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Lucha a través del lente

Por: Katherine Tunjo

Liseth Caro es una estudiante de psicología de La Universidad Nacional, desde el primer momento en que entró a las aulas de clase, pudo percibir la situación que iba a tener que enfrentar de ahí en adelante, no solo por las paupérrimas condiciones en las cuales estaban algunos edificios de su facultad, sino, también, por la estigmatización y violencia de la cual eran víctimas sus compañeros por reclamar mejores condiciones. Cuando llegó por primera vez, Liseth, no tenía intención de hacer nada más que cumplir con sus “obligaciones” como estudiante, tal y como se lo indicaban sus padres, “Ve a estudiar, no te metas en problemas”, y lo hizo. Hasta que se dio cuenta que precisamente una de esas obligaciones era pelear por sus derechos.

Lucha a través del lente 1

Hace algún tiempo, sus padres habían comprado una cámara fotográfica, después de unos cuantos usos la habían guardado en un armario y se había convertido en una de esas máquinas que solo se desempolvan cuando se realiza algún viaje o fiesta familiar, pero Liseth encontró en ella una herramienta para mostrar al público los abusos a los que se sometían sus compañeros de la Nacho e incluso ella misma.

Desde el 2017 empezó a salir a las calles, entendiendo con total claridad cuáles eran los motivos por los cuales se manifestaba. Sin embargo, se encontró con un entorno hostil, uno que la juzgaba a diario y la señalaba de guerrillera. Veía todos los días como sus compañeros terminaban heridos y humillados después de protestar con música y arte, recibiendo como consecuencia, gases y aturdidoras.

Pero fue mayor su sorpresa cuando se enfrentó a los medios, la noche en que llegó a su casa y vio en el televisor la historia que había vivido pero contada de distinta manera. “Vándalos destruyen la ciudad, capuchos se toman las manifestaciones, fuertes enfrentamientos entre agentes del ESMAD y estudiantes de la Universidad Nacional”. ¿Cómo era posible que un medio masivo calificara como enfrentamiento a un hecho ocurrido entre un agente armado y un estudiante con bocina?

Lucha a través del lente 2

Nada era real, o por lo menos la mayor parte de lo que se transmitía era información tergiversada, su indignación no solo aumentó con la noticia, sino también con la reacción de sus padres que veían las noticias a su lado, y como resultado hacían comentarios ofensivos hacia sus compañeros, guiados por la información errada que salía desde la pantalla. Liseth entendió que no era posible entender el contexto y la situación verídica del país si la gente seguía informándose a través de estos medios, unos que parecían querer ensuciar intencionalmente a los estudiantes.

Fue entonces cuando salió de nuevo a manifestarse, pero en esta ocasión con su cámara en mano y su lente enfocado en capturar las agresiones y el abuso de fuerza que las autoridades ejercían contra ella y sus compañeros. Desde entonces se dedica a esto, complementa su vocación de psicóloga con la de reportera, y cada día intenta aprender nuevas técnicas profesionales para dar mejor calidad a su trabajo. Por esta decisión, Liseth no solo fue víctima de agresiones por ser estudiante, sino también por ser reportera. Los periodistas y reporteros somos víctimas de una represión distinta y mortal para el país, la censura.

El 19 de diciembre se había convocado una movilización desde el Parque de los Hippies hasta el Parque de la 93, Liseth asistió, junto con sus compañeros, con la intención de movilizarse y de obtener material fotográfico. Siguieron el recorrido planeado hasta llegar a la 72, cerca de la Universidad Pedagógica, todo transcurría con total normalidad hasta que llegó el ESMAD, lanzando gases y usando su indumentaria como solo ellos saben hacerlo. Se irrumpió la calma y los manifestantes empezaron a correr, gran parte de ellos se dispersaron, pero algunos se quedaron haciéndole frente a los agentes, entre ellas estaba Liseth y sus compañeros reporteros.

