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LA CHIVA SUENA

En Bogotá un grupo de jóvenes se aventura desde la experimentación sonora a reflexionar temas de nuestra cotidianidad. Para comprender la esencia de este proyecto, es necesario partir de la idea que, como seres humanos, podemos experimentar diferentes vivencias con relación al mundo; experiencias que nos ayudarán a comprenderlo desde nuestra razón y nuestra imaginación, es decir, que nuestra razón buscará esas supuestas certezas y exactitudes en fuentes que las soporten y discursos que las avalen; mientras que nuestra imaginación volará haciendo conexiones que, para muchos, no tendrán ningún sentido, pero que para nosotros son la posibilidad de narrar historias de personas invisibilizadas.

La sensibilidad es algo que puede construirse y transmitirse desde las experiencias individuales y colectivas, pero estas sólo surgen en la medida en la que compartimos y sentimos al otro. Este proyecto: La chiva suena, es un reflejo de cómo esas sensibilidades están transformándonos. ¿Por qué hablo en plural? Porque somos un grupo compuesto por algunos estudiantes y una docente, que aunque no somos expertos en temas de la cotidianidad, nos hemos aventurado a explorarla y a dejar que sus historias invadan nuestras oídos, y con estas, crear experiencias sonoras, que transformen un poco los ruidos que a diario nos invaden y así  desde la empatía, transformar poco a poco nuestro entorno.

 

CHIVA SUENA3

 

MANIFIESTO COVID-19 - EXPERIMENTACIÓN Y CREACIÓN VISUAL

POR: MARTHA CECILIA ACOSTA DURAN

DANIELA CABALLERO CASTILLO

IVAN ANDRES MENDOZA CORDOBA

CAMILO ANDRES PEREZ IZQUIERDO

BRAYAN SEBASTIAN RODRIGUEZ MOLINA

NICOLÁS SERNA DÍAZ

LAURA VICTORIA POLANCO ECHEVERRY

 

Hoy, nosotros los estudiantes queremos levantar la voz. Queremos exponer, dar a conocer nuestro punto de vista con todo lo que está pasando en este momento en esta crisis del Covid-19. Indudablemente, es una crisis que nos está afectando a todos como país. Que está afectando los diferentes sectores: económico, político, social, cultural.

Queremos reflexionar. Hace no menos de cuatro meses y quizá tiempo atrás, venía el rumor de una tercera guerra mundial. Aterrados, muchos habitantes del globo terráqueo insistían en ataques nucleares, armamento pesado y ataques cibernéticos.

En las esferas más altas del poder, la economía era lo primero. Hasta que llegó el Covid-19.

Por esta razón es que se han tenido que aprobar paquetes de ayudas, quizás uno de los más grandes de la historia.

Aunque aún no estamos del todo convencidos de que todas las ayudas apliquen para todos. Creemos profundamente que esta crisis nos obligará a repensar la globalización y nuestro sistema económico y, estamos también seguros, de que no descansaremos hasta que esto suceda.

Muchos no somos conscientes aún de que son millones las personas con trabajos informales que no tienen la posibilidad de quedarse en casa, resguardándose, para evitar el contagio del Covid-19 ya que, si no salen a las calles a trabajar: no tendrán dinero para comer, pagar el arriendo o comprar productos sanitarios.

Antes de que critiquemos o emitamos juicios de valor a los que están en las calles, pensemos en las situaciones que deben enfrentar diariamente y el riesgo que deben correr para llevar un plato de comida a su hogar o al pagar sus necesidades básicas. Es esencial que analicemos y entendamos el contexto en el que se encuentra nuestro país: la violencia y el desplazamiento forzado que se han visto por décadas y los millones de afectados que hay en nuestro país por lo mismo.

No hagamos compras de pánico, todos podemos comprar en la justa medida lo que necesitamos y no afectar a los demás por la inconsciencia de unos pocos. Es de responsabilidad mutua el rumbo que tome esta pandemia.

La economía es quizás lo que más preocupa cuando se habla de los efectos que genera esta pandemia. Afecta a todo el mundo: desde el gran empresario, al empleado, al vendedor independiente y al gobierno. Si bien es cierto que una pandemia afecta cualquier sistema económico, lo hace aún más si es el capitalismo, ya que lo paraliza y, más aún, el neoliberalismo —que se practica en la mayoría del mundo—, creando y aumentado el déficit económico y paralizado la economía casi en su totalidad.

