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¿Todes juntes por le inclusión?

Durante los últimos años los movimientos feministas han venido impulsando la idea de erradicar del lenguaje español toda muestra de sexismo, acuñando nuevos conceptos y nuevas formas de nombrarse y nombrar a todas las comunidades que han sido excluidas a lo largo de la historia. Sin embargo, esta lucha ha provocado una fuerte crítica de entidades académicas como la RAE. Aquí les contamos las diversas posturas que hay sobre este tema. Todas, todos y todes.

 

Por María José Bejarano y Catalina Buitrago

ACN

La premisa del lenguaje inclusivo obedece a la necesidad de visibilizar a todas las minorías que por mucho tiempo han sido relegadas en una sociedad, claramente patriarcal y androcéntrica como lo es la Colombiana. Hoy cada vez son más los debates a favor y en contra de usar estos nuevos métodos como mecanismos para comunicarse y reconocerse.

 

Muchos colectivos feministas vienen trabajando en función de promover dicho lenguaje. Un ejemplo de ello es el movimiento Polifonía, de la Universidad Javeriana, que cada martes de la semana buscan espacios para formar en este tipo de aspectos a mujeres interesadas en mejorar sus condiciones y las de su sociedad. Una de sus voceras, Nicol Muñoz, comenta que, “estoy a favor del lenguaje de género, por que me parece que la lengua española ha sido excluyente, patriarcal que invisibiliza y omite a las mujeres y a otras identidades de género”.

¿Rechazar o concensuar?

 

A pesar de la lucha y las intenciones por promover espacios de inclusión e igualdad, existen instituciones tales como la RAE (Real Academia Española) que aún se encuentran reticentes frente a incorporar nuevas palabras que agredan o no estén en sincronía con las normas ya establecidas. Para dar cuenta de esta visión, Juan Carlos Vergara, subdirector de la Academia Colombiana de la Lengua dice que “es muy importante separar el género gramatical del género como determinante de sexualidad, son dos campos complementarios, pero no sinónimos, la lengua tiene un principio de economía que determina, que sí podemos expresar algo con menos palabras manteniendo el mismo sentido, debemos hacerlo”. Todo aquello que signifique ampliar innecesariamente una frase o un contexto lo rechaza la lengua y no la academia.

 

Ahora bien, es importante resaltar que el lenguaje no es bajo ningún aspecto un consolidado de reglas rígidas que no se puedan afectar, por el contrario, la lengua hay que entenderla como un ente vivo, no hay que asustarnos de sus cambios y de su evolución, y obviamente los cambios ideológicos marcan cambios en cómo nos comunicamos. “El lenguaje es una construcción social, hay un debate que lleva mucho tiempo, el lenguaje es natural o es convencional, y en mi criterio es convencional porque nosotros mismo lo construimos, todo el tiempo está mutando, está cambiando, claramente hay unas reglas gramaticales, pero eso no excluye, que este sea cambiante y volátil” afirma Nicol Muñoz

A pesar de estas salvedades, la academia en Colombia y sus integrantes tienen claro que no son ellos quienes imponen la lengua, ellos son notarios, regulan la misma, como lo dice Juan Carlos Vergara, “la academia no es un organismo que frene el desarrollo de la lengua, por el contrario la acompaña, sigue sus movimientos, algunos de ellos surgen y desaparecen, pero esa decisión no depende de la academia sino de los que la usan y la cambian”.

 

Los cambios siempre van a generar recelo, sin embargo, son solamente las personas que hacen uso de esas nuevas inclusiones en el lenguaje quienes las reivindican en la sociedad, no la academia, es la misma comunidad la encargada de incorporarlas y aceptarlas. Hay es donde nace uno de los mayores desafíos de corrientes como estas, el querer imponer sin dar lugar a que esas palabras se arraiguen por medio del uso, siempre va generar resistencia.