Mientras capturaban las escenas más importantes, unos agentes se acercaron a ellas diciéndoles que no podían grabar, ni tomar fotografías. El grupo les respondió diciendo que estaban en un espacio público y que desde allí podían documentar lo que quisieran, no había motivos para que los agentes intentaran alejarlos. A pesar de que el grupo se dirigió a ellos de manera respetuosa, los hombres reaccionaron y respondieron violentamente (como ya es común en ellos), los empujaron e intentaron apartarlos con la fuerza de la que están dotados sus cuerpos cubiertos por una indumentaria rígida y agresiva. Como el grupo no cedió ante las agresiones y se mantuvieron firmes en su intención de ejercer la libertad de prensa, uno de los agentes se desquitó con Liseth.

“Yo estaba ahí con otra gente de DD. HH. que yo no conocía, cuando llega uno del ESMAD, me empuja, no con el escudo sino con su cuerpo, con la armadura que tienen, me empuja re denso y me tira una aturdidora al lado de mi bota. Obviamente me sentí re violentada”. Es lo que ella relata al recordar lo ocurrido. Después, menciona que si el agente hubiera decidido -en medio de su impulso-, lanzarle la aturdidora directamente a su pie, muy seguramente ya no tendría una de sus extremidades o estaría lidiando con un daño físico mucho mayor.

Lucha a trevés del lente 3

Esta fue la primera situación de violencia directa a la cual Liseth se enfrentó, y a partir de entonces entendió y comprendió, con mayor claridad, que los agentes del ESMAD nos agreden sin motivo alguno, nos lastiman y usan su armamento arbitrariamente en contra de los manifestantes, sin tener en cuenta las consecuencias y los daños que pueden causar, daño como el que causaron a Dilan Cruz, a Nicolás Neira, a Johnny Silva o los 32 estudiantes más que fueron asesinados por estos héroes de la ciudad.

Esta no ha sido la única ocasión en que Liseth fue agredida, desde entonces se ha convertido en una rutina cada que asiste a una manifestación en compañía de sus compañeros, pero tiene claro que a pesar de esto, es más importante seguir luchando por las condiciones que exigimos hace décadas y por las que no vamos a parar hasta que las alcancemos.  El miedo persiste, no es fácil salir a las calles con la inseguridad de no volver por ser el blanco de una de las armas de los hombres de negro, de terminar con una recalzada incrustada en el cráneo, o de perder un ojo por un balín.

Pero esto no es lo que más sorprende a Liseth, de hecho, para ella ya no es inusual relacionar a un agente con muerte, hay un factor que sigue inquietándola y llenándola de dolor. Entre manifestaciones y arengas, ha podido ver en muchas ocasiones a mujeres en el ESMAD, mujeres apuntando sin piedad a otras mujeres, insultándolas y pisoteándolas sin el menor asomo de piedad.  ¿No hemos sido maltratadas históricamente? ¿No hemos sido lastimadas desde siempre por la violencia patriarcal? ¿No se supone que deberíamos ayudarnos y apoyarnos entre nosotras?

No, las instituciones policiales se han llevado el último rastro de sororidad de las agentes del ESMAD y la policía, las han enajenado por completo de esa empatía que se supone, debería existir entre nosotras cuando alguien nos maltrata. Para Liseth esto es aún más doloroso que todos los abusos causados por un hombre, es decepcionante percibir como somos reprimidas por otra mujer, una que seguramente también ha sido víctima de una sociedad machista y opresora, una que debería luchar por los derechos colectivos y no ser parte de una estructura que extiende su violencia. Es doloroso porque significa que el poder que genera tener una armadura o un arma entre sus manos, nos ha arrebatado los único que aún nos queda a las mujeres, sororidad.

A pesar de esto, la comunidad estudiantil sigue y seguirá unida, los periodistas independientes y los reporteros profesionales y empíricos, como Liseth, seguimos perseverando e insistiendo en que necesitamos más medios independientes, medios que nos permitan transmitir información real y sin sesgos políticos, plataformas que cuenten la verdad y que despierten a los ciudadanos que, como la mayor parte de colombianos, siguen creyendo que las fuentes más confiables son los medios tradicionales que nos engañan descaradamente.