Donde finalmente se han tomado decisiones. Si bien han sido en pro de prevenir y de evitar que esa curva de pandemia sea mucho más rápida, extensa y que nuestros hospitales y centros médicos no estén adecuados para poder resolver y atender a toda la población colombiana.

Estamos llegando a un punto donde las empresas están quebrando, las personas se están quedando sin trabajo, sin recursos económicos y esto finalmente nos está afectando a todos, desde cualquier punto de vista.

Debemos tener algo claro y es que los colombianos no estamos preparados para estar tanto tiempo encerrados en nuestras casas —y no precisamente por la convivencia familiar— sino por la alimentación, el subsistir no es fácil con todo esto, ¿quién sabe a dónde iremos a parar? Sin embargo, nuestra recomendación es la misma, por favor quédense en casa.

Y así mismo, darles la mano a esos comercios que en este momento están intentando salir adelante.

Nosotros no pedimos, nosotros no deseamos, nosotros no soñamos: ¡nosotros merecemos! merecemos calidad de vida sin la necesidad del dinero. Conocemos la dependencia del sistema del trabajador asalariado —que no debería serlo—. Es hora de dejar de ser el flotador para todos aquellos que están encima de nosotros, que nos pisotean. No nos dejaremos comprar con soluciones únicamente aparentes, ¡acá estamos!

Estamos conscientes del mundo en el que vivimos. Nosotros sabemos que estamos entre la podredumbre de un gobierno corrupto y hemos visto como nuestros gobernantes mediocres e interesados quieren ganar protagonismo en esta situación —para que quizá en un futuro se les recuerde como los mejores gobernantes­—.

Pero ¡alto!, alto de un pueblo sin memoria que con fake-news se deja lavar el cerebro cada semana. Y que cada novedad de la agenda setting nos hacer perder un horizonte claro de como tenemos que luchar unidos sobre cada necesidad de nuestro país, y de que no permitiremos que un sistema político o económico pase por encima de nuestra vida y nuestra salud.

Nosotros nos hemos propuesto reflexionar sobre las divisiones políticas que siguen existiendo tanto en nuestro país, como a nivel mundial a pesar de esta crisis.

Los gobiernos continúan anteponiendo sus intereses particulares y nosotros reafirmamos que muchos estados han utilizado este virus como una cortina de humo para evadir los problemas que existen en cada región.

En Colombia son innegables las dificultades que hemos estado sufriendo y —para nosotros— la mayor de todas ha sido la crisis de gobernabilidad del presidente Duque. En este momento deberá demostrar que él y su gobierno tienen todos los planes que son necesarios para llevar el país a flote con esta enorme crisis sanitaria. El sector de la salud lleva años en una crisis profunda y Colombia no soportaría otro golpe como el de tener millones de enfermos y muertos por coronavirus, postrados ante la deficiente atención sanitaria de Colombia.

En la política vemos cómo por fin se justifican los tan altos sueldos de nuestros queridos gobernantes, —ya que han tenido que voltear bastante—, comprando mercados, repartiéndolos, y debatiendo soluciones para poder tener un final equitativo y saludable con el Covid-19. Sin embargo, es triste como algunos se aprovechan de la necesidad de otros para llenarse los bolsillos —pero bueno— por otro lado, nos damos cuenta cómo el coronavirus se apoderó de todo y como sencillamente cosas tan importantes como la ñeñe-política o el laboratorio de coca en la finca del embajador de Colombia en Uruguay, pasaron a un segundo plano —¿qué cosas no?

Hoy, se ha evidenciado de que las decisiones más importantes son directamente las que tratan del virus. Los grandes mandatarios están frente a este desafío, en donde se encuentran en un dilema entre darle prioridad a la salud o a la economía. Además de ser objeto y el centro de críticas a la hora de tomar una decisión —ya sean decretos, subsidios, toques de queda, entre otros—.

La corrupción sigue presente, se han evidenciado sobrecostos y mal inversiones de los recursos de los colombianos.

