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21N, ¿El inicio de la transformación social?

Por: Alejandra Salguero

Alejandra Salguero21 de noviembre 2019, 7:15 A.M., despertar y lo primero que te enteras es que tu transporte habitual no está en funcionamiento, que lo que te demoras en llegar 40 minutos en Transmilenio, en bus son 2 horas, pero no hay otra alternativa, tenemos que dirigirnos al punto de encuentro para empezar a marchar por nuestros derechos. 

Salir de la casa con miedo, es mi primera marcha, la maleta llena de comida, agua, bicarbonato y pañoletas, iba preparada, porque esta lucha no es solo por mi, si no por todos los que me rodean y no creen en estas manifestaciones. 

Con mis dos pancartas en la mano, una dice “Nos estas marraneando, viejo” haciendo alusión a la corrupción y al famoso dicho “De que me hablas, viejo” del presidente Duque y la otra “me movilizó para que mis padres se puedan pensionar y mi hermana logre estudiar” que es la razón por la cual salir este día es importante.

Temía llegar tarde y tener que marchar sola, pero el recorrido se demoró 30 minutos, era algo inusual, debido a la soledad de vehículos en la calle no se encontraba trancón. Se sentía un ambiente tenso, la mayoría de los pasajeros éramos estudiantes, se notaba a dónde nos dirigimos, las pancartas nos delataban.

El bus nos dejó en la porciúncula debido a que la calle 72 se encontraba cerrada por estudiantes. No vi personas conocidas así que me devolví a la calle 75 con carrera 15 (nuestro punto de encuentro) donde empezaría este momento tan esperado por muchos.

Me reúno con dos de los integrantes del semillero, una de ellas es Dayana Pantano, quien además de acompañarme en este largo camino, también estaba en su primera marcha, entonces la experiencia era compartida.

A las 10:00 A.M. empezamos a marchar por la séptima. La calle estaba vacía hasta el parque de los hippies, allí ya se evidenciaba variedad de policías y uno que otro manifestante. 

Hicimos varias paradas, por ir al baño, tomar algo y por fotos, la última era la más habitual, nos tomaban muchas fotos y también las tomábamos, uno de nuestros carteles llamaba mucho la atención, puesto que era una caricatura de Marta Lucía Ramírez con un marrano en sus brazos.

Alejandra Salguero

Mientras caminábamos, vimos un niño de aproximadamente 5 años con su cartel ¡Colombia despierta! Fue el primer niño que vimos en la marcha así que decidimos tomarle una foto, pero mas adelante a dos minutos una niña con su cartel sobre la educación nos hizo pensar que realmente no somos los únicos que queremos el cambio.

El día estaba muy soleado entonces decidimos buscar la tienda más cercana para beber algo y continuar.

En ese momento escuchamos la canción “bella ciao” adaptada al sistema social colombiano, pues en su letra se mencionaba a Uribe y la frase “esta es la historia, de un guerrillero”, en la fachada del lugar se encontraba una pancarta con el lema “cesó la Uribe noche” y una imagen de expresidente Álvaro Uribe tras las rejas.

Este lugar es denominado Café Cinema la Resistencia, se encuentra en la calle 55 con carrera 7 y fue muy aplaudido en este momento por prestar servicio de baño totalmente gratis, además dar agua a quienes nos estábamos manifestando.

“El ambiente se vuelve más intenso por el tema de las arengas, las caras pintadas, los carteles, las distintas máscaras (muchas de ellas del rostro de cerdo), es curioso que la gente se tome el tiempo de hacer esto, solo por asistir a la marcha y aún así sabiendo que probablemente estos no se volvieran a usar” afirma Dayana mientras marchamos. 

Seguimos caminando, un poco más lento para esperar dos integrantes más del semillero, poco a poco se evidenciaba como iba llegando mas y mas gente. 

Las arengas (Discurso de tono elevado pronunciado ante una multitud) se escuchaban a lo lejos, ya estábamos cerca a uno de los puntos de concentración, el Parque Nacional.

