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    Programa de investigación

    ACNEn los últimos años el Departamento de Comunicación Social y Periodismo ha participado de las discusiones que han dado forma a la política de investigación de la Universidad Central, el Programa de investigación de la Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Arte (FCSHA). Los anteriores procesos han sido fundamentales para el diseño del programa de investigación del Departamento, el cual parte de comprender la investigación como “una actividad que contribuye a los procesos de producción de conocimiento desde una perspectiva contextualizada en los problemas de nuestras sociedades, y que vela por que la educación no se entienda como una simple forma de reproducción intelectual, asegurando que sus egresados sean profesionales competentes, autónomos, íntegros, creativos, y capaces de responder de manera idónea a las demandas sociales” (Consejo Superior Universidad Central, 2015: 2). Lo anterior supone comprender la investigación como una práctica compleja, en la que se ponen en juego procesos de producción de conocimiento sobre una realidad que se encuentra en constante transformación, sino también supone que es una práctica estrechamente ligada con la formación de profesionales críticos. 

    Como punto de partida, se propone revisar la noción misma de práctica, ya que esta se ponen en juego los registros del hacer y del decir. En este sentido, Santiago Castro-Gómez señala que las prácticas guardan una profunda relación con el asunto del poder, por lo que es necesario reconocer que la investigación está inscrita en un complejo entramado de relaciones de poder, asumidas como una serie de acciones sobre acciones.

    Por práctica Foucault se refiere a lo que los hombres realmente hacen cuando hablan o cuando actúan. Es decir, las prácticas no son expresión de algo que esté "detrás" de lo que se hace (el pensamiento, el inconsciente, la ideología o la mentalidad), sino que son siempre manifiestas; no remiten a algo fuera de ellas que las explique, sino que su sentido es inmanente. (Castro-Gómez, 2010: 28)

    Desde esta perspectiva, la pregunta por la investigación implica revisar los discursos que elaboramos cuando hablamos de investigación, pero también las formas en las acciones que desarrollamos cuando hacemos investigación. Por lo que el presente documento presenta dos momentos claves en la discusión, el primero corresponde a la presentación de un conjunto de nodos de investigación que se han construido desde las líneas de profundización del departamento (el registro del decir). El segundo momento expresa la estructura orgánica de la investigación en el Departamento y su relación con otras unidades académicas, la cual garantiza las condiciones del hacer investigación.

    4.1 PENSAR EL INVESTIGACIÓN EN  EL CAMPO DE LA COMUNICACIÓN

    El presente documento busca desplegar algunos de los núcleos de investigación que se han configurado a partir de los asuntos que se proponen en las líneas de profundización del programa de Comunicación Social y Periodismo. La actividad investigativa se concibe como una práctica en la que se pone de presente el carácter cambiante de la realidad social, en el que el investigador se acerca a la teoría como una caja de herramientas que permite comprender la realidad cambiante. El documento parte de comprender la comunicación como un campo de conocimiento que tiene por objeto “la creación de sentido y la producción de medios que impactan lo sensible y transforman la subjetividad” (Definición del campo de estudio; PAP capítulo 1). En este particular, el sentido expresa una relación y, por lo tanto, es exterior a los términos; se produce en el choque entre los enunciados y los cuerpos, pero no forma parte de ninguno de los dos. Lo anterior sitúa las preguntas y las reflexiones de la comunicación en la dimensión estética, al cuestionar los procesos mediante los cuales se impacta la sensibilidad y se piensan las diversas relaciones que dan forma a los sujetos y a los cuerpos colectivos. Las preguntas de investigación propias de la comunicación están articuladas con un compromiso ético y político que está íntimamente ligado con la afirmación de la vida.