Nosotros sabemos cómo funciona el sistema, somos conscientes de que hay clases, que unos tienen privilegios solo por tener más dinero. Esta situación la pueden ignorar porque no les afecta, pero ante la crisis sanitaria del coronavirus este problema afecta a cada uno. Un virus no discrimina clases y así como están preocupados —momentáneamente—, por los que tenemos que trabajar por un diario y no podemos quedarnos en casa, merecemos que cumplan nuestros derechos cuando el virus se controle. Sin medidas eficientes para evitar la propagación ni empleo para sobrevivir en cuarentena, debe haber alguien que alce la voz y ¡aquí estamos nosotros!

Tenemos un arraigo a la tecnología, estamos saturados de información —“tan globalizados y modernos”—. Queremos que piensen un momento: ¿qué hubieran hecho en lugar de que esta situación estuviese sucediendo en tiempos pasados: donde no teníamos un televisor, un celular, una máquina de escribir y hasta un papel periódico para estar informados?, ¿acaso conciben todo el día en sus casas sin algunos de estos medios mencionados? Claramente, ya acostumbrados a estos estaríamos entrando en ansiedad, angustia y desesperación.

Queremos invitarlos a pensar en lo realmente esencial, a ser conscientes de que en realidad esta pandemia no está teniendo en cuenta estratos, raza, identidad de género, creencias religiosas y miles de factores más que dividen al mundo. Seamos uno solo y rompamos las barreras que tenemos. Pues, finalmente todos somos uno: el humano que ha pisado, pisa y esperemos que siga pisando esta tierra a la que tanto daño hemos causado.

Finalmente somos Colombia, somos todos. Y todos tenemos como país la responsabilidad del compromiso de salir adelante y de poder superar esta y cualquier crisis que venga adelante —es algo que nos tenemos que tomar y apropiar para poder sacar adelante—, culturalmente no vamos a volver a ser los mismos.

La era digital nos va a consumir y va a ser algo indispensable en nuestras vidas, hoy en día ya se celebran cumpleaños desde lo digital, hoy en día ya tenemos clases, tenemos reuniones digitales y finalmente nos va a tocar acostumbrarnos a que esto siga por lo menos cuatro o cinco meses más.

Esto nos lleva a repensarnos, a reformular lo que estamos haciendo: cambiar nuestra manera de actuar, pensar, trabajar y socializar. Si bien, el social distancing en este momento está tomando un auge muy grande, —indudablemente— económicamente el país no estaba preparado para esto. Nadie estaba preparado para esto, y debemos ser más solidarios con las personas que están afuera y, que están, de una u otra manera sin trabajo; sin un subsidio, pensando cómo llevar comida a su hogar y a la vez si salen, poder infectarse y morir.

Es una situación y una posición —muy dura— la que estamos pasando. Sin embargo, nunca nos ha quedado grande nada. Los colombianos somos personas con perrenque, con berraquera, echados pa’lante, esta crisis no nos va a dejar caer.

Sin embargo, tenemos que ser fuertes y salir adelante. Juntos lo podemos lograr: con empatía, solidaridad, siendo conscientes de la situación, tomado las medidas preventivas, dando la mano, no siendo crueles con las personas que están afuera y nos están apoyando y ayudando para que todo esto pase pronto y pase de la mejor manera.

El ciudadano está —casi— que privado de una vida normal, de sus prácticas cotidianas. Y ante esto está expuesto a innumerables enfermedades. 

Nosotros sabemos que, en estos días de recogimiento, son muchas las personas que se encuentran desesperadas en su hogar, quejándose y renegando de la nueva pandemia y de la situación en la que se encuentra el planeta entero.

Pero nosotros creemos firmemente que en esta situación el ser humano debe sacar un aprendizaje —reevaluemos nuestro estilo de vida, nuestra forma de ver las cosas—, ¿cómo nos estamos tratando los unos a los otros?, ¿cómo estamos distribuyendo nuestro tiempo?, ¿a quiénes debemos priorizar y por qué?, ¿qué podríamos dejar de hacer o, al contrario, continuar realizando con mayor ahínco?

Una vez pase la pandemia, queremos que todos analicen lo siguiente —por un momento—, ¿por qué en cambio de estar todo el día conectados al celular y las redes sociales, aprovechamos este tiempo para explorar los pasatiempos que dejamos de hacer desde hace mucho?

Tal vez la pintura, el dibujo, si tocamos algún instrumento musical, —deberíamos retomar ese libro que nunca terminamos—, hacer ejercicio en casa y —¿por qué no? — Lo más importante y que no nos costará absolutamente nada: compartir más tiempo con nuestros seres queridos, decirles cuánto los necesitamos en estos momentos en donde todo el mundo se ha detenido.

