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La pasión no es la única que cuenta

jesusantonio

 

Por Connie Zulema Vargas

 

Colombia es dos veces más propensa a la creación de nuevas empresas, pero seis veces menos capaz de generar compañías con más de 50 empleados” dice un estudio de la Red de Cámaras de Comercio, Confecámaras. Los nuevos emprendimientos fracasan con una tasa de mortalidad muy alta, pues alrededor del 70% de los proyectos productivos decae antes de los 5 primeros años.

A pesar de que entidades como el Fondo Emprender del SENA, INNpulsa Y Wayra, entre otras, buscan apoyar desde diversos aspectos el desarrollo de proyectos emprendedores en Colombia, estas se han quedado cortas en su tarea. Si bien el emprendimiento ha crecido en los últimos años, los obstáculos que se presentan también lo han hecho, incluso, hasta el punto de hacerlos fracasar.

Jesús Antonio Vargas es Ingeniero Industrial de profesión y desde hace 8 años le ha apuntado a pertenecer al sector del agro en Colombia. Uno de sus proyectos de emprendimiento nació gracias a la influencia de Isidro Cardozo Lozano, director de la Fundación Instituto de Botánica Aplicada (FUNIBA), cuando él estudiaba Herbología en el año 2002. El proyecto pretendía extraer la pulpa de la sábila y procesarla en gel, para posteriormente ser vendida a la industria cosmética y alimenticia. Este proyecto prometía, puesto que gran parte de los productores colombianos utilizaban Aloe Vera importado; sin embargo, la apertura de mercado era complicada para quien deseaba emprender en este sector.

Desde el inicio se planteó una empresa “bien formada” como dice Don Jesús: “desde siempre quise generar algo positivo en mi entorno, por ello, la creación de mi propia empresa me generó mucha expectativa. Al comienzo surgió como una charla entre el señor Isidro y yo. Él me comentó su idea y me pedía mi opinión y a la vez, mi colaboración; yo averiguaba acerca de los costos, cuál era el panorama en el país y todo el procedimiento legal que se requería para comenzar, no obstante, y desafortunadamente, el señor Cardozo falleció un año después; por lo que me hice cargo de todo lo necesario para sacar adelante el proyecto”.

Una vez se estableció la empresa legalmente, “comencé a estudiar el asunto, desde el cultivo de la planta, hasta el empaque y presentación del producto final. Ciertamente, el dinero fue un punto de quiebre hasta para iniciar, pues, para mí, era un poco irreal que para emprender se necesitara tanto, no solo la idea, las ganas y el esfuerzo, había que poner muchísimo más para obtener el verdadero éxito”.

Don Jesús estuvo meses y años, rebuscándosela, no solo para los equipos sino también para el lugar, teniendo en cuenta que este debía ser remodelado y debía tener características específicas para el procesamiento de la sábila. “Al comienzo me mentalicé en hacer posible todo lo que se necesitara, sin embargo, me enfoqué tanto en la producción que pasé por alto algo tan importante como lo anterior: la bodega donde se iba a realizar toda la producción.

“Conseguí una saliendo de la ciudad, era lo suficientemente grande para adaptar los equipos y la planta, tocaba cambiar pisos y techos, adecuar la iluminación, las llaves de agua, entre otras cosas; para todo ello no había presupuesto, por lo que me tocó buscar financiación a través de un banco”.

Ya llevaba más de 25 millones invertidos desde la creación, dinero ahorrado, trabajado y que a menudo le hacía cuestionarse a Don Jesús si era realmente una inversión. Esta etapa de remodelación culminó con éxito pues afortunadamente continuó cotizando a largo plazo en los bancos y pudo terminarla. De hecho, la gran mayoría del proyecto se financió de esta manera, pero las altas tasas de interés desmotivaban el siguiente crédito.

maquinaria

 

Financiar el proyecto únicamente a través de bancos era “agotador, y económicamente decepcionante, todo el dinero que trabajaba iba hacía un espacio que aún estaba en blanco”. Tras años de fuerte trabajo, de ganas y con una intención emprendedora “comencé a ver la inversión, más no su fruto, cosa que en ese momento no importó. Ver la planta adecuada y los equipos necesarios para comenzar, me hicieron sentir realizado. Sin embargo, al comenzar a hacer las pruebas con toda la maquinaria sentí, dentro del proceso que algo no funcionaba, algo faltaba. En mi descuido no me di cuenta que para comenzar la producción debía adquirir un permiso de sanidad y una visita para obtenerlo. Al carecer de los recursos para conseguirlo, decidí parar. Pasaron algunos meses y comencé a cuestionarme la viabilidad del proyecto”.