Al estar completos, continuamos el recorrido, el arte estaba en las calles, un grupo de personas con su cara pintada de blanco y haciendo representación de cámara lenta, llamó la atención de todo el público, esto es arte, esto es una marcha pacífica.

De un momento a otro pasamos cerca a un edificio en construcción y fue la primera vez que escuche “amigo, mirón, únase al montón, su hijo es estudiante y usted trabajador” una arenga que se convirtió en un apoyo a los obreros que nos miraban desde lo alto, ellos nos enviaban sonrisas y gritos de apoyo, a esto me refiero con luchar por todos.

Cada vez era más complicado caminar, ya había mucha gente, íbamos llegando al Museo Nacional de Colombia y en un momento todos se quedaron quietos, pensamos que saldrían a correr así que nos hicimos a un lado, pero no, la verdadera razón era que Chocquibtown estaba apoyando el paro mediante su música. 

Dos cuadras más adelante nos encontramos con el partido de las FARC, tenían un megáfono en donde hacían referencia a la corrupción de Uribe, pero a los costados se encontraban manifestantes quienes los empezaron a llamar “guerrilleros”.

La llovizna se empezó a adueñar de la manifestación, hasta aquí fue la dicha, los carteles empezaban a dañarse y por esto preferimos escampar un rato.

Luego de aproximadamente media hora escampando decidimos buscar un lugar para almorzar, allí también seguía siendo la sensación la caricatura de Marta Lucía Ramírez.

Mientras pedimos, dirijo mi mirada hacia el televisor, la Plaza de Bolívar estaba llena, pero debíamos ir, además, Suba estaba convertido en caos, motos y canecas quemadas, lo único que pensé es ¿cómo me voy a devolver?.

Alejandra SalgueroGracias a que en este momento el televisor del restaurante estaba prendido, me enteré de la otra cara de la moneda, lo que yo no estaba viviendo, el vandalismo.

Al salir del restaurante seguía lloviendo, pero aun no nos regresamos, nuestra meta era la Plaza de Bolívar y para allá vamos.

Las calles parecían un Transmilenio, no había por donde pasar, cada paso que daba era porque empujaban, ahora si empezaba el caos, al lado derecho se encontraba la barra de millonarios, quienes incentivaron a los demás manifestantes a continuar con la protesta, pero como dice Dayana “la lluvia no ayuda mucho”.

Llegamos a la Plaza de Bolívar, pero estaba cerrada, no nos dejaron ingresar, ya no podíamos hacer nada mas, solo devolvernos, no había espacio, todo estaba con vallas, llovía muy fuerte, pero no se sentía frío porque se encontraba mucha gente.

“Córrete, me esta cayendo un chorro de agua” escuche que exclamó Dayana, las sombrillas y las tejas creaban chorros muy grandes que caían justo en nosotras, pero no teníamos a donde corrernos, fue tan fuerte la caída del agua que ella termino con dolor de cintura.

Delante de nosotros se encontraban dos muchachos de cabello largo, cada uno con su bicicleta, en medio de la multitud y la lluvia, alcance a detallar una mano que entró al bolsillo del pantalón de uno de ellos, al momento no lo entendí, hasta que el joven empezó a decir “me robaron, me robaron” ya no había nada que hacer, solo seguir el camino.

No había transporte para ningún lado, los pocos buses que pasaban estaban con gente colgando en la puerta, los taxis no paraban, el único medio para llegar a casa era caminando.

Siendo las 4:00 P.M. nos dirigimos por la Caracas, me di cuenta ahora sí del vandalismo que estaban mostrando los medios, las puertas de las estaciones rotas, los escritos en las paredes, piedras en el suelo, toda la calle en silencio, no podía creer lo pacífico que estuvo por la séptima, todo lo que yo había vivido era solo arte y nada de vandalismo.

Por fin logramos conseguir transporte, tocó dar muchas vueltas para evitar las vías principales en Suba, creí que era solo exageración, pero al llegar, el humo, los sonidos, los gritos se adueñaron del entorno, no era una exageración, realmente el gas lacrimógeno se encontraba en todo lado, aquí entro ese miedo que no sentía en la mañana.

