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Que circule nuestra sangre muisca

Tan solo 15 mil habitantes, de los 8 millones que tiene Bogotá, se reconocen como indígenas (DANE 2005). Pero, aunque la gran mayoría no lo sea, según un estudio de la Universidad Nacional de Colombia, la composición genética de Cundinamarca alcanza un 35% de componente indígena y otro estudio, del Ulster Institute for Social Research, reveló que en Bogotá hay un 47% de componente indígena.

 Por: Marisol Rivera.

  ACN

 

Colombia tiene 87 comunidades indígenas distribuidas por el territorio nacional. De esta gran diversidad, hay un grupo indígena que marcó la era precolombina del país y que además, fue la etnia más importante para lo que ahora es Bogotá y su sabana, es decir, Tabio, Tenjo, Chía, Zipaquirá, Cogua, Nemocón, Soacha, Sesquilé,Guatavita, entre otros. Esta gran etnia es la Muisca.

Conocemos de los muiscas lo mismo que lo hacían los españoles que colonizaron nuestras tierras en el siglo XIV. Su cultura va más allá de la famosa leyenda del dorado, y aunque vivieron una gran exterminación, razón por la cual tenemos mayor componente europeo en nuestra sangre, hay unos aspectos que la sociedad bogotana debería retomar de ese 47% de sangre indígena que corre en sus venas.

  1. La mujer

En Bogotá, el año pasado se presentaron aproximadamente 8.000 casos de violencia física contra mujeres y unos 3.000 casos de violencia sexual. Pero, no siempre hemos vivido en una sociedad machista y patriarcal. Alguna vez, las mujeres no tenían que luchar por sus derechos y mucho menos eran abusadas.

En nuestro territorio hace varios siglos, los muiscas protegían a la mujer era considerada el centro del nacimiento de la cultura y se le protegía de cualquier ataque a su integridad física al punto de sacrificarse por ella, además, recibía un trato especial durante el embarazo, los primeros años de maternidad y su viudez.

No es por nada que nuestro gran municipio vecino se llame Chía, en honor a la diosa lunar Chía, y que en su cosmogonía se le atribuyera la creación del universo a la diosa madre Bachué.

 

 ACN

 

2. El lenguaje

 

Este aspecto no es necesario rescatarlo, puesto que usamos varias palabras muiscas cotidianamente sin darnos cuenta, por ejemplo, changua, chichi, curuba, uchuva, chuzo, compa. Aun así, es bueno reconocer que vienen de nuestra sangre indígena pero que, además, a algunas otras se le ha distorsionado su significado original. A continuación, algunas de ellas según el diccionario del Grupo de Investigación Muysccubun de la Universidad Nacional de Colombia.

 

  • Güeba. Una palabra muy cotidiana en el lenguaje de los jóvenes que significa “pendejo”, pero en realidad, viene de “ueba” que originalmente significa “extranjero” o “forastero”.
  • La famosa bebida en realidad se traduce “diarrea
  • Moza y Mona. No es la tercera en una relación ni una mujer rubia, sino “pasado mañana” y “antes de ayer”.
  • Es una mujer que es más bella que los colores del arcoíris.
  • Una mujer hermosa, princesa o guerrera, nada que ver con una mujer fácil o promiscua.
  • Guache. No es un hombre burdo o brusco, sino el guerrero defensor de su comunidad.
  • significa “la esposa, compañera de vida”.

 3. El agua

En Bogotá existen alrededor de 50 humedales que son fuentes de agua potable, hábitat de diversas especies de animales y mantienen en equilibrio el ambiente de la ciudad. Pero con el pasar de los años estos ecosistemas se han dañado al recibir residuos tóxicos y desechos, hasta han sido considerados como terrenos baldíos que se invaden para actividades económicas como la ganadería o la vivienda.

Lo mismo ocurre con el río más importante de Bogotá y su sabana, el río Bogotá el cual está altamente contaminado al recibir las aguas residuales de 18 municipios de la Sabana. Pero, tal vez si aplicáramos la cosmogonía de nuestros ancestros, los muisca, no estaríamos regando con estas aguas cultivos de apio, brócoli, repollo y lechuga, que a la final tendría altas concentraciones de metales como mercurio, cadmio, arsénico y plomo, esto según un estudio de la Universidad Nacional con apoyo de Colciencias.

Para los muiscas el agua es centro de su cosmogonía, es origen y destino, flujo y sostén cósmico de los órdenes de la realidad. Varias fuentes de agua, para nosotros son espacios naturales lugares para vacacionar, bañarse, pescar o lavar, pero, por el contrario, para ellos eran lugares “sagrados” de sumo respeto. En la sabana de Bogotá se encuentra una de las lagunas más importantes de la cultura muisca, la sagrada laguna de Guatavita, el espacio que dio lugar a la famosa leyenda del dorado.