Iniciemos pensando en que antes solíamos decir frases como: “¿Qué sería de nosotros sin futbol?”, “¿qué sería de las calles del centro sin los extranjeros?”, “¿qué sería de un domingo sin misa?”. Pues bien, hoy podemos sentir lo que es estar sin estas cosas, —es difícil muy difícil y lo sabemos—, sin embargo, es ahora donde nos damos cuenta de que el valor de la vida está precisamente en los detalles pequeños o cotidianos —que por ser tan habituales los dejábamos pasar por alto—; como compartir un café con nuestra familia, una partida de póker o parqués.

Así que esa es nuestra invitación en esta cuarentena: valorar un poco más las pequeñas cosas que —al fin y al cabo— son las que llenan realmente nuestra vida de alegría y nuestra existencia.

Somos muchos. Incluso individualmente. Un mundo de sensaciones e identidades que se turnan en espacios y tiempos. Somos muchos los que estamos encerrados en las mismas cuatro paredes, con el mismo par de personas. Sedientos de un espacio donde actuar diferente y —hambrientos— por apreciar con mayor detenimiento cada detalle en el exterior, que pensábamos que era pequeño. Nos sentimos solos porque sólo podemos expresarnos muy limitadamente y, ante esta presión, —nos encontramos con nuestros otros yo—, encerrados en el baño. Y ¡queremos estar libres! de la presión productiva por estar en casa, libres de la fijación de identidad y libres para sentir el frío en la mañana y el calor al medio día.

 

baño 2

Imagen 1. Perez, C. (2020). Collage Covid-17. Bogotá - Colombia.

 

Sinopsis: Como resultado de un ejercicio de vanguardias, los estudiantes de la clase de Experimentación y creación visual deciden hacer un manifiesto sobre el Covid-19, a partir de una reflexión del ámbito económico, político, social y emocional de los colombianos y entender a partir de sus propias sensibilidades, cómo estos, se han visto afectados por la pandemia.

 

PODCAST:

 

 

#LosUnicentralistasSeQuedanEnCasa

 

 

 

ACTUALIDAD

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LA CHIVA SUENA

En Bogotá un grupo de jóvenes se aventura desde la experimentación sonora a reflexionar temas de nuestra cotidianidad. Para comprender la esencia de este proyecto, es necesario partir de la idea que, como seres humanos, podemos experimentar diferentes vivencias con relación al mundo; experiencias que nos ayudarán a comprenderlo desde nuestra razón y nuestra imaginación, es decir, que nuestra razón buscará esas supuestas certezas y exactitudes en fuentes que las soporten y discursos que las avalen; mientras que nuestra imaginación volará haciendo conexiones que, para muchos, no tendrán ningún sentido, pero que para nosotros son la posibilidad de narrar historias de personas invisibilizadas.

La sensibilidad es algo que puede construirse y transmitirse desde las experiencias individuales y colectivas, pero estas sólo surgen en la medida en la que compartimos y sentimos al otro. Este proyecto: La chiva suena, es un reflejo de cómo esas sensibilidades están transformándonos. ¿Por qué hablo en plural? Porque somos un grupo compuesto por algunos estudiantes y una docente, que aunque no somos expertos en temas de la cotidianidad, nos hemos aventurado a explorarla y a dejar que sus historias invadan nuestras oídos, y con estas, crear experiencias sonoras, que transformen un poco los ruidos que a diario nos invaden y así  desde la empatía, transformar poco a poco nuestro entorno.

 

CHIVA SUENA3

 

MANIFIESTO COVID-19 - EXPERIMENTACIÓN Y CREACIÓN VISUAL

POR: MARTHA CECILIA ACOSTA DURAN

DANIELA CABALLERO CASTILLO

IVAN ANDRES MENDOZA CORDOBA

CAMILO ANDRES PEREZ IZQUIERDO

BRAYAN SEBASTIAN RODRIGUEZ MOLINA

NICOLÁS SERNA DÍAZ

LAURA VICTORIA POLANCO ECHEVERRY

 

Hoy, nosotros los estudiantes queremos levantar la voz. Queremos exponer, dar a conocer nuestro punto de vista con todo lo que está pasando en este momento en esta crisis del Covid-19. Indudablemente, es una crisis que nos está afectando a todos como país. Que está afectando los diferentes sectores: económico, político, social, cultural.

