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    Crónica: El lenguaje de la depresión

    Por: Nicole Fajardo

    Me levanto este soleado domingo después de una racha horrible de pesadillas que son habituales para mí.

    Generalmente me despertaba a revisar mis mensajes en whatsapp, pero lo primero que se me cruzó por la cabeza fue esa horrenda reunión para un trabajo grupal que lleva ya un mes quitándome la poca estabilidad mental que tengo.

    El lenguaje de la depresión 1Sin embargo, me levanté 10 minutos antes de las 11 hora puntual a la que empezaría la reunión, pude ir a desayunar, pero claramente una persona como yo decidió leer un Manhua nombre con que se designa a la historieta o cómic en China y Taiwán.

    Aproveché que leí un capítulo en unos escasos tres minutos me dirigí a cepillarme los dientes, lavarme la cara y abrir la pantalla de mi computador el cual jamás apago por preocupación de que se prenda muy lentamente.

    Ingresé a la sesión en Google meet, la imagen de esa pagina de reuniones virtuales ya me provoca algo de fastidio a este punto, sin embargo, no se compara al fastidio que me daba estar sentada en los salones de clase escuchando las voces y sintiendo nervios constantes.

    Ingreso a la reunión, espero que mis compañeros de grupo expongan su punto al colectivo con el que trabajamos, no puedo concentrarme así que simplemente reviso mis redes sociales mientras todo aquello que oigo, solo pasa de oido a oido, todo suena extremadamente repetitivo y sin sentido.

    Orbito entre las aplicaciones de mi celular, Facebook, Tiktok y Twitter, todo con el fin de ver cosas sobre gente que me producen más interés que la aburrida reunión.

    Una vez terminada la reunión, decido recostarme otro rato a leer el mismo Manhua, francamente las historias ficticias parecen más gratificantes que la realidad.

    Nunca fui una persona que saliera de casa a no ser que fuera a la universidad así que el único cambio notorio es que ya no tengo ataques de pánico que me impidan entrar de una manera tranquila a mis clases.

    Me levanto a desayunar a las 2 de la tarde porque como muchas personas de mi generación, perdí el control de mi vida. Como con desagrado el plato de frutas que mi madre cariñosamente hizo para mi (porque hace mucho disfruto muy poco de la comida, lo que es solo un síntoma de mi depresión).

    Pienso en cómo escribiré una crónica si no me interesa nada que no sea dibujar, leer (únicamente cómics asiáticos), ver videos en YouTube y rondar de aplicación en aplicación.

    Descarté la idea de entrevistar a alguien por el vértigo injustificado que me da cuando tan siquiera me planteo interactuar con desconocidos, termino pensando en que elegí muy mal mi carrera, debí dedicarme a las artes.

    Rápidamente caigo en cuenta de que ya perdí una hora de las que tengo destinadas a hacer trabajos (mi vida la controlan un montón de alarmas que me dicen que debo hacer en qué momento) justo en ese momento me vuelvo a acostar porque al parecer no soy capaz de hacer nada.

    Pienso en como plantean a los jóvenes como si fuésemos a cambiar el mundo, pero realmente muchos estamos deprimidos y ansiosos por un mundo que cada vez parece tener menos futuro, de hecho, el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años, nada de eso suena esperanzador.

    El lenguaje de la depresión 3

    Suena una nueva alarma que me indica que debo hacer ejercicio, dicen que el ejercicio libera serotonina, pero hasta el momento lo único que me ha producido es decepciones y muchísimas más ganas de morir.

    A las 4 de la tarde, me di una ducha, me vestí y me senté en mi computador nuevamente, esta vez la alarma me indicaba que debía dibujar. cuando no estoy pasando por un episodio de improductividad puedo dibujar sin sentir que no vale la pena.

     

    Me levanté justo cuando mi alarma sonó, anunciaba mi tiempo libre, así que la apague y dirigí mi mente a buscar cosas para entretenerme, no puedo permitirme no hacer algo así que sin moverme de mi mesa me dispuse jugar con amigos.

    Todos se fueron a dormir, al parecer la gente tiene un fetiche con meter sus clases los lunes a las 6 de la mañana, para mi es muy difícil pensar en no dormir 10 horas al día.

    Me dispuse a acostarme a ver videos en mi celular de 12 de la noche a 3 de la mañana, solo así mi cerebro se permite dormir, eso sí, sin permitirme descansar de nuevo, porque las pesadillas de la noche vienen para atormentarme nuevamente.

    Para saber más sobre la depresión, encuentre aquí un audio oficial de la OMS: el lenguaje de la depresión.

    El lenguaje de la depresión 2

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