 

ACN

“Antes de las pelucas y la casaca / fueron los ríos, ríos arteriales:

fueron las cordilleras, / fue la humedad y la espesura…

El hombre tierra fue vasija, forma de la arcilla, / fue piedra chibcha,

el idioma del agua fue enterrado, / las claves se perdieron

o se inundaron de silencio o sangre”

Pablo Neruda

ACTUALIDAD

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Que circule nuestra sangre muisca

Tan solo 15 mil habitantes, de los 8 millones que tiene Bogotá, se reconocen como indígenas (DANE 2005). Pero, aunque la gran mayoría no lo sea, según un estudio de la Universidad Nacional de Colombia, la composición genética de Cundinamarca alcanza un 35% de componente indígena y otro estudio, del Ulster Institute for Social Research, reveló que en Bogotá hay un 47% de componente indígena.

 Por: Marisol Rivera.

  ACN

 

Colombia tiene 87 comunidades indígenas distribuidas por el territorio nacional. De esta gran diversidad, hay un grupo indígena que marcó la era precolombina del país y que además, fue la etnia más importante para lo que ahora es Bogotá y su sabana, es decir, Tabio, Tenjo, Chía, Zipaquirá, Cogua, Nemocón, Soacha, Sesquilé,Guatavita, entre otros. Esta gran etnia es la Muisca.

Conocemos de los muiscas lo mismo que lo hacían los españoles que colonizaron nuestras tierras en el siglo XIV. Su cultura va más allá de la famosa leyenda del dorado, y aunque vivieron una gran exterminación, razón por la cual tenemos mayor componente europeo en nuestra sangre, hay unos aspectos que la sociedad bogotana debería retomar de ese 47% de sangre indígena que corre en sus venas.

  1. La mujer

En Bogotá, el año pasado se presentaron aproximadamente 8.000 casos de violencia física contra mujeres y unos 3.000 casos de violencia sexual. Pero, no siempre hemos vivido en una sociedad machista y patriarcal. Alguna vez, las mujeres no tenían que luchar por sus derechos y mucho menos eran abusadas.

En nuestro territorio hace varios siglos, los muiscas protegían a la mujer era considerada el centro del nacimiento de la cultura y se le protegía de cualquier ataque a su integridad física al punto de sacrificarse por ella, además, recibía un trato especial durante el embarazo, los primeros años de maternidad y su viudez.

No es por nada que nuestro gran municipio vecino se llame Chía, en honor a la diosa lunar Chía, y que en su cosmogonía se le atribuyera la creación del universo a la diosa madre Bachué.

 

 ACN

 

2. El lenguaje

 

Este aspecto no es necesario rescatarlo, puesto que usamos varias palabras muiscas cotidianamente sin darnos cuenta, por ejemplo, changua, chichi, curuba, uchuva, chuzo, compa. Aun así, es bueno reconocer que vienen de nuestra sangre indígena pero que, además, a algunas otras se le ha distorsionado su significado original. A continuación, algunas de ellas según el diccionario del Grupo de Investigación Muysccubun de la Universidad Nacional de Colombia.

 

  • Güeba. Una palabra muy cotidiana en el lenguaje de los jóvenes que significa “pendejo”, pero en realidad, viene de “ueba” que originalmente significa “extranjero” o “forastero”.
  • La famosa bebida en realidad se traduce “diarrea
  • Moza y Mona. No es la tercera en una relación ni una mujer rubia, sino “pasado mañana” y “antes de ayer”.
  • Es una mujer que es más bella que los colores del arcoíris.
  • Una mujer hermosa, princesa o guerrera, nada que ver con una mujer fácil o promiscua.
  • Guache. No es un hombre burdo o brusco, sino el guerrero defensor de su comunidad.
  • significa “la esposa, compañera de vida”.

 3. El agua

En Bogotá existen alrededor de 50 humedales que son fuentes de agua potable, hábitat de diversas especies de animales y mantienen en equilibrio el ambiente de la ciudad. Pero con el pasar de los años estos ecosistemas se han dañado al recibir residuos tóxicos y desechos, hasta han sido considerados como terrenos baldíos que se invaden para actividades económicas como la ganadería o la vivienda.

Lo mismo ocurre con el río más importante de Bogotá y su sabana, el río Bogotá el cual está altamente contaminado al recibir las aguas residuales de 18 municipios de la Sabana. Pero, tal vez si aplicáramos la cosmogonía de nuestros ancestros, los muisca, no estaríamos regando con estas aguas cultivos de apio, brócoli, repollo y lechuga, que a la final tendría altas concentraciones de metales como mercurio, cadmio, arsénico y plomo, esto según un estudio de la Universidad Nacional con apoyo de Colciencias.

Para los muiscas el agua es centro de su cosmogonía, es origen y destino, flujo y sostén cósmico de los órdenes de la realidad. Varias fuentes de agua, para nosotros son espacios naturales lugares para vacacionar, bañarse, pescar o lavar, pero, por el contrario, para ellos eran lugares “sagrados” de sumo respeto. En la sabana de Bogotá se encuentra una de las lagunas más importantes de la cultura muisca, la sagrada laguna de Guatavita, el espacio que dio lugar a la famosa leyenda del dorado.

 

ACN

“Antes de las pelucas y la casaca / fueron los ríos, ríos arteriales:

fueron las cordilleras, / fue la humedad y la espesura…

El hombre tierra fue vasija, forma de la arcilla, / fue piedra chibcha,

el idioma del agua fue enterrado, / las claves se perdieron

o se inundaron de silencio o sangre”

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