Queremos reflexionar. Hace no menos de cuatro meses y quizá tiempo atrás, venía el rumor de una tercera guerra mundial. Aterrados, muchos habitantes del globo terráqueo insistían en ataques nucleares, armamento pesado y ataques cibernéticos.

En las esferas más altas del poder, la economía era lo primero. Hasta que llegó el Covid-19.

Por esta razón es que se han tenido que aprobar paquetes de ayudas, quizás uno de los más grandes de la historia.

Aunque aún no estamos del todo convencidos de que todas las ayudas apliquen para todos. Creemos profundamente que esta crisis nos obligará a repensar la globalización y nuestro sistema económico y, estamos también seguros, de que no descansaremos hasta que esto suceda.

Muchos no somos conscientes aún de que son millones las personas con trabajos informales que no tienen la posibilidad de quedarse en casa, resguardándose, para evitar el contagio del Covid-19 ya que, si no salen a las calles a trabajar: no tendrán dinero para comer, pagar el arriendo o comprar productos sanitarios.

Antes de que critiquemos o emitamos juicios de valor a los que están en las calles, pensemos en las situaciones que deben enfrentar diariamente y el riesgo que deben correr para llevar un plato de comida a su hogar o al pagar sus necesidades básicas. Es esencial que analicemos y entendamos el contexto en el que se encuentra nuestro país: la violencia y el desplazamiento forzado que se han visto por décadas y los millones de afectados que hay en nuestro país por lo mismo.

No hagamos compras de pánico, todos podemos comprar en la justa medida lo que necesitamos y no afectar a los demás por la inconsciencia de unos pocos. Es de responsabilidad mutua el rumbo que tome esta pandemia.

La economía es quizás lo que más preocupa cuando se habla de los efectos que genera esta pandemia. Afecta a todo el mundo: desde el gran empresario, al empleado, al vendedor independiente y al gobierno. Si bien es cierto que una pandemia afecta cualquier sistema económico, lo hace aún más si es el capitalismo, ya que lo paraliza y, más aún, el neoliberalismo —que se practica en la mayoría del mundo—, creando y aumentado el déficit económico y paralizado la economía casi en su totalidad.

Donde finalmente se han tomado decisiones. Si bien han sido en pro de prevenir y de evitar que esa curva de pandemia sea mucho más rápida, extensa y que nuestros hospitales y centros médicos no estén adecuados para poder resolver y atender a toda la población colombiana.

Estamos llegando a un punto donde las empresas están quebrando, las personas se están quedando sin trabajo, sin recursos económicos y esto finalmente nos está afectando a todos, desde cualquier punto de vista.

Debemos tener algo claro y es que los colombianos no estamos preparados para estar tanto tiempo encerrados en nuestras casas —y no precisamente por la convivencia familiar— sino por la alimentación, el subsistir no es fácil con todo esto, ¿quién sabe a dónde iremos a parar? Sin embargo, nuestra recomendación es la misma, por favor quédense en casa.

Y así mismo, darles la mano a esos comercios que en este momento están intentando salir adelante.

Nosotros no pedimos, nosotros no deseamos, nosotros no soñamos: ¡nosotros merecemos! merecemos calidad de vida sin la necesidad del dinero. Conocemos la dependencia del sistema del trabajador asalariado —que no debería serlo—. Es hora de dejar de ser el flotador para todos aquellos que están encima de nosotros, que nos pisotean. No nos dejaremos comprar con soluciones únicamente aparentes, ¡acá estamos!

Estamos conscientes del mundo en el que vivimos. Nosotros sabemos que estamos entre la podredumbre de un gobierno corrupto y hemos visto como nuestros gobernantes mediocres e interesados quieren ganar protagonismo en esta situación —para que quizá en un futuro se les recuerde como los mejores gobernantes­—.

Pero ¡alto!, alto de un pueblo sin memoria que con fake-news se deja lavar el cerebro cada semana. Y que cada novedad de la agenda setting nos hacer perder un horizonte claro de como tenemos que luchar unidos sobre cada necesidad de nuestro país, y de que no permitiremos que un sistema político o económico pase por encima de nuestra vida y nuestra salud.