Más tarde: “di a conocer el proyecto y ninguna empresa ni entidad pública apostó por mi emprendimiento. Presenté la propuesta al Fondo Emprender. Allí los procesos eran largos y demorados, se pasaban meses aplazando las charlas y conferencias, no había un seguimiento estricto a lo que yo iba realizando. No hubo realmente un interés de su parte, así que la colaboración fue mínima”.

Ante un panorama desagradable económicamente, la pasión e interés del proyecto de emprendimiento de Don Jesús fue cayendo, hasta el punto de tirar la toalla y decir: “ya, me cansé, es probable que en los próximos meses venda toda la maquinaria que he adquirido”. Con esas palabras culminó un proceso de más de 6 años, de arduo trabajo, de intereses y sueños.

Ahora, Don Jesús planea, como buen emprendedor, continuar con otro proyecto, utilizando el dinero que le dejó la maquinaria de la sábila, el conocimiento y experiencia que obtuvo durante estos últimos años. Sin miedo a fallar y muy orgulloso de sí mismo, iniciará desde cero. “Por ahora, solo queda mi aprendizaje y mis ganas de comenzar de nuevo”.

Desafortunadamente, como él, hay cientos de colombianos que no prosperan como lo desearían. Según Sergio Zuluaga, director ejecutivo de la Asociación de Emprendedores de Colombia (Asec), existen 3 factores determinantes para la creación de una empresa: “el primero es el problema, toda empresa que nace en el planeta existe porque resuelve uno. Si este no se tiene identificado, si no se estructura el proyecto, para resolverlo, las probabilidades de salir adelante son casi nulas. La segunda es que se debe tener un equipo, pues el arrancar una empresa, una persona sola suele tender al fracaso, tener un equipo que sea capaz de resolver el problema y desarrollar una idea, un producto o servicio que lo resuelva”. La tercera, es que se debe tener una estrategia, un camino o un plan lo suficientemente claro para poder ejecutarlo.

El dinero es el principal causante de la inestabilidad del futuro de la empresa que se está creando, más no el más importante, “si usted no tiene los recursos para arrancar, devuélvase al tablero, simplifique los recursos suficientes” hasta que tenga lo necesario, de lo contrario, siempre va a ver la restricción del dinero y, por ende, se va a ver afectado por el ecosistema de economía colombiano, afirmó Zuluaga. También considere la posibilidad de seducir al sector privado y público con su emprendimiento, pues las cifras indican que el 60% de las empresas arrancan con recursos propios, el resto por la financiación por terceros y tan solo el 1% por entidades gubernamentales.

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Por Connie Zulema Vargas

 

Colombia es dos veces más propensa a la creación de nuevas empresas, pero seis veces menos capaz de generar compañías con más de 50 empleados” dice un estudio de la Red de Cámaras de Comercio, Confecámaras. Los nuevos emprendimientos fracasan con una tasa de mortalidad muy alta, pues alrededor del 70% de los proyectos productivos decae antes de los 5 primeros años.

A pesar de que entidades como el Fondo Emprender del SENA, INNpulsa Y Wayra, entre otras, buscan apoyar desde diversos aspectos el desarrollo de proyectos emprendedores en Colombia, estas se han quedado cortas en su tarea. Si bien el emprendimiento ha crecido en los últimos años, los obstáculos que se presentan también lo han hecho, incluso, hasta el punto de hacerlos fracasar.

Jesús Antonio Vargas es Ingeniero Industrial de profesión y desde hace 8 años le ha apuntado a pertenecer al sector del agro en Colombia. Uno de sus proyectos de emprendimiento nació gracias a la influencia de Isidro Cardozo Lozano, director de la Fundación Instituto de Botánica Aplicada (FUNIBA), cuando él estudiaba Herbología en el año 2002. El proyecto pretendía extraer la pulpa de la sábila y procesarla en gel, para posteriormente ser vendida a la industria cosmética y alimenticia. Este proyecto prometía, puesto que gran parte de los productores colombianos utilizaban Aloe Vera importado; sin embargo, la apertura de mercado era complicada para quien deseaba emprender en este sector.

Desde el inicio se planteó una empresa “bien formada” como dice Don Jesús: “desde siempre quise generar algo positivo en mi entorno, por ello, la creación de mi propia empresa me generó mucha expectativa. Al comienzo surgió como una charla entre el señor Isidro y yo. Él me comentó su idea y me pedía mi opinión y a la vez, mi colaboración; yo averiguaba acerca de los costos, cuál era el panorama en el país y todo el procedimiento legal que se requería para comenzar, no obstante, y desafortunadamente, el señor Cardozo falleció un año después; por lo que me hice cargo de todo lo necesario para sacar adelante el proyecto”.

Una vez se estableció la empresa legalmente, “comencé a estudiar el asunto, desde el cultivo de la planta, hasta el empaque y presentación del producto final. Ciertamente, el dinero fue un punto de quiebre hasta para iniciar, pues, para mí, era un poco irreal que para emprender se necesitara tanto, no solo la idea, las ganas y el esfuerzo, había que poner muchísimo más para obtener el verdadero éxito”.