Salir no era la solución, se encontraban muchos vándalos, mucho Esmad, lo único que podía hacer era encerrarme en la casa, y esperar que el día siguiente todo estuviera mejor.

 

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Salir de la casa con miedo, es mi primera marcha, la maleta llena de comida, agua, bicarbonato y pañoletas, iba preparada, porque esta lucha no es solo por mi, si no por todos los que me rodean y no creen en estas manifestaciones. 

Con mis dos pancartas en la mano, una dice “Nos estas marraneando, viejo” haciendo alusión a la corrupción y al famoso dicho “De que me hablas, viejo” del presidente Duque y la otra “me movilizó para que mis padres se puedan pensionar y mi hermana logre estudiar” que es la razón por la cual salir este día es importante.

Temía llegar tarde y tener que marchar sola, pero el recorrido se demoró 30 minutos, era algo inusual, debido a la soledad de vehículos en la calle no se encontraba trancón. Se sentía un ambiente tenso, la mayoría de los pasajeros éramos estudiantes, se notaba a dónde nos dirigimos, las pancartas nos delataban.

El bus nos dejó en la porciúncula debido a que la calle 72 se encontraba cerrada por estudiantes. No vi personas conocidas así que me devolví a la calle 75 con carrera 15 (nuestro punto de encuentro) donde empezaría este momento tan esperado por muchos.

Me reúno con dos de los integrantes del semillero, una de ellas es Dayana Pantano, quien además de acompañarme en este largo camino, también estaba en su primera marcha, entonces la experiencia era compartida.

A las 10:00 A.M. empezamos a marchar por la séptima. La calle estaba vacía hasta el parque de los hippies, allí ya se evidenciaba variedad de policías y uno que otro manifestante. 

Hicimos varias paradas, por ir al baño, tomar algo y por fotos, la última era la más habitual, nos tomaban muchas fotos y también las tomábamos, uno de nuestros carteles llamaba mucho la atención, puesto que era una caricatura de Marta Lucía Ramírez con un marrano en sus brazos.

Alejandra Salguero

Mientras caminábamos, vimos un niño de aproximadamente 5 años con su cartel ¡Colombia despierta! Fue el primer niño que vimos en la marcha así que decidimos tomarle una foto, pero mas adelante a dos minutos una niña con su cartel sobre la educación nos hizo pensar que realmente no somos los únicos que queremos el cambio.

El día estaba muy soleado entonces decidimos buscar la tienda más cercana para beber algo y continuar.

En ese momento escuchamos la canción “bella ciao” adaptada al sistema social colombiano, pues en su letra se mencionaba a Uribe y la frase “esta es la historia, de un guerrillero”, en la fachada del lugar se encontraba una pancarta con el lema “cesó la Uribe noche” y una imagen de expresidente Álvaro Uribe tras las rejas.

Este lugar es denominado Café Cinema la Resistencia, se encuentra en la calle 55 con carrera 7 y fue muy aplaudido en este momento por prestar servicio de baño totalmente gratis, además dar agua a quienes nos estábamos manifestando.

“El ambiente se vuelve más intenso por el tema de las arengas, las caras pintadas, los carteles, las distintas máscaras (muchas de ellas del rostro de cerdo), es curioso que la gente se tome el tiempo de hacer esto, solo por asistir a la marcha y aún así sabiendo que probablemente estos no se volvieran a usar” afirma Dayana mientras marchamos. 

Seguimos caminando, un poco más lento para esperar dos integrantes más del semillero, poco a poco se evidenciaba como iba llegando mas y mas gente. 

Las arengas (Discurso de tono elevado pronunciado ante una multitud) se escuchaban a lo lejos, ya estábamos cerca a uno de los puntos de concentración, el Parque Nacional.

Al estar completos, continuamos el recorrido, el arte estaba en las calles, un grupo de personas con su cara pintada de blanco y haciendo representación de cámara lenta, llamó la atención de todo el público, esto es arte, esto es una marcha pacífica.