Nosotros nos hemos propuesto reflexionar sobre las divisiones políticas que siguen existiendo tanto en nuestro país, como a nivel mundial a pesar de esta crisis.

Los gobiernos continúan anteponiendo sus intereses particulares y nosotros reafirmamos que muchos estados han utilizado este virus como una cortina de humo para evadir los problemas que existen en cada región.

En Colombia son innegables las dificultades que hemos estado sufriendo y —para nosotros— la mayor de todas ha sido la crisis de gobernabilidad del presidente Duque. En este momento deberá demostrar que él y su gobierno tienen todos los planes que son necesarios para llevar el país a flote con esta enorme crisis sanitaria. El sector de la salud lleva años en una crisis profunda y Colombia no soportaría otro golpe como el de tener millones de enfermos y muertos por coronavirus, postrados ante la deficiente atención sanitaria de Colombia.

En la política vemos cómo por fin se justifican los tan altos sueldos de nuestros queridos gobernantes, —ya que han tenido que voltear bastante—, comprando mercados, repartiéndolos, y debatiendo soluciones para poder tener un final equitativo y saludable con el Covid-19. Sin embargo, es triste como algunos se aprovechan de la necesidad de otros para llenarse los bolsillos —pero bueno— por otro lado, nos damos cuenta cómo el coronavirus se apoderó de todo y como sencillamente cosas tan importantes como la ñeñe-política o el laboratorio de coca en la finca del embajador de Colombia en Uruguay, pasaron a un segundo plano —¿qué cosas no?

Hoy, se ha evidenciado de que las decisiones más importantes son directamente las que tratan del virus. Los grandes mandatarios están frente a este desafío, en donde se encuentran en un dilema entre darle prioridad a la salud o a la economía. Además de ser objeto y el centro de críticas a la hora de tomar una decisión —ya sean decretos, subsidios, toques de queda, entre otros—.

La corrupción sigue presente, se han evidenciado sobrecostos y mal inversiones de los recursos de los colombianos.

Nosotros sabemos cómo funciona el sistema, somos conscientes de que hay clases, que unos tienen privilegios solo por tener más dinero. Esta situación la pueden ignorar porque no les afecta, pero ante la crisis sanitaria del coronavirus este problema afecta a cada uno. Un virus no discrimina clases y así como están preocupados —momentáneamente—, por los que tenemos que trabajar por un diario y no podemos quedarnos en casa, merecemos que cumplan nuestros derechos cuando el virus se controle. Sin medidas eficientes para evitar la propagación ni empleo para sobrevivir en cuarentena, debe haber alguien que alce la voz y ¡aquí estamos nosotros!

Tenemos un arraigo a la tecnología, estamos saturados de información —“tan globalizados y modernos”—. Queremos que piensen un momento: ¿qué hubieran hecho en lugar de que esta situación estuviese sucediendo en tiempos pasados: donde no teníamos un televisor, un celular, una máquina de escribir y hasta un papel periódico para estar informados?, ¿acaso conciben todo el día en sus casas sin algunos de estos medios mencionados? Claramente, ya acostumbrados a estos estaríamos entrando en ansiedad, angustia y desesperación.

Queremos invitarlos a pensar en lo realmente esencial, a ser conscientes de que en realidad esta pandemia no está teniendo en cuenta estratos, raza, identidad de género, creencias religiosas y miles de factores más que dividen al mundo. Seamos uno solo y rompamos las barreras que tenemos. Pues, finalmente todos somos uno: el humano que ha pisado, pisa y esperemos que siga pisando esta tierra a la que tanto daño hemos causado.

Finalmente somos Colombia, somos todos. Y todos tenemos como país la responsabilidad del compromiso de salir adelante y de poder superar esta y cualquier crisis que venga adelante —es algo que nos tenemos que tomar y apropiar para poder sacar adelante—, culturalmente no vamos a volver a ser los mismos.

La era digital nos va a consumir y va a ser algo indispensable en nuestras vidas, hoy en día ya se celebran cumpleaños desde lo digital, hoy en día ya tenemos clases, tenemos reuniones digitales y finalmente nos va a tocar acostumbrarnos a que esto siga por lo menos cuatro o cinco meses más.

