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Tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí

Sergio Amaya Barrios, un exmilitante de la Unión Patriótica que sobrevivió a la violencia política de finales del siglo XX en Colombia, relata su vida en las última tres décadas, ejerciendo la labor del reciclaje en las calles de Bogotá.

ACN

LA GRACIA DE LA VIDA

Bogotá, una ciudad llena de rascacielos inmensos que delimitan con una ruralidad innata geográficamente. Las extensas y vastas montañas bordean el costado oriental de la capital. La vista se ilumina con el verde de sus sierras al generar un contraste fascinante con respecto al blanco y gris de sus edificaciones, que prácticamente, se funden con el maravilloso cielo capitalino.

Mientras tanto, Sergio camina por una calle aledaña a la Plaza de Bolívar, en pleno centro de Bogotá. Una figura masculina ya con los signos de la madurez física se ve a lo lejos, y a medida que la distancia se acorta, aquella figura que yace encorvada tiene una perfecta alineación con la perspectiva de la calle décima. Una silueta que cojea, que lleva su pie derecho a rastras, con la fuerza y el rendimiento disminuido a causa de una enfermedad, consecuencia del duro trajinar para conseguir el sustento diario. Sin duda, la calle cobrando factura.

Sergio Amaya Barrios o ‘Youtube’ como es conocido por sus amigos del sector, conformado por policías, colegas del reciclaje y gente del común que han tenido el gusto de caminar por la Plaza de Bolívar y sus calles adyacentes. Esos mismos que podrán dar fiel testimonio de haberlo visto alguna vez, sin siquiera llegar a reconocerlo.

Sergio está próximo a cumplir su tercer decenio en la travesía del reciclaje, y desde el primer día, la palabra de aliento para darle un sentido a su forma de vida y como dice él ‘ayudado a aguar’ es el positivismo, ese término que sale de su boca falta de dientes, pero que articula argumentos claros, concisos de la forma más natural que cualquier otro reciclador podría tener.

ANTES DEL FIN

Es el octavo de nueve hermanos; seis hombres y tres mujeres. De familia clase media. Sergio es hijo de una maestra y un empleado judicial. Fue un 17 de julio del año 1961 que la capital lo vio nacer y a la par, que la vida le dio la bienvenida y lo acogió en su regazo, como años más tarde, lo haría la calle.

Con costumbres sanas y edificadoras, Sergio y sus hermanos fueron criados bajo el catolicismo. Celebraciones navideñas, semana santa, agosto de cometa y juegos luego del colegio; golosa, cinco huecos, estatua, trompo y otras actividades recreativas marcaban la agenda rutinaria de su infancia. Tareas que según él, hoy en día, se han perdido. El seno de una familia muy unida, que no permitía los conflictos entre hermanos, que velaba por tener un ambiente de paz, armonía y unión, fue lo que llevó a Sergio a ser la persona que es actualmente: sociable, educada y respetuosa.

TODO CAMBIA

Sergio, participó como dirigente estudiantil de la Universidad Pedagógica Nacional, misma donde cursaba la carrera de Historia y Geografía. Además, militante activo de la Unión Patriótica (UP), partido de ideologías comunistas. Un joven de 27 años con sueños y aspiraciones, ya estaba inmerso en el mundo de la política de una Colombia convulsionada que no lograba salir de su época de violencia y muerte.  Esas eran las labores que desempeñaba Sergio a principios de los años 90, mismas de las cuales, hasta el día de hoy, se siente orgulloso de recordar y mencionar, sacando pecho a la situación que alguna vez lo llevó al extremo.

Irónicamente, el potencial adolescente que defendía a capa y espada su ideología, no sabría que sexto semestre sería su última etapa académica. Su vida estaba por cambiar.

LA MALA HORA

Recordar lo hace fruncir el ceño, bajar saliva y pensar dos veces antes de esbozar alguna palabra. La transición de adolescente a adulto de Sergio Amaya Barrios no es para nada envidiable. Un día la violencia tocó a su puerta; un día la muerte pronunció su nombre.