De un momento a otro pasamos cerca a un edificio en construcción y fue la primera vez que escuche “amigo, mirón, únase al montón, su hijo es estudiante y usted trabajador” una arenga que se convirtió en un apoyo a los obreros que nos miraban desde lo alto, ellos nos enviaban sonrisas y gritos de apoyo, a esto me refiero con luchar por todos.

Cada vez era más complicado caminar, ya había mucha gente, íbamos llegando al Museo Nacional de Colombia y en un momento todos se quedaron quietos, pensamos que saldrían a correr así que nos hicimos a un lado, pero no, la verdadera razón era que Chocquibtown estaba apoyando el paro mediante su música. 

Dos cuadras más adelante nos encontramos con el partido de las FARC, tenían un megáfono en donde hacían referencia a la corrupción de Uribe, pero a los costados se encontraban manifestantes quienes los empezaron a llamar “guerrilleros”.

La llovizna se empezó a adueñar de la manifestación, hasta aquí fue la dicha, los carteles empezaban a dañarse y por esto preferimos escampar un rato.

Luego de aproximadamente media hora escampando decidimos buscar un lugar para almorzar, allí también seguía siendo la sensación la caricatura de Marta Lucía Ramírez.

Mientras pedimos, dirijo mi mirada hacia el televisor, la Plaza de Bolívar estaba llena, pero debíamos ir, además, Suba estaba convertido en caos, motos y canecas quemadas, lo único que pensé es ¿cómo me voy a devolver?.

Alejandra SalgueroGracias a que en este momento el televisor del restaurante estaba prendido, me enteré de la otra cara de la moneda, lo que yo no estaba viviendo, el vandalismo.

Al salir del restaurante seguía lloviendo, pero aun no nos regresamos, nuestra meta era la Plaza de Bolívar y para allá vamos.

Las calles parecían un Transmilenio, no había por donde pasar, cada paso que daba era porque empujaban, ahora si empezaba el caos, al lado derecho se encontraba la barra de millonarios, quienes incentivaron a los demás manifestantes a continuar con la protesta, pero como dice Dayana “la lluvia no ayuda mucho”.

Llegamos a la Plaza de Bolívar, pero estaba cerrada, no nos dejaron ingresar, ya no podíamos hacer nada mas, solo devolvernos, no había espacio, todo estaba con vallas, llovía muy fuerte, pero no se sentía frío porque se encontraba mucha gente.

“Córrete, me esta cayendo un chorro de agua” escuche que exclamó Dayana, las sombrillas y las tejas creaban chorros muy grandes que caían justo en nosotras, pero no teníamos a donde corrernos, fue tan fuerte la caída del agua que ella termino con dolor de cintura.

Delante de nosotros se encontraban dos muchachos de cabello largo, cada uno con su bicicleta, en medio de la multitud y la lluvia, alcance a detallar una mano que entró al bolsillo del pantalón de uno de ellos, al momento no lo entendí, hasta que el joven empezó a decir “me robaron, me robaron” ya no había nada que hacer, solo seguir el camino.

No había transporte para ningún lado, los pocos buses que pasaban estaban con gente colgando en la puerta, los taxis no paraban, el único medio para llegar a casa era caminando.

Siendo las 4:00 P.M. nos dirigimos por la Caracas, me di cuenta ahora sí del vandalismo que estaban mostrando los medios, las puertas de las estaciones rotas, los escritos en las paredes, piedras en el suelo, toda la calle en silencio, no podía creer lo pacífico que estuvo por la séptima, todo lo que yo había vivido era solo arte y nada de vandalismo.

Por fin logramos conseguir transporte, tocó dar muchas vueltas para evitar las vías principales en Suba, creí que era solo exageración, pero al llegar, el humo, los sonidos, los gritos se adueñaron del entorno, no era una exageración, realmente el gas lacrimógeno se encontraba en todo lado, aquí entro ese miedo que no sentía en la mañana.

Salir no era la solución, se encontraban muchos vándalos, mucho Esmad, lo único que podía hacer era encerrarme en la casa, y esperar que el día siguiente todo estuviera mejor.

 

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