Esto nos lleva a repensarnos, a reformular lo que estamos haciendo: cambiar nuestra manera de actuar, pensar, trabajar y socializar. Si bien, el social distancing en este momento está tomando un auge muy grande, —indudablemente— económicamente el país no estaba preparado para esto. Nadie estaba preparado para esto, y debemos ser más solidarios con las personas que están afuera y, que están, de una u otra manera sin trabajo; sin un subsidio, pensando cómo llevar comida a su hogar y a la vez si salen, poder infectarse y morir.

Es una situación y una posición —muy dura— la que estamos pasando. Sin embargo, nunca nos ha quedado grande nada. Los colombianos somos personas con perrenque, con berraquera, echados pa’lante, esta crisis no nos va a dejar caer.

Sin embargo, tenemos que ser fuertes y salir adelante. Juntos lo podemos lograr: con empatía, solidaridad, siendo conscientes de la situación, tomado las medidas preventivas, dando la mano, no siendo crueles con las personas que están afuera y nos están apoyando y ayudando para que todo esto pase pronto y pase de la mejor manera.

El ciudadano está —casi— que privado de una vida normal, de sus prácticas cotidianas. Y ante esto está expuesto a innumerables enfermedades. 

Nosotros sabemos que, en estos días de recogimiento, son muchas las personas que se encuentran desesperadas en su hogar, quejándose y renegando de la nueva pandemia y de la situación en la que se encuentra el planeta entero.

Pero nosotros creemos firmemente que en esta situación el ser humano debe sacar un aprendizaje —reevaluemos nuestro estilo de vida, nuestra forma de ver las cosas—, ¿cómo nos estamos tratando los unos a los otros?, ¿cómo estamos distribuyendo nuestro tiempo?, ¿a quiénes debemos priorizar y por qué?, ¿qué podríamos dejar de hacer o, al contrario, continuar realizando con mayor ahínco?

Una vez pase la pandemia, queremos que todos analicen lo siguiente —por un momento—, ¿por qué en cambio de estar todo el día conectados al celular y las redes sociales, aprovechamos este tiempo para explorar los pasatiempos que dejamos de hacer desde hace mucho?

Tal vez la pintura, el dibujo, si tocamos algún instrumento musical, —deberíamos retomar ese libro que nunca terminamos—, hacer ejercicio en casa y —¿por qué no? — Lo más importante y que no nos costará absolutamente nada: compartir más tiempo con nuestros seres queridos, decirles cuánto los necesitamos en estos momentos en donde todo el mundo se ha detenido.

Iniciemos pensando en que antes solíamos decir frases como: “¿Qué sería de nosotros sin futbol?”, “¿qué sería de las calles del centro sin los extranjeros?”, “¿qué sería de un domingo sin misa?”. Pues bien, hoy podemos sentir lo que es estar sin estas cosas, —es difícil muy difícil y lo sabemos—, sin embargo, es ahora donde nos damos cuenta de que el valor de la vida está precisamente en los detalles pequeños o cotidianos —que por ser tan habituales los dejábamos pasar por alto—; como compartir un café con nuestra familia, una partida de póker o parqués.

Así que esa es nuestra invitación en esta cuarentena: valorar un poco más las pequeñas cosas que —al fin y al cabo— son las que llenan realmente nuestra vida de alegría y nuestra existencia.

Somos muchos. Incluso individualmente. Un mundo de sensaciones e identidades que se turnan en espacios y tiempos. Somos muchos los que estamos encerrados en las mismas cuatro paredes, con el mismo par de personas. Sedientos de un espacio donde actuar diferente y —hambrientos— por apreciar con mayor detenimiento cada detalle en el exterior, que pensábamos que era pequeño. Nos sentimos solos porque sólo podemos expresarnos muy limitadamente y, ante esta presión, —nos encontramos con nuestros otros yo—, encerrados en el baño. Y ¡queremos estar libres! de la presión productiva por estar en casa, libres de la fijación de identidad y libres para sentir el frío en la mañana y el calor al medio día.

 

baño 2

Imagen 1. Perez, C. (2020). Collage Covid-17. Bogotá - Colombia.

 

Sinopsis: Como resultado de un ejercicio de vanguardias, los estudiantes de la clase de Experimentación y creación visual deciden hacer un manifiesto sobre el Covid-19, a partir de una reflexión del ámbito económico, político, social y emocional de los colombianos y entender a partir de sus propias sensibilidades, cómo estos, se han visto afectados por la pandemia.

 

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