La crueldad política y humana le llegó a Sergio una mañana. La Unión Patriótica, fue el partido político que más padeció la severidad del conflicto nacional a tal punto de tener consecuencias fatales; la extinción completa de su colectividad. Los casos más célebres, el asesinato de los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, sumándole la matanza de congresistas, diputados, alcaldes, concejales y activistas.

Así que, más pronto que tarde, le llegó el turno a Sergio. Mientras se dirigía de la Universidad Pedagógica a su casa, fue abordado por particulares que lo llevaron en carro hasta unas bodegas abandonadas a las afuera de la ciudad. Fue hostilizado, atentaron contra él, no solo de forma física sino mental y moral.

Tras un día y medio de secuestro y tortura, Sergio fue arrojado a la calle, con la mínima esperanza de sobrevivir. Catalogada por él mismo como la experiencia más desagradable en sus 55 años de vida. En poco más de 30 horas, fue objeto de un martirio extremo. Anduvo colgado, atado y vendado, recibió impactos con un bate de aluminio, lo que conllevó a fracturas en ambas piernas, su brazo izquierdo, el tabique y la pérdida de la vista del 80% en su ojo derecho, según el reporte entregado por Medicina Legal.

Luego de ser encontrado por su padre y colegas del partido, Sergio fue internado más de dos meses, donde recibió varias cirugías plásticas para la reconstrucción de su nariz, pómulos, labios y paladar. Ni la golpiza más vehemente le impide hoy sonreír.

Quince días más tarde y tras menos de dos semanas de rehabilitación en su hogar, Sergio volvió a ser blanco de amenazas, esta vez, más inclementes. La carta sentenciaba: ‘Tres días o es tu papá o tu mamá’.

ACN

TORMENTO

Luego de la coyuntural situación por la que atravesó Sergio, la vida solo le dio una alternativa si quería mantener su vida y velar por la de su familia. La calle, fue el refugio que encontró para apaciguar la corriente que venía con la firme intención de arrollarlo a él y a todo aquel que se pusiera en su camino, como la furia de un huracán que arrasa lo que encuentra a su paso.

Costaba dejar las ilusiones de algún día ejercer una vida política activa y de imaginar, que ahora estaba solo, que tendría que pasar por penurias, porque su familia no contaba con los recursos suficientes para exiliarlo. Ahora debía ser un camaleón, confundirse entre millones de rostros bogotanos, con la obligación de manejar un perfil bajo, una identidad nueva; Sergio Amaya Barrios, volvía a nacer. Esta vez no sería una cuna la que le diera satisfacción, esta vez, sería la acera fría, sucia, áspera y rígida, asimismo, el frío y el hambre quienes lo acompañarían en sus días como reciclador. Un radical cambio de vida.

EL TUNEL

Sur de la ciudad: Santa Isabel, San Andresito de San José, las dos primeras paradas en la nueva labor de Sergio. Costal en mano, visualización de canecas residuales y la labor ya era una realidad. La herramienta más importante del trabajo; la mano. Papel y cartón, los elementos más preciados en el mundo del reciclaje.

Sergio siempre le tuvo gran gusto al centro. Como universitario, solía visitar las bibliotecas del sector. Siempre le pareció que la capital, en donde está centralizado el poder ejecutivo, judicial, legislativo y moral de la Nación, era una mina de arte, cultura, arquitectura, pero más allá de lo que los ojos podían ver, era lo que los cinco sentidos podían percibir, la riqueza de su gente. Desde ese momento supo que su centro de operaciones y su nuevo hogar sería la localidad número 20 de Bogotá; La Candelaria.

