de construcción en Bogotá”, entra otras, son los titulares de importantes medios de información del país, que contribuyen a el malestar general de los colombianos frente a los inmigrantes y que nos empujan indirectamente a apropiarnos de idearios excluyentes e intolerantes.

Desde la difusión de panfletos amenazando la vida de ciudadanos venezolanos, maltrato y explotación laboral, acoso sexual, reclutamiento forzado a grupos al margen de la ley,  marginación de estos en diversas comunidades y barrios residenciales, hasta llegar a ser atacados con bombas molotov, cada vez más se asientan arquetipos sociales cargados no solo de xenofobia, sino de aporofobia, en el ciudadano común, que terminan desatando distintas formas de violencia nuestro diario vivir, y que incrementan la complejidad de la situación migratoria.

Para finalizar, y teniendo todo esto en cuenta, podemos llegar a resignificar la frontera no solo como un límite internacional que separa a los territorios de ambos países, sino como una figura divisoria entre quien urge la salvación y quien merece el exilio.

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