ACTUALIDAD

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Lucha a través del lente

Por: Katherine Tunjo

Liseth Caro es una estudiante de psicología de La Universidad Nacional, desde el primer momento en que entró a las aulas de clase, pudo percibir la situación que iba a tener que enfrentar de ahí en adelante, no solo por las paupérrimas condiciones en las cuales estaban algunos edificios de su facultad, sino, también, por la estigmatización y violencia de la cual eran víctimas sus compañeros por reclamar mejores condiciones. Cuando llegó por primera vez, Liseth, no tenía intención de hacer nada más que cumplir con sus “obligaciones” como estudiante, tal y como se lo indicaban sus padres, “Ve a estudiar, no te metas en problemas”, y lo hizo. Hasta que se dio cuenta que precisamente una de esas obligaciones era pelear por sus derechos.

Lucha a través del lente 1

Hace algún tiempo, sus padres habían comprado una cámara fotográfica, después de unos cuantos usos la habían guardado en un armario y se había convertido en una de esas máquinas que solo se desempolvan cuando se realiza algún viaje o fiesta familiar, pero Liseth encontró en ella una herramienta para mostrar al público los abusos a los que se sometían sus compañeros de la Nacho e incluso ella misma.

Desde el 2017 empezó a salir a las calles, entendiendo con total claridad cuáles eran los motivos por los cuales se manifestaba. Sin embargo, se encontró con un entorno hostil, uno que la juzgaba a diario y la señalaba de guerrillera. Veía todos los días como sus compañeros terminaban heridos y humillados después de protestar con música y arte, recibiendo como consecuencia, gases y aturdidoras.

Pero fue mayor su sorpresa cuando se enfrentó a los medios, la noche en que llegó a su casa y vio en el televisor la historia que había vivido pero contada de distinta manera. “Vándalos destruyen la ciudad, capuchos se toman las manifestaciones, fuertes enfrentamientos entre agentes del ESMAD y estudiantes de la Universidad Nacional”. ¿Cómo era posible que un medio masivo calificara como enfrentamiento a un hecho ocurrido entre un agente armado y un estudiante con bocina?

Lucha a través del lente 2

Nada era real, o por lo menos la mayor parte de lo que se transmitía era información tergiversada, su indignación no solo aumentó con la noticia, sino también con la reacción de sus padres que veían las noticias a su lado, y como resultado hacían comentarios ofensivos hacia sus compañeros, guiados por la información errada que salía desde la pantalla. Liseth entendió que no era posible entender el contexto y la situación verídica del país si la gente seguía informándose a través de estos medios, unos que parecían querer ensuciar intencionalmente a los estudiantes.

Fue entonces cuando salió de nuevo a manifestarse, pero en esta ocasión con su cámara en mano y su lente enfocado en capturar las agresiones y el abuso de fuerza que las autoridades ejercían contra ella y sus compañeros. Desde entonces se dedica a esto, complementa su vocación de psicóloga con la de reportera, y cada día intenta aprender nuevas técnicas profesionales para dar mejor calidad a su trabajo. Por esta decisión, Liseth no solo fue víctima de agresiones por ser estudiante, sino también por ser reportera. Los periodistas y reporteros somos víctimas de una represión distinta y mortal para el país, la censura.

El 19 de diciembre se había convocado una movilización desde el Parque de los Hippies hasta el Parque de la 93, Liseth asistió, junto con sus compañeros, con la intención de movilizarse y de obtener material fotográfico. Siguieron el recorrido planeado hasta llegar a la 72, cerca de la Universidad Pedagógica, todo transcurría con total normalidad hasta que llegó el ESMAD, lanzando gases y usando su indumentaria como solo ellos saben hacerlo. Se irrumpió la calma y los manifestantes empezaron a correr, gran parte de ellos se dispersaron, pero algunos se quedaron haciéndole frente a los agentes, entre ellas estaba Liseth y sus compañeros reporteros.