Para Sergio, en esta zona, no existe la diferencia de ningún tipo. Es una constante convergencia de culturas, razas, etnias, ideologías políticas, estratos socioeconómicos y creencias religiosas. Tanto así, que tuvo afinidad con un musulmán residente que tarareaba el idioma español. Fueron amigos, hablaban, era una amistad que no necesitaba del lenguaje oral para poder comunicar, expresar y retroalimentar. Este tipo de personas, le enseñaron a Sergio la riqueza del ser humano, justo en el momento en que se dio cuenta que eso era lo que lo iba a salvar del caos.

TESTIMONIO DE VERANO

Bajo un sol sofocante, desbordado por el cielo bogotano, Sergio, frente al Colegio San Bartolomé, uno de los más antiguos de Latinoamérica, relata sus últimas décadas en la calle, y pese a que el trabajo le da la ganancia básica para poder pagar una pieza desde unos años para adelante, no deja de exponer lo dura y brutal que es la calle.

El robo de las empresas que compran los materiales es manifiesto. El peso es alterado. Así, se paga menos al reciclador por una cantidad alta de material. Sergio cuenta que se gana aproximadamente $2.000 por cada 20 kilos, transportando su costal verde deshilachado en su espalda con distancias que oscilan entre 20 y 25 cuadras, recolectando de forma continua durante cinco o más horas.

Detrás del reciclaje informal, hay abusos y ganancias que van más allá de lo económico. La posibilidad de transitar por las calles, de ser reconocido por vigilantes, trabajadores del sector, estudiantes, locales y foráneos a quienes puede compartirles sus conocimientos e historias. Este es un logro que para Sergio no tiene precio.

Es por esta razón que se denomina un guía alternativo. Idea que lo motiva a siempre estar atento de la agenda cultural que oferta la ciudad, para de esta manera, poder transmitirla a la gente que a diario se cruza en el camino, en busca de una moneda o un billete que le ayude a completar lo de la pieza. Una habitación sin muchos lujos ni comodidades. Algo elemental con qué arropar su cuerpo árido y debilitado luego de una jornada ardua de trabajo.

CONSTANTE BÚSQUEDA

Si bien, seis semestres de Historia y Geografía dejan muchos conocimientos, Sergio fue capaz, con una sinceridad y una humildad característica de él, de contar cómo reforzó lo que ya sabía y de igual forma la estrategia que utilizó para seguir aprendiendo. Sus lugares para recoger papel siempre fueron exclusivos, iba a los museos y casas de cultura del sector, en medio de lo que para los demás es basura, para Sergio fue una mina de conocimiento que brillaba exclusivamente para que él viera lo que nadie más era capaz de ver.  

A la hora de la clasificación del material, encontraba papelería, infografías, folletos, trípticos y otras publicidades informativas sobre exposiciones, muestras y  documentales. Confiesa que lo seducía tanto leer aquellos impresos que dejaba de lado el trabajo y se ponía en la labor, cómo cualquier erudito, de estudiar cada texto de principio a fin, hasta que el conocimiento se alojara en su mente, lo que le hacía tener un repertorio más amplio al autodenominado guía alternativo.

RAZÓN DE VIVIR

Sergio cuenta con algunos videos caseros en la red, hechos por estudiantes o por gente del común. Estos videos carecen de profundidad. Es por esto, que Sergio aceptó contar su historia, desde una perspectiva más humana; más sensible.

De allí nace el alias de ‘Youtube’, de la gran afluencia de visitas que han tenido los videos en donde él es el actor de reparto. Famoso por su frase ‘HP- Honorables Políticos’ en el cual hace una crítica al contexto político colombiano, tildando de corruptos a quienes son nada más y nada menos que sus vecinos. Esos personajes que visten de trajes de paño, que huelen bien y que salen en televisión, pero que son más peligrosos y dañinos que los mismos ñeros, según Sergio.

Un lema que repite es ‘prefiero echarme la mano al costal y no al bolsillo’. Una manera digna de ver el reciclaje como labor digna e imprescindible para el mantenimiento de los ecosistemas del mundo entero.