    Pensar la sensibilidad y su potencialidad para transformar el mundo social,  hace de la investigación una práctica que le permite entender las experiencias que nos constituyen como sociedad y como sujetos. Por lo anterior, el conjunto de actividades y actitudes que configuran a la investigación dan forma a  un cruce de caminos, en el que diferentes agentes intercambian saberes para potencializar la reflexión; de ahí que los procesos de construcción de conocimiento sobre la realidad son un espacio abierto y participativo, que lanza un desafío a los investigadores de las ciencias sociales, que en palabras de Zemelman “ sería el de asomarse a lo desconocido, esto es, de impulsar a pensar y explorar a lo no dado. Lo importante de destacar es que este asomarse se corresponde con tener que asumirse como sujeto”  (Zemelman, 2002:15). Desde esta perspectiva, la investigación es una forma de construir conocimiento a partir de una mirada crítica, que cuestiona la realidad en la que vivimos y que impulsa al investigador a asomarse al mundo.

    Lo anterior implica comprender la investigación como una práctica intelectual y crítica que busca hacer visibles los procedimientos mediante los cuales se gesta la realidad, pero también denunciar las relaciones de poder que penetran los cuerpos, hecho que visibiliza, invisibiliza, normaliza y legitima ciertos ordenes sociales. La investigación permite movilizar el pensamiento y las ideas con el fin de componer un cuerpo de conocimiento que propicia procesos de transformación social y convoca las fuerzas más creativas de los sujetos, haciendo del acto de investigar una actividad propia del pensamiento; de ahí que se articula a preguntas asociadas a la verdad y los efectos que este tiene sobre los sujetos y las sociedades. Pensar la investigación en comunicación desde su dimensión estética implica generar formas de conocimiento, preguntas y metodologías que pongan en entre dicho los saberes universalistas; implica diseñar aparatajes conceptuales y metodológicos que permitan dar forma a cuerpos analíticos que evidencien la heterogeneidad que conforma la aparente homogeneidad de explicaciones unitarias y totalizadoras de la ciencia tradicional; una mirada crítica que cuestione las temporalidades y espacialidades que legitiman los órdenes sociales.

    Dado el objeto de estudio que elabora el Departamento de Comunicación Social y Periodismo, se propone la hermenéutica como punto de encuentro entre las líneas de trabajo y las categorías de texto, contexto, historicidad, mediación  y lenguaje. El texto comprendido como metáfora viva  a través del cual el discurso libera el poder desde ciertas ficciones que reescriben la realidad,  (Ricoeur,1975) se ubica en un contexto u horizonte histórico (Gadamer, 1996) que entrecruza un eje diacrónico  de los  medios, imaginarios, hábitos y costumbres con un eje sincrónico que interpreta  las lógicas de producción, los usos y apropiaciones que los sujetos hacen de los discursos (Martín-Barbero, 1998).

    La articulación de estos dos ejes permite entender la historicidad y por ende la cultura como un proceso en equilibrio dinámico entre tradición y actualización.  Estos ejes hacen referencia a la articulación entre sentido y significación. El sentido es el que nos remite a un contexto más amplio, enraizado en procesos históricos, mientras que la significación se refiere al nivel semántico del contexto más inmediato (Cuervo, 2002). Es precisamente en este entrecruzamiento de los ejes diacrónico y sincrónico, donde se encuentran las mediaciones, que aportan elementos claves para la interpretación de las acciones y tradiciones que nos conectan y vinculan con nosotros mismos y la vida cotidiana.

    La mediación como síntesis antropológica al conjugar al hombre desde lo  ético y lo político (Ricoeur, 1964), inicia procesos de reconocimiento de la percepción y del mundo para crear reflexiones sobre miradas de lo lúdico, lo mítico, lo público y lo estético que desde múltiples lenguajes, abren la estética más allá del arte, de la noción de lo bello hacia lo sensible.

    "Una estética que sea válida tanto para el pasado remoto como para los fenómenos contemporáneos, tanto para los pueblos que hoy en día viven aún en condiciones arcaicas y tradicionales, como para los de los países altamente industrializados, cuya cultura se apodera cada vez más de una enorme herencia estética universal, incluyendo lo no occidental; una estética que por lo tanto sea capaz de comprender en su especificidad los fenómenos complejos y múltiples en su estructura que resulten del mestizaje cultural" (Bámbula,J., 1988, p.p.56.).