Don Jesús estuvo meses y años, rebuscándosela, no solo para los equipos sino también para el lugar, teniendo en cuenta que este debía ser remodelado y debía tener características específicas para el procesamiento de la sábila. “Al comienzo me mentalicé en hacer posible todo lo que se necesitara, sin embargo, me enfoqué tanto en la producción que pasé por alto algo tan importante como lo anterior: la bodega donde se iba a realizar toda la producción.

“Conseguí una saliendo de la ciudad, era lo suficientemente grande para adaptar los equipos y la planta, tocaba cambiar pisos y techos, adecuar la iluminación, las llaves de agua, entre otras cosas; para todo ello no había presupuesto, por lo que me tocó buscar financiación a través de un banco”.

Ya llevaba más de 25 millones invertidos desde la creación, dinero ahorrado, trabajado y que a menudo le hacía cuestionarse a Don Jesús si era realmente una inversión. Esta etapa de remodelación culminó con éxito pues afortunadamente continuó cotizando a largo plazo en los bancos y pudo terminarla. De hecho, la gran mayoría del proyecto se financió de esta manera, pero las altas tasas de interés desmotivaban el siguiente crédito.

maquinaria

 

Financiar el proyecto únicamente a través de bancos era “agotador, y económicamente decepcionante, todo el dinero que trabajaba iba hacía un espacio que aún estaba en blanco”. Tras años de fuerte trabajo, de ganas y con una intención emprendedora “comencé a ver la inversión, más no su fruto, cosa que en ese momento no importó. Ver la planta adecuada y los equipos necesarios para comenzar, me hicieron sentir realizado. Sin embargo, al comenzar a hacer las pruebas con toda la maquinaria sentí, dentro del proceso que algo no funcionaba, algo faltaba. En mi descuido no me di cuenta que para comenzar la producción debía adquirir un permiso de sanidad y una visita para obtenerlo. Al carecer de los recursos para conseguirlo, decidí parar. Pasaron algunos meses y comencé a cuestionarme la viabilidad del proyecto”.

Más tarde: “di a conocer el proyecto y ninguna empresa ni entidad pública apostó por mi emprendimiento. Presenté la propuesta al Fondo Emprender. Allí los procesos eran largos y demorados, se pasaban meses aplazando las charlas y conferencias, no había un seguimiento estricto a lo que yo iba realizando. No hubo realmente un interés de su parte, así que la colaboración fue mínima”.

Ante un panorama desagradable económicamente, la pasión e interés del proyecto de emprendimiento de Don Jesús fue cayendo, hasta el punto de tirar la toalla y decir: “ya, me cansé, es probable que en los próximos meses venda toda la maquinaria que he adquirido”. Con esas palabras culminó un proceso de más de 6 años, de arduo trabajo, de intereses y sueños.

Ahora, Don Jesús planea, como buen emprendedor, continuar con otro proyecto, utilizando el dinero que le dejó la maquinaria de la sábila, el conocimiento y experiencia que obtuvo durante estos últimos años. Sin miedo a fallar y muy orgulloso de sí mismo, iniciará desde cero. “Por ahora, solo queda mi aprendizaje y mis ganas de comenzar de nuevo”.

Desafortunadamente, como él, hay cientos de colombianos que no prosperan como lo desearían. Según Sergio Zuluaga, director ejecutivo de la Asociación de Emprendedores de Colombia (Asec), existen 3 factores determinantes para la creación de una empresa: “el primero es el problema, toda empresa que nace en el planeta existe porque resuelve uno. Si este no se tiene identificado, si no se estructura el proyecto, para resolverlo, las probabilidades de salir adelante son casi nulas. La segunda es que se debe tener un equipo, pues el arrancar una empresa, una persona sola suele tender al fracaso, tener un equipo que sea capaz de resolver el problema y desarrollar una idea, un producto o servicio que lo resuelva”. La tercera, es que se debe tener una estrategia, un camino o un plan lo suficientemente claro para poder ejecutarlo.

El dinero es el principal causante de la inestabilidad del futuro de la empresa que se está creando, más no el más importante, “si usted no tiene los recursos para arrancar, devuélvase al tablero, simplifique los recursos suficientes” hasta que tenga lo necesario, de lo contrario, siempre va a ver la restricción del dinero y, por ende, se va a ver afectado por el ecosistema de economía colombiano, afirmó Zuluaga. También considere la posibilidad de seducir al sector privado y público con su emprendimiento, pues las cifras indican que el 60% de las empresas arrancan con recursos propios, el resto por la financiación por terceros y tan solo el 1% por entidades gubernamentales.

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