 

A pesar de estas salvedades, es importante resaltar que estos cambios propuestos para crear un lenguaje más inclusivo y libre del aura machista que aqueja a la sociedad, atentan contra la morfología del lenguaje, incluir @, x y e, pueden degenerar la raíz de la legua, así lo afirma Francisco Rodríguez, Licenciado en Lenguas Modernas y Magíster en educación, “no podemos permitir que la lingüística sea influenciada por modas pasajeras, que además tienen un carácter impositivo, lo que debe primar son la bases que permiten a las personas expresarse de la manera más idónea posible, no hay que confundir el género gramatical con el género sexual, que viene cargado de construcciones sociales machistas, el lenguaje no busca segregar, solo comunicar”.

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Economía del lenguaje

 

La economía del lenguaje es una lógica imperante en la formación de los dialectos, pero eso no quiere decir que el individuo no tenga múltiples formas de nombrar el género, y claro tiene todo el derecho de cuestionar y proponer, pero eso solo será validado si toda una comunidad lo acoge y esto trasciende en el tiempo, “no podemos saber si una innovación pueda convertirse en algo estable o desaparezca mañana, por esa razón no podemos aceptar o rechazar una innovación por el simple hecho de que alguien lo planteé. Podemos reconocer la viabilidad o no de esa innovación y esperar como academia que el proceso se decante, una vez decantado se acepte”. Juan Carlos Vergara.

 

Rodríguez, se contrapone a esta posición diciendo que la  teorización del lenguaje inclusivo transgrede los lineamientos de la economía del lenguaje, puesto que, “Este el único idioma en el que nos despelucamos con cosas como esas, creo que eso termina siendo un muñequito armado por la moda, y desde la lingüística pura no podemos permitir que esto suceda, en la academia generativa no hay cabida para ese tipo de cosas”.

 

La construcción del lenguaje, es un trabajo en conjunto, tanto de las academias como de los hablantes, y es imposible forzar a estas dos instancias a cambiar de manera rápida y arbitraria, estos cambios por el contrario, sólo pueden ser concebidos tras procesos largos de reconocimiento mutuo. Y si bien por medio del lenguaje se puede, discriminar, denigrar y oprimir, esto no se debe específicamente al género gramatical, sino a una serie de construcciones heteropatriarcales que evitan el crecimiento equitativo de todos los individuos.

ACTUALIDAD

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¿Todes juntes por le inclusión?

Durante los últimos años los movimientos feministas han venido impulsando la idea de erradicar del lenguaje español toda muestra de sexismo, acuñando nuevos conceptos y nuevas formas de nombrarse y nombrar a todas las comunidades que han sido excluidas a lo largo de la historia. Sin embargo, esta lucha ha provocado una fuerte crítica de entidades académicas como la RAE. Aquí les contamos las diversas posturas que hay sobre este tema. Todas, todos y todes.

 

Por María José Bejarano y Catalina Buitrago

ACN

La premisa del lenguaje inclusivo obedece a la necesidad de visibilizar a todas las minorías que por mucho tiempo han sido relegadas en una sociedad, claramente patriarcal y androcéntrica como lo es la Colombiana. Hoy cada vez son más los debates a favor y en contra de usar estos nuevos métodos como mecanismos para comunicarse y reconocerse.

 

Muchos colectivos feministas vienen trabajando en función de promover dicho lenguaje. Un ejemplo de ello es el movimiento Polifonía, de la Universidad Javeriana, que cada martes de la semana buscan espacios para formar en este tipo de aspectos a mujeres interesadas en mejorar sus condiciones y las de su sociedad. Una de sus voceras, Nicol Muñoz, comenta que, “estoy a favor del lenguaje de género, por que me parece que la lengua española ha sido excluyente, patriarcal que invisibiliza y omite a las mujeres y a otras identidades de género”.

¿Rechazar o concensuar?

 

A pesar de la lucha y las intenciones por promover espacios de inclusión e igualdad, existen instituciones tales como la RAE (Real Academia Española) que aún se encuentran reticentes frente a incorporar nuevas palabras que agredan o no estén en sincronía con las normas ya establecidas. Para dar cuenta de esta visión, Juan Carlos Vergara, subdirector de la Academia Colombiana de la Lengua dice que “es muy importante separar el género gramatical del género como determinante de sexualidad, son dos campos complementarios, pero no sinónimos, la lengua tiene un principio de economía que determina, que sí podemos expresar algo con menos palabras manteniendo el mismo sentido, debemos hacerlo”. Todo aquello que signifique ampliar innecesariamente una frase o un contexto lo rechaza la lengua y no la academia.