Sergio confiesa que siempre quiere seguir aprendiendo, que no solo es él quien le aporta a la gente, sino que siempre se queda con algo de las personas con las que simpatiza. Así como todos, tiene pasatiempos, puede sonar extraño, pero a Sergio le gusta ver televisión en la pieza donde vive. Le gusta Animal Planet y Disney. Los animalitos y los muñequitos, lo hacen olvidar la constante transición de emociones y sentimientos que se pueden vivir a diario bajo la piel de un reciclador. Un niño que todos tienen y se niega a salir, en este caso, no es la excepción.

Vive por la cultura. Cuando hay eventos importantes y gratuitos no desaprovecha la oportunidad, hace el esfuerzo de comprar su cuchilla de afeitar y rasurarse, peinarse bien, limpiarse la cara, el cuerpo y buscar entre su costal la mejor pinta para asistir a obras y exposiciones en los lugares más ricos culturalmente hablando, la última vez, en la Academia Colombiana de Historia, para presenciar la muestra de etnias chinas titulada ‘Máscaras y trajes entrañables’.

CONTRASTES

Sergio sostiene que ha sido víctima del abuso de la fuerza pública en las calles, pero que gracias a ese ejemplo responsable el cual le ha traído reconocimiento, la gente lo ve a él como esa avanzada para que la gente cambie la percepción del reciclador o habitante de calle. Sergio siente que es un ejemplo a seguir, y argumenta que debe mantener siempre su buen comportamiento, porque la gente no puede ver al ñero más popular de Youtube robando, siendo grosero, fumando o haciendo males, porque perderá la popularidad de la cual cree gozar y además la gente volverá a perder la fe.

Sorprende que, su cara exprese regocijo al recordar un suceso reciente en sus pilatunas callejeras. Para él, fue inédito poder haber mantenido una conversación de más de un cuarto de hora con un grupo de policías que se acercaron a felicitarlo por su video en la red. ‘Yo, yo, un izquierdoso hablando con la Policía como seres humanos. Que digan que uno es un buen hombre, eso es lindo’.

Sergio es un charlador natural, su lenguaje refinado, asertivo y concreto, le dan esa dimensión de intimidad y familiaridad. Unos ojos cafés claros que son capaces de proyectar la tragedia y la humillación, pero que al mismo tiempo logran transmitir esa paz, fe y esperanza de lograr, en un futuro no muy lejano, ver sus sueños plasmados.

SOLO CON CIENTOS AL REDEDOR

Sergio no tiene contacto con ninguno de sus familiares desde hace más de 6 años. Sin embargo, tiene claro en su mente los recuerdos de esos pequeños a los que llamaba sobrinos y guarda la esperanza, de algún día, volver a verlos.

Según cifras de la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS), en Bogotá hay una población de 9.000 personas habitantes de calle, de estas, el 47% se dedican al reciclaje, 18% a la mendicidad y el 5% a la delincuencia. Existen programas en la actualidad que velan por la seguridad de ellos. Móviles por los principales puntos les ofrecen alimento, salud y terapias. Sergio es un reciclador independiente, no está afiliado a la Asociación de Recicladores de Bogotá (ARB).

Sin embargo, no pierde la esperanza de en algunos años, poder ser el artífice de un proyecto por la vida digna del reciclador, para que no se sienta parte de la basura, sino una persona que selecciona lo que sirve en pro de la conservación de la vida natural del planeta.

SIN EMBARGO ESTOY AQUÍ

Tantas veces me mataron, 
tantas veces me morí, 
sin embargo estoy aquí.

[…]

Cantando al sol
como la cigarra, 
después de un año 
bajo la tierra, 
igual que sobreviviente 
que vuelve de la guerra.

Esos son los fragmentos más representativos de la canción favorita de Sergio, titulada ‘Como la cigarra’ de Mercedes Sosa. Obra que canta con una afinación natural, tan espontáneo que su mano lleva el ritmo de la melodía, y que tal vez aún, lleva en sus pupilas dilatadas, lágrimas que esta vez, no quisieron salir.

ACN

Por: David Felipe Arévalo H.