    Unido a lo estético, lo lúdico como equilibrio entre lo formal y lo sensible (Schiller, 1990) propone, recrea, imagina y explora, se une al mito como forma de simbolización  autónoma que da cuenta de una realidad y una cosmovisión. Retomar la noción de mito desde el reconocimiento es tomar conciencia de lenguajes y conocimientos que se integran desde las narrativas en las diversas identidades y constituciones del mundo. Por lo tanto, éste no puede ser conceptualizado como acabado o cosificado, sino como  productor de sucesivas formalizaciones.

    El espíritu iniciado en el secreto de los mitos es “el espíritu de nuestra razón histórica” (Gadamer, 1996, Pag. 123) que aporta a que la conciencia mítica ofrezca la dinámica total de la conciencia humanizadora.

    En este sentido, la hermenéutica en su búsqueda interpretativa del sí mismo, del otro y del texto en contexto, plantea la preocupación por el sentido desde la ontología que configura narrativamente al sujeto en el espíritu de la polis, donde la ética forma al ciudadano para el juicio político y la construcción de la sociedad. El ser político hermenéutico, en permanente renacimiento pluridimensional, apunta a la construcción de la paz pública que es la posibilidad de  continuar el discurso en el orden tranquilo de la sabiduría política de la Paideia (Ricœur, 1999), propuesta que nos  lleva  a vivir en comunidad como parte del  ejercicio del poder en el que el ciudadano es admitido en la jurisdicción y en la deliberación desde  la participación en el poder público” (Ricœur, 1990)

    Las preguntas por la comunicación se convierten en un esfuerzo por comprender la vida, así como el encuentro con el otro. Por lo anterior, en las preguntas que dan forma a los siguientes nodos de investigación, son fundamentales las relaciones en sí mismas, pues los actores pasan a ser definidos por éstas y no a la inversa. Los nodos problemáticos que se presentan a continuación buscan configurarse como las coordenadas para pensar y cuestionar los procesos de construcción de sentido que afectan la vida de los sujetos y la vida en colectivo, al igual que repensar los procesos de producción que impactan lo sensible. Las preguntas planteadas en el Departamento se constituyen en una acción reflexiva, en una invitación para los investigadores, docentes y estudiantes para cuestionar sus propias existencias y la realidad en la que viven. A continuación se presentan los nodos de investigación, que se originan a partir de cada una de las líneas de profundización del programa.

    4.4.1 Línea de Comunicación y poder

    Se enfoca en la construcción narrativa y visual de lo social, como alternativa a los modelos más tradicionales para pensar la  comunicación. Las discusiones de esta línea giran en torno a cuatro acontecimientos fundamentales: ficcionar, semiotizar, alterizar y gestionar, los cuales ponen en evidencia cómo las formas en las que se cuenta el mundo están articuladas con un conjunto de relaciones de poder, hecho que construye realidades pero a la vez abre la posibilidad de transformarla. Los acontecimientos de esta línea ponen en evidencia la complicidad entre la imagen, los discursos y las relaciones de poder, pero a la vez, abren un espacio para construir líneas de fuga a partir de prácticas que convocan la creatividad y la imaginación.

    Nodo 1: Comunicación, mediaciones y poderes

    El nodo se comprende desde las finalidades de la línea de profundización en Comunicación y Poder, que busca incrementar la interdisciplinariedad y flexibilidad e intensificar la formación integral a partir de la selección de temas y problemas en relación con: la cultura, la identidad y la memoria, contemplando un contexto de conflicto y posconflicto desde los ámbitos de la economía, la política y las TIC; ciudadanía y democracia, vinculados a reflexiones desde la comunicación en Colombia y América Latina. Esta línea trabaja desde tres ejes:

    1. La tensión inclusión – exclusión,
    2. Democracia y movimientos sociales
    3. La tensión conflicto- posconflicto.

    Se parte de un ser político que continúa la sabiduría de la Paideia (Ricœur, 1999)desde textos o discursos liberadores (Ricoeur, 1975)  generados en un contexto historicista.Estos discursos generan desde la estética como dinámica cultural  (Bámbula, J., 1988) y del lenguaje como medio de comprensión (Gadamer, 1996), prácticas de poder que se preguntan por “la creación de sentido, vinculada con la producción de medios que impactan lo sensible y transforma la subjetividad” (PAP, 2014). Desde este escenario, se abre la perspectiva del ciudadano que, desde la participación en el poder público (Ricœur, 1990), es atravesado por la categoría de las mediaciones, vinculando al sujeto político consigo mismo, los otros y la vida cotidiana.

    La mediación como síntesis antropológica al conjugar al hombre con lo  ético y lo político (Ricoeur, 1964), inicia procesos de reconocimiento y comprensión que desde el lenguaje, el texto y lo estético ayudan a interpretar un  diálogo indispensable entre la filosofía y la comunicación, para abrir  la reflexión del poder desde la comunicación.

    La comunicación vista como construcción de sentido y espacio estratégico, abre  la pregunta por la cultura como la gran mediadora de todo proceso de producción comunicativa (Martín-Barbero 1998b); desde la comunicación, se comprenden e interpretan las interconexiones entre las lógicas de poder, la historicidad, los productos creados desde lo simbólico o tecnológico y los usos y apropiaciones que los sujetos hacen de ellos (Martín-Barbero 1998b).

    Las mediaciones, que en términos de García Canclini (1995) son indispensables para obtener recursos culturales o comunicacionales que fomenten los encuentros vivos, se abren como instancias desde las cuales los significados y sentidos que los sujetos generan y producen son producidos y apropiados  (Martín-Barbero 1998b).

    El discurso comunicativo desde las mediaciones implica preguntarse por los bienes culturales que desde su valor simbólico se encuentran en una jerarquía establecida por el poder; también, por las lógicas de producción que convierten a la cultura  en un contexto espacial y ciberespacial de luchas y negociaciones entre los distintos actores y grupos que componen una sociedad.

    Solamente desde el reconocimiento, comprensión e interpretación de las mediaciones es posible renovar "la cultura política para que la sociedad no busque salvadores, sino socialidades para convivir, concertar, respetar las reglas del juego ciudadano"  (Martín-Barbero, J.M. 1998b:17-18).

    Así, la relación comunicación-educación-cultura-política-estética genera la comprensión de la naturaleza comunicativa de la cultura, en la que las mediaciones permiten leer al ser en el mundo y al mundo mismo como texto desde sus narrativas, discursos e historicidades (Ortiz, 1997). En conexión con lo anterior, es importante retomar la propuesta que Orozco (1996) hace desde las mediaciones y la educación como relaciones que estructuran procesos del aprendizaje social al incluir intervenciones de los agentes sociales e instituciones.

    Nodo 2. Comunicación estratégica y mediaciones

    ACNViendo las mediaciones, como el lugar desde donde se otorga el sentido a la mirada comunicativa, al permitir en términos de Orozco (1996) una mirada diferente a los diversos contextos que circundan al sujeto, emerge la categoría de estrategia como proceso de interacción de tipo simbólico en el que confluyen al menos dos actores que se reconocen iguales, compartiendo saberes y experiencias, actuando con sentido de comunidad y en función de un diálogo orientado a la construcción de acuerdos (Pasquali, 1972).

    Las mediaciones vistas como praxis desde las formas de producción de las nuevas experiencias culturales (Martín-Barbero, 1998b), en conexión con las estrategias, abren el discurso de la comunicación a la pregunta por cómo nuevos procesos de resistencia ciudadana y pública generan organizaciones que se comunican en su interior y con su entorno, buscando formas de comunicación coherentes en cuanto sus objetivos individuales y sociales. En este contexto surge la comunicación estratégica, al considerar la organización “como el sujeto de la estrategia y pensar en ella como todo tipo de grupo de sujetos o instituciones que realicen intercambios comunicativos entre sí y necesiten dinamizar dichos flujos o interacciones de comunicación” (Oliveros, 2014).