Mientras capturaban las escenas más importantes, unos agentes se acercaron a ellas diciéndoles que no podían grabar, ni tomar fotografías. El grupo les respondió diciendo que estaban en un espacio público y que desde allí podían documentar lo que quisieran, no había motivos para que los agentes intentaran alejarlos. A pesar de que el grupo se dirigió a ellos de manera respetuosa, los hombres reaccionaron y respondieron violentamente (como ya es común en ellos), los empujaron e intentaron apartarlos con la fuerza de la que están dotados sus cuerpos cubiertos por una indumentaria rígida y agresiva. Como el grupo no cedió ante las agresiones y se mantuvieron firmes en su intención de ejercer la libertad de prensa, uno de los agentes se desquitó con Liseth.

“Yo estaba ahí con otra gente de DD. HH. que yo no conocía, cuando llega uno del ESMAD, me empuja, no con el escudo sino con su cuerpo, con la armadura que tienen, me empuja re denso y me tira una aturdidora al lado de mi bota. Obviamente me sentí re violentada”. Es lo que ella relata al recordar lo ocurrido. Después, menciona que si el agente hubiera decidido -en medio de su impulso-, lanzarle la aturdidora directamente a su pie, muy seguramente ya no tendría una de sus extremidades o estaría lidiando con un daño físico mucho mayor.

Lucha a trevés del lente 3

Esta fue la primera situación de violencia directa a la cual Liseth se enfrentó, y a partir de entonces entendió y comprendió, con mayor claridad, que los agentes del ESMAD nos agreden sin motivo alguno, nos lastiman y usan su armamento arbitrariamente en contra de los manifestantes, sin tener en cuenta las consecuencias y los daños que pueden causar, daño como el que causaron a Dilan Cruz, a Nicolás Neira, a Johnny Silva o los 32 estudiantes más que fueron asesinados por estos héroes de la ciudad.

Esta no ha sido la única ocasión en que Liseth fue agredida, desde entonces se ha convertido en una rutina cada que asiste a una manifestación en compañía de sus compañeros, pero tiene claro que a pesar de esto, es más importante seguir luchando por las condiciones que exigimos hace décadas y por las que no vamos a parar hasta que las alcancemos.  El miedo persiste, no es fácil salir a las calles con la inseguridad de no volver por ser el blanco de una de las armas de los hombres de negro, de terminar con una recalzada incrustada en el cráneo, o de perder un ojo por un balín.

Pero esto no es lo que más sorprende a Liseth, de hecho, para ella ya no es inusual relacionar a un agente con muerte, hay un factor que sigue inquietándola y llenándola de dolor. Entre manifestaciones y arengas, ha podido ver en muchas ocasiones a mujeres en el ESMAD, mujeres apuntando sin piedad a otras mujeres, insultándolas y pisoteándolas sin el menor asomo de piedad.  ¿No hemos sido maltratadas históricamente? ¿No hemos sido lastimadas desde siempre por la violencia patriarcal? ¿No se supone que deberíamos ayudarnos y apoyarnos entre nosotras?

No, las instituciones policiales se han llevado el último rastro de sororidad de las agentes del ESMAD y la policía, las han enajenado por completo de esa empatía que se supone, debería existir entre nosotras cuando alguien nos maltrata. Para Liseth esto es aún más doloroso que todos los abusos causados por un hombre, es decepcionante percibir como somos reprimidas por otra mujer, una que seguramente también ha sido víctima de una sociedad machista y opresora, una que debería luchar por los derechos colectivos y no ser parte de una estructura que extiende su violencia. Es doloroso porque significa que el poder que genera tener una armadura o un arma entre sus manos, nos ha arrebatado los único que aún nos queda a las mujeres, sororidad.

A pesar de esto, la comunidad estudiantil sigue y seguirá unida, los periodistas independientes y los reporteros profesionales y empíricos, como Liseth, seguimos perseverando e insistiendo en que necesitamos más medios independientes, medios que nos permitan transmitir información real y sin sesgos políticos, plataformas que cuenten la verdad y que despierten a los ciudadanos que, como la mayor parte de colombianos, siguen creyendo que las fuentes más confiables son los medios tradicionales que nos engañan descaradamente.

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