ACTUALIDAD

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Tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí

Sergio Amaya Barrios, un exmilitante de la Unión Patriótica que sobrevivió a la violencia política de finales del siglo XX en Colombia, relata su vida en las última tres décadas, ejerciendo la labor del reciclaje en las calles de Bogotá.

ACN

LA GRACIA DE LA VIDA

Bogotá, una ciudad llena de rascacielos inmensos que delimitan con una ruralidad innata geográficamente. Las extensas y vastas montañas bordean el costado oriental de la capital. La vista se ilumina con el verde de sus sierras al generar un contraste fascinante con respecto al blanco y gris de sus edificaciones, que prácticamente, se funden con el maravilloso cielo capitalino.

Mientras tanto, Sergio camina por una calle aledaña a la Plaza de Bolívar, en pleno centro de Bogotá. Una figura masculina ya con los signos de la madurez física se ve a lo lejos, y a medida que la distancia se acorta, aquella figura que yace encorvada tiene una perfecta alineación con la perspectiva de la calle décima. Una silueta que cojea, que lleva su pie derecho a rastras, con la fuerza y el rendimiento disminuido a causa de una enfermedad, consecuencia del duro trajinar para conseguir el sustento diario. Sin duda, la calle cobrando factura.

Sergio Amaya Barrios o ‘Youtube’ como es conocido por sus amigos del sector, conformado por policías, colegas del reciclaje y gente del común que han tenido el gusto de caminar por la Plaza de Bolívar y sus calles adyacentes. Esos mismos que podrán dar fiel testimonio de haberlo visto alguna vez, sin siquiera llegar a reconocerlo.

Sergio está próximo a cumplir su tercer decenio en la travesía del reciclaje, y desde el primer día, la palabra de aliento para darle un sentido a su forma de vida y como dice él ‘ayudado a aguar’ es el positivismo, ese término que sale de su boca falta de dientes, pero que articula argumentos claros, concisos de la forma más natural que cualquier otro reciclador podría tener.

ANTES DEL FIN

Es el octavo de nueve hermanos; seis hombres y tres mujeres. De familia clase media. Sergio es hijo de una maestra y un empleado judicial. Fue un 17 de julio del año 1961 que la capital lo vio nacer y a la par, que la vida le dio la bienvenida y lo acogió en su regazo, como años más tarde, lo haría la calle.

Con costumbres sanas y edificadoras, Sergio y sus hermanos fueron criados bajo el catolicismo. Celebraciones navideñas, semana santa, agosto de cometa y juegos luego del colegio; golosa, cinco huecos, estatua, trompo y otras actividades recreativas marcaban la agenda rutinaria de su infancia. Tareas que según él, hoy en día, se han perdido. El seno de una familia muy unida, que no permitía los conflictos entre hermanos, que velaba por tener un ambiente de paz, armonía y unión, fue lo que llevó a Sergio a ser la persona que es actualmente: sociable, educada y respetuosa.

TODO CAMBIA

Sergio, participó como dirigente estudiantil de la Universidad Pedagógica Nacional, misma donde cursaba la carrera de Historia y Geografía. Además, militante activo de la Unión Patriótica (UP), partido de ideologías comunistas. Un joven de 27 años con sueños y aspiraciones, ya estaba inmerso en el mundo de la política de una Colombia convulsionada que no lograba salir de su época de violencia y muerte.  Esas eran las labores que desempeñaba Sergio a principios de los años 90, mismas de las cuales, hasta el día de hoy, se siente orgulloso de recordar y mencionar, sacando pecho a la situación que alguna vez lo llevó al extremo.

Irónicamente, el potencial adolescente que defendía a capa y espada su ideología, no sabría que sexto semestre sería su última etapa académica. Su vida estaba por cambiar.

LA MALA HORA

Recordar lo hace fruncir el ceño, bajar saliva y pensar dos veces antes de esbozar alguna palabra. La transición de adolescente a adulto de Sergio Amaya Barrios no es para nada envidiable. Un día la violencia tocó a su puerta; un día la muerte pronunció su nombre.