    La mirada de las mediaciones desde la comunicación estratégica, retoma igualmente desde “las estrategias como principios de inteligibilidad y dispositivos de comprensión adoptados para interpelar la dinámica social, operando crítica y valorativamente en su dimensión comunicativa” (Sandra Massoni, 2007:97) la pregunta por “un abordaje multiparadigmático que da cuenta de la comunicación como un fenómeno complejo y constituido por múltiples determinantes” (Cortés, 2013: 14). Las mediaciones así planteadas, abren el discurso ante la comunicación como relación intersubjetiva habitada desde múltiples trayectorias por grupos y sectores que comparten un territorio. (Cortés, 2013: 14)

    La comunicación como espacio de encuentro de la heterogeneidad sociocultural plantea una ontología en términos de Uranga, (2012) que mira el poder desde lo colectivo donde es posible convocar a  actores relevantes en torno a problemáticas situadas interpretadas desde el discurso del poder. En este escenario político se valoran  las demandas de inclusión social en clave cultural, realizadas por los movimientos y las organizaciones sociales que instan al Estado el reconocimiento de sus derechos y la exigibilidad de los mismos.

    Las historias locales no oficiales puestas en circulación  en las redes digitales, permiten el  análisis sobre  las maneras como se gestionan los  procesos organizativos para  afianzar una posición de resistencia  que tensiona las estructuras del poder gubernamental; en tal sentido, el eje de esta reflexión articula las organizaciones sociales, la comunicación política y la acción colectiva en la construcción de estrategias como escenarios simbólicos que promueven la participación y la movilización de los sujetos en procura de su propia transformación (Mejía, 2012).

    Concierne profundizar sobre la relación “comunicación, poder, gobernanza”,  cuestionado desde las organizaciones sociales la crisis del Estado y la capacidad del sistema para producir desigualdad. Ello implica  ahondar sobre las narrativasdel desarrollo, la dominación y el poder para comprender desde el contexto sociopolítico en el cual se generan: ¿Cómo las resistencias asumidas por  las minorías y las mediciones  que de éstas devienen, permiten deconstruir  el estado de excepción permanente que cobija  a la sociedad colombiana?

    4.4.2 Línea de Tecnologías de la Información y la Comunicación.

    La línea de profundización tiene como objetivo fundamental indagar por la forma en la que los usos y la apropiación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC, ha alterado la sensibilidad de los sujetos y por ende, los procesos de configuración de los cuerpos sociales. Esta idea rompe con la visión instrumentalista de las TIC, para pensarlas como elementos que potencian la recomposición de los cuerpos sociales, ya que alteran las coordenadas espacio-temporales desde las cuales percibimos la realidad, creando un escenario en el que se incrementan las posibilidades de explorar nuevos lenguajes que permiten generar otras relaciones entre los sujetos; los acontecimientos en los cuales se ubica son: convergencia, creación de redes y creación de lenguajes.

    En este orden de ideas, la línea orienta su trabajo a partir de dos nodos problemáticos:

    Nodo 3 Procesos de configuración y transformación de la sensibilidad y la subjetividad como resultado de la interacción entre sujetos y TIC[1].

    Las Tecnologías de la Comunicación y la Información, TIC han alterado y reinventado las formas en las que nos relacionamos con las máquinas y con los otros; nos llevan a asumir como punto de partida, que la experiencia con los dispositivos tecnológicos, “no sólo se explica como un impacto directo de múltiples posibilidades que brindan sus programas y aplicaciones, sino también, como consecuencia de una importa social y cultural que encontró en dichas tecnologías un soporte simbólico ideal para expresarse”(Winocour, 2009:14). Desde esta óptica, podría pensarse que los cuerpos y las subjetividades contemporáneas son en parte el resultado de las diferentes posibilidades que crean  las TIC, al generar otras formas de ser y de estar en el mundo. En este orden de ideas, las relaciones que establecemos con la tecnología trazan nuevos vectores para pensar la condición humana y las relaciones sociales. Al respecto, Trukle señala que “las viejas distinciones entre lo que es más específicamente humano y específicamente tecnológico se hacen más complejas.” (Turkle, 20011: 21).

    Los repertorios culturales, los regímenes simbólicos, los órdenes corporales y ciertas formas de la organización social se han visto afectados con la irrupción de nuevas máquinas de producción de la imagen, las cuales han permitido la irrupción de nuevas formas de socializar y de moldear la subjetividad. El ciborg[2], como metáfora que concentra y da cuenta de estas transformaciones, permite comprender que el cuerpo se convierte en la expresión más palpable de estos reordenamientos que agencian las TIC, pues en él se hacen visibles y tangibles diversos planos del sentido y de la acción que se potencian con el uso, la apropiación y la incorporación de las tecnologías. Este escenario se convierte en un lugar propio de la investigación, debido a que la pregunta por la tecnología supera la mirada instrumental y se preocupa por rastrear cómo el uso, la apropiación e incorporación de la tecnología da cuenta de un reordenamiento de los significados y de la relación del cuerpo con el sí mismo. Así, los usos de las tecnologías son un escenario en el que se hacen visibles y audibles diversas formas de expresión que dan cuenta de las relaciones tensas entre diversas modalidades de narración, de configuración de subjetividades y cuerpos (Stone, 1996; Sibilia, 2008).

    Las relaciones que hemos establecido con la tecnología han abierto umbrales de sentido que alteran significativamente nuestra apropiación de la realidad. Contemporáneamente, el desarrollo  las TIC ha conectado los cuerpos y las subjetividades con la dimensión de lo virtual, al alterar nuestras formas de comprensión e interpretación del tiempo y del espacio, mediante complejas formas de simulación que ponen en riesgo de dispersión la frontera entre lo real y lo imaginado, al introducir todo un conjunto de narrativas que convocan y potencian las fuerzas vitales de los sujetos para construir sentido. Así, “la cultura de la simulación está emergiendo en muchos dominios. Y esto está afectando nuestra forma de entender nuestras mentes y nuestros cuerpos” (Turkle, 2011:20). Se puede decir entonces, que la relación de lo humano con las tecnologías ha alterado profundamente nuestra forma de percibir y entender el mundo y a los otros. Estas transformaciones de la realidad social y de la condición humana que se gestan desde las tecnologías, hacen que la reflexión por las TIC sean por las prácticas culturales que organizan y dan sentido a la vida individual y colectiva.

    La forma en que se despliega la acción de las TIC es a través del cuerpo. Las tecnologías “suscitan en nosotros percepciones sensoriales de proporciones únicas. La prolongación de cualquier sentido modifica nuestra manera de pensar y de actuar –nuestra manera de percibir el mundo. Cuando esas proporciones cambian, los hombres cambian.” (McLuhan, 1967:37)  En este orden de ideas, las TIC configuran nuevas formas de percibir la realidad lo que necesariamente produce nuevas inteligibilidades.

    Este hecho abre campos de investigación en los que pensar las TIC implica construir una “una reflexión sobre el papel que la tecnología está jugando en la creación de una sensibilidad social y cultural." (Turkle, 2011: 22) En este sentido, la pregunta por el lugar que la tecnología ocupa en las tensiones que suscitan las nuevas sensibilidades e inteligibilidades que generan las TIC y que ponen en tensión los cuerpos, la subjetividad y la vida social. En este orden de ideas, las preguntas que se empiezan a trazar en torno a las TIC están enmarcadas en la cibercultura, en la que “además de sistemas materiales y simbólicos, están integrados agentes y prácticas culturales, interacciones y comunicaciones, colectivos, instituciones y sistemas organizativos, una multiplicidad de contenidos y representaciones simbólicas junto con valores, significados, interpretaciones, legitimaciones, etc.” (Rueda, 2008). Aquí, las TIC introducen en la sociedad contemporánea otras formas de agenciar el conocimiento y los procesos de construcción de sentido;  es decir, nuevas formas de conocer el mundo, pues la reflexión sobre la tecnología “se trata de un modo de conocimiento ligado a características específicas de esa tecnología. […] Pero conocimiento quiere decir aquí, así mismo: manera de pensar, de actuar, de interactuar” (Schultz, 2006:63).

    ACN

    Pensar la tecnologías desde el campo de la comunicación, sitúa la reflexión en un umbral entre lo corporal y lo maquínico, entre lo natural y lo cultural. Por lo anterior, el nodo aborda la pregunta por la tecnología y su relación con el cuerpo y la subjetividad como escenario en el que se gesta la posibilidad creativa de formación y transformación de significados y prácticas culturales.

    En este orden de ideas, se propone rastrear las mutaciones que ha sufrido la relación cuerpo y subjetividad a partir de los procesos de uso, apropiación e incorporación de las TIC. La digitalización de la vida cotidiana (que está íntimamente ligada a fenómenos tales como: el desvanecimiento de la intimidad, la psicologización de la cotidianidad y la mercantilización de las relaciones sociales) se constituye en un escenario fértil para construir una reflexión en torno a las transformaciones en los cuerpos y las subjetividades contemporáneas, en sus diversas posibilidades de acción y formas de expresión.

    Nodo 4: Las acciones políticas que se movilizan a través de los actos comunicativos que las TIC potencian (movimientos sociales, procesos democráticos, inclusión y exclusión, etc.)

    La erosión que experimentan los grandes metarrelatos dominantes, la crisis de las instituciones modernas y el deterioro de los mecanismos de cohesión social, han hecho de la incertidumbre uno de los rasgos característicos de la sociedad contemporánea. La imposibilidad de construir vínculos de larga duración y la consolidación del individualismo como rasgo característico de los procesos de socialización imperante, han reconfigurado las formas en las que se produce la acción política (Reguillo, 2012; Bauman, 1996; Lipovetsky, 2012). En este panorama es importante señalar que la acción sólo es política si va acompañada de la palabra lexis; en este sentido, Arendt señala que “la política nace en el Entre los hombres, por lo tanto completamente fuera del hombre. De ahí que no haya ninguna substancia propiamente política. La política surge en el entre y se establece como relación” (Arendt, 1997:46). Pensar la política como una relación entre hombres[3] la posiciona en las discusiones propias en el campo de la comunicación, debate que cobra relevancia cuando se plantea la pregunta en torno a nuevas formas de hacer política y por ende, a los procesos de comunicación que movilizan dichas acciones.

    En este panorama, los movimientos sociales se convierten en el escenario idóneo para pensar las nuevas formas de participación en política, las cuales están íntimamente ligadas con procesos de expresión, narración y de creación de sentido. Estos colectivos se constituyen a partir de los esfuerzos realizados por el Otro por alcanzar su voz y manifestarse en la escena pública (Spivak, 2003). La exclusión sistemática de la otredad y de la pluralidad del proyecto moderno eurocéntrico, patriarcal y racional, ha permitido que los movimientos sociales se constituyan como espacios de invención, creación y resistencia; como escenarios en los que los procesos y prácticas comunicativas se convierten en una forma de intervenir en la política, apostándole a procesos de resignificación y transfiguración de la realidad. Al respecto, Castells señala que “a través de la historia, los movimientos sociales han producido nuevos valores y objetivos que transforman las instituciones de la sociedad para representar estos valores, creando nuevas formas para organizar la vida social.” (Castelles, 2013:45). Para el autor, las dinámicas y las prácticas comunicativas de los movimientos sociales le apuestan a la reestructuración de relaciones de confianza, basadas en el reconocimiento de la multitud.

    Los movimientos sociales se configuran como una forma de cuerpo social que busca incidir sobre la sociedad en su totalidad; sin embargo, las relaciones y las fuerzas que lo componen están insertas en una paradoja: por un lado, buscan el reconocimiento de una