 

Ahora bien, es importante resaltar que el lenguaje no es bajo ningún aspecto un consolidado de reglas rígidas que no se puedan afectar, por el contrario, la lengua hay que entenderla como un ente vivo, no hay que asustarnos de sus cambios y de su evolución, y obviamente los cambios ideológicos marcan cambios en cómo nos comunicamos. “El lenguaje es una construcción social, hay un debate que lleva mucho tiempo, el lenguaje es natural o es convencional, y en mi criterio es convencional porque nosotros mismo lo construimos, todo el tiempo está mutando, está cambiando, claramente hay unas reglas gramaticales, pero eso no excluye, que este sea cambiante y volátil” afirma Nicol Muñoz

A pesar de estas salvedades, la academia en Colombia y sus integrantes tienen claro que no son ellos quienes imponen la lengua, ellos son notarios, regulan la misma, como lo dice Juan Carlos Vergara, “la academia no es un organismo que frene el desarrollo de la lengua, por el contrario la acompaña, sigue sus movimientos, algunos de ellos surgen y desaparecen, pero esa decisión no depende de la academia sino de los que la usan y la cambian”.

 

Los cambios siempre van a generar recelo, sin embargo, son solamente las personas que hacen uso de esas nuevas inclusiones en el lenguaje quienes las reivindican en la sociedad, no la academia, es la misma comunidad la encargada de incorporarlas y aceptarlas. Hay es donde nace uno de los mayores desafíos de corrientes como estas, el querer imponer sin dar lugar a que esas palabras se arraiguen por medio del uso, siempre va generar resistencia.

 

A pesar de estas salvedades, es importante resaltar que estos cambios propuestos para crear un lenguaje más inclusivo y libre del aura machista que aqueja a la sociedad, atentan contra la morfología del lenguaje, incluir @, x y e, pueden degenerar la raíz de la legua, así lo afirma Francisco Rodríguez, Licenciado en Lenguas Modernas y Magíster en educación, “no podemos permitir que la lingüística sea influenciada por modas pasajeras, que además tienen un carácter impositivo, lo que debe primar son la bases que permiten a las personas expresarse de la manera más idónea posible, no hay que confundir el género gramatical con el género sexual, que viene cargado de construcciones sociales machistas, el lenguaje no busca segregar, solo comunicar”.

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Economía del lenguaje

 

La economía del lenguaje es una lógica imperante en la formación de los dialectos, pero eso no quiere decir que el individuo no tenga múltiples formas de nombrar el género, y claro tiene todo el derecho de cuestionar y proponer, pero eso solo será validado si toda una comunidad lo acoge y esto trasciende en el tiempo, “no podemos saber si una innovación pueda convertirse en algo estable o desaparezca mañana, por esa razón no podemos aceptar o rechazar una innovación por el simple hecho de que alguien lo planteé. Podemos reconocer la viabilidad o no de esa innovación y esperar como academia que el proceso se decante, una vez decantado se acepte”. Juan Carlos Vergara.

 

Rodríguez, se contrapone a esta posición diciendo que la  teorización del lenguaje inclusivo transgrede los lineamientos de la economía del lenguaje, puesto que, “Este el único idioma en el que nos despelucamos con cosas como esas, creo que eso termina siendo un muñequito armado por la moda, y desde la lingüística pura no podemos permitir que esto suceda, en la academia generativa no hay cabida para ese tipo de cosas”.

 

La construcción del lenguaje, es un trabajo en conjunto, tanto de las academias como de los hablantes, y es imposible forzar a estas dos instancias a cambiar de manera rápida y arbitraria, estos cambios por el contrario, sólo pueden ser concebidos tras procesos largos de reconocimiento mutuo. Y si bien por medio del lenguaje se puede, discriminar, denigrar y oprimir, esto no se debe específicamente al género gramatical, sino a una serie de construcciones heteropatriarcales que evitan el crecimiento equitativo de todos los individuos.

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