La crueldad política y humana le llegó a Sergio una mañana. La Unión Patriótica, fue el partido político que más padeció la severidad del conflicto nacional a tal punto de tener consecuencias fatales; la extinción completa de su colectividad. Los casos más célebres, el asesinato de los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, sumándole la matanza de congresistas, diputados, alcaldes, concejales y activistas.

Así que, más pronto que tarde, le llegó el turno a Sergio. Mientras se dirigía de la Universidad Pedagógica a su casa, fue abordado por particulares que lo llevaron en carro hasta unas bodegas abandonadas a las afuera de la ciudad. Fue hostilizado, atentaron contra él, no solo de forma física sino mental y moral.

Tras un día y medio de secuestro y tortura, Sergio fue arrojado a la calle, con la mínima esperanza de sobrevivir. Catalogada por él mismo como la experiencia más desagradable en sus 55 años de vida. En poco más de 30 horas, fue objeto de un martirio extremo. Anduvo colgado, atado y vendado, recibió impactos con un bate de aluminio, lo que conllevó a fracturas en ambas piernas, su brazo izquierdo, el tabique y la pérdida de la vista del 80% en su ojo derecho, según el reporte entregado por Medicina Legal.

Luego de ser encontrado por su padre y colegas del partido, Sergio fue internado más de dos meses, donde recibió varias cirugías plásticas para la reconstrucción de su nariz, pómulos, labios y paladar. Ni la golpiza más vehemente le impide hoy sonreír.

Quince días más tarde y tras menos de dos semanas de rehabilitación en su hogar, Sergio volvió a ser blanco de amenazas, esta vez, más inclementes. La carta sentenciaba: ‘Tres días o es tu papá o tu mamá’.

ACN

TORMENTO

Luego de la coyuntural situación por la que atravesó Sergio, la vida solo le dio una alternativa si quería mantener su vida y velar por la de su familia. La calle, fue el refugio que encontró para apaciguar la corriente que venía con la firme intención de arrollarlo a él y a todo aquel que se pusiera en su camino, como la furia de un huracán que arrasa lo que encuentra a su paso.

Costaba dejar las ilusiones de algún día ejercer una vida política activa y de imaginar, que ahora estaba solo, que tendría que pasar por penurias, porque su familia no contaba con los recursos suficientes para exiliarlo. Ahora debía ser un camaleón, confundirse entre millones de rostros bogotanos, con la obligación de manejar un perfil bajo, una identidad nueva; Sergio Amaya Barrios, volvía a nacer. Esta vez no sería una cuna la que le diera satisfacción, esta vez, sería la acera fría, sucia, áspera y rígida, asimismo, el frío y el hambre quienes lo acompañarían en sus días como reciclador. Un radical cambio de vida.

EL TUNEL

Sur de la ciudad: Santa Isabel, San Andresito de San José, las dos primeras paradas en la nueva labor de Sergio. Costal en mano, visualización de canecas residuales y la labor ya era una realidad. La herramienta más importante del trabajo; la mano. Papel y cartón, los elementos más preciados en el mundo del reciclaje.

Sergio siempre le tuvo gran gusto al centro. Como universitario, solía visitar las bibliotecas del sector. Siempre le pareció que la capital, en donde está centralizado el poder ejecutivo, judicial, legislativo y moral de la Nación, era una mina de arte, cultura, arquitectura, pero más allá de lo que los ojos podían ver, era lo que los cinco sentidos podían percibir, la riqueza de su gente. Desde ese momento supo que su centro de operaciones y su nuevo hogar sería la localidad número 20 de Bogotá; La Candelaria.

Para Sergio, en esta zona, no existe la diferencia de ningún tipo. Es una constante convergencia de culturas, razas, etnias, ideologías políticas, estratos socioeconómicos y creencias religiosas. Tanto así, que tuvo afinidad con un musulmán residente que tarareaba el idioma español. Fueron amigos, hablaban, era una amistad que no necesitaba del lenguaje oral para poder comunicar, expresar y retroalimentar. Este tipo de personas, le enseñaron a Sergio la riqueza del ser humano, justo en el momento en que se dio cuenta que eso era lo que lo iba a salvar del caos.

TESTIMONIO DE VERANO

Bajo un sol sofocante, desbordado por el cielo bogotano, Sergio, frente al Colegio San Bartolomé, uno de los más antiguos de Latinoamérica, relata sus últimas décadas en la calle, y pese a que el trabajo le da la ganancia básica para poder pagar una pieza desde unos años para adelante, no deja de exponer lo dura y brutal que es la calle.

El robo de las empresas que compran los materiales es manifiesto. El peso es alterado. Así, se paga menos al reciclador por una cantidad alta de material. Sergio cuenta que se gana aproximadamente $2.000 por cada 20 kilos, transportando su costal verde deshilachado en su espalda con distancias que oscilan entre 20 y 25 cuadras, recolectando de forma continua durante cinco o más horas.

Detrás del reciclaje informal, hay abusos y ganancias que van más allá de lo económico. La posibilidad de transitar por las calles, de ser reconocido por vigilantes, trabajadores del sector, estudiantes, locales y foráneos a quienes puede compartirles sus conocimientos e historias. Este es un logro que para Sergio no tiene precio.

Es por esta razón que se denomina un guía alternativo. Idea que lo motiva a siempre estar atento de la agenda cultural que oferta la ciudad, para de esta manera, poder transmitirla a la gente que a diario se cruza en el camino, en busca de una moneda o un billete que le ayude a completar lo de la pieza. Una habitación sin muchos lujos ni comodidades. Algo elemental con qué arropar su cuerpo árido y debilitado luego de una jornada ardua de trabajo.

CONSTANTE BÚSQUEDA

Si bien, seis semestres de Historia y Geografía dejan muchos conocimientos, Sergio fue capaz, con una sinceridad y una humildad característica de él, de contar cómo reforzó lo que ya sabía y de igual forma la estrategia que utilizó para seguir aprendiendo. Sus lugares para recoger papel siempre fueron exclusivos, iba a los museos y casas de cultura del sector, en medio de lo que para los demás es basura, para Sergio fue una mina de conocimiento que brillaba exclusivamente para que él viera lo que nadie más era capaz de ver.  

A la hora de la clasificación del material, encontraba papelería, infografías, folletos, trípticos y otras publicidades informativas sobre exposiciones, muestras y  documentales. Confiesa que lo seducía tanto leer aquellos impresos que dejaba de lado el trabajo y se ponía en la labor, cómo cualquier erudito, de estudiar cada texto de principio a fin, hasta que el conocimiento se alojara en su mente, lo que le hacía tener un repertorio más amplio al autodenominado guía alternativo.

RAZÓN DE VIVIR

Sergio cuenta con algunos videos caseros en la red, hechos por estudiantes o por gente del común. Estos videos carecen de profundidad. Es por esto, que Sergio aceptó contar su historia, desde una perspectiva más humana; más sensible.

De allí nace el alias de ‘Youtube’, de la gran afluencia de visitas que han tenido los videos en donde él es el actor de reparto. Famoso por su frase ‘HP- Honorables Políticos’ en el cual hace una crítica al contexto político colombiano, tildando de corruptos a quienes son nada más y nada menos que sus vecinos. Esos personajes que visten de trajes de paño, que huelen bien y que salen en televisión, pero que son más peligrosos y dañinos que los mismos ñeros, según Sergio.

Un lema que repite es ‘prefiero echarme la mano al costal y no al bolsillo’. Una manera digna de ver el reciclaje como labor digna e imprescindible para el mantenimiento de los ecosistemas del mundo entero.

Sergio confiesa que siempre quiere seguir aprendiendo, que no solo es él quien le aporta a la gente, sino que siempre se queda con algo de las personas con las que simpatiza. Así como todos, tiene pasatiempos, puede sonar extraño, pero a Sergio le gusta ver televisión en la pieza donde vive. Le gusta Animal Planet y Disney. Los animalitos y los muñequitos, lo hacen olvidar la constante transición de emociones y sentimientos que se pueden vivir a diario bajo la piel de un reciclador. Un niño que todos tienen y se niega a salir, en este caso, no es la excepción.

Vive por la cultura. Cuando hay eventos importantes y gratuitos no desaprovecha la oportunidad, hace el esfuerzo de comprar su cuchilla de afeitar y rasurarse, peinarse bien, limpiarse la cara, el cuerpo y buscar entre su costal la mejor pinta para asistir a obras y exposiciones en los lugares más ricos culturalmente hablando, la última vez, en la Academia Colombiana de Historia, para presenciar la muestra de etnias chinas titulada ‘Máscaras y trajes entrañables’.

CONTRASTES

Sergio sostiene que ha sido víctima del abuso de la fuerza pública en las calles, pero que gracias a ese ejemplo responsable el cual le ha traído reconocimiento, la gente lo ve a él como esa avanzada para que la gente cambie la percepción del reciclador o habitante de calle. Sergio siente que es un ejemplo a seguir, y argumenta que debe mantener siempre su buen comportamiento, porque la gente no puede ver al ñero más popular de Youtube robando, siendo grosero, fumando o haciendo males, porque perderá la popularidad de la cual cree gozar y además la gente volverá a perder la fe.

Sorprende que, su cara exprese regocijo al recordar un suceso reciente en sus pilatunas callejeras. Para él, fue inédito poder haber mantenido una conversación de más de un cuarto de hora con un grupo de policías que se acercaron a felicitarlo por su video en la red. ‘Yo, yo, un izquierdoso hablando con la Policía como seres humanos. Que digan que uno es un buen hombre, eso es lindo’.

Sergio es un charlador natural, su lenguaje refinado, asertivo y concreto, le dan esa dimensión de intimidad y familiaridad. Unos ojos cafés claros que son capaces de proyectar la tragedia y la humillación, pero que al mismo tiempo logran transmitir esa paz, fe y esperanza de lograr, en un futuro no muy lejano, ver sus sueños plasmados.

SOLO CON CIENTOS AL REDEDOR

Sergio no tiene contacto con ninguno de sus familiares desde hace más de 6 años. Sin embargo, tiene claro en su mente los recuerdos de esos pequeños a los que llamaba sobrinos y guarda la esperanza, de algún día, volver a verlos.

Según cifras de la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS), en Bogotá hay una población de 9.000 personas habitantes de calle, de estas, el 47% se dedican al reciclaje, 18% a la mendicidad y el 5% a la delincuencia. Existen programas en la actualidad que velan por la seguridad de ellos. Móviles por los principales puntos les ofrecen alimento, salud y terapias. Sergio es un reciclador independiente, no está afiliado a la Asociación de Recicladores de Bogotá (ARB).

Sin embargo, no pierde la esperanza de en algunos años, poder ser el artífice de un proyecto por la vida digna del reciclador, para que no se sienta parte de la basura, sino una persona que selecciona lo que sirve en pro de la conservación de la vida natural del planeta.

SIN EMBARGO ESTOY AQUÍ

Tantas veces me mataron, 
tantas veces me morí, 
sin embargo estoy aquí.

[…]

Cantando al sol
como la cigarra, 
después de un año 
bajo la tierra, 
igual que sobreviviente 
que vuelve de la guerra.

Esos son los fragmentos más representativos de la canción favorita de Sergio, titulada ‘Como la cigarra’ de Mercedes Sosa. Obra que canta con una afinación natural, tan espontáneo que su mano lleva el ritmo de la melodía, y que tal vez aún, lleva en sus pupilas dilatadas, lágrimas que esta vez, no quisieron salir.

ACN

Por: David Felipe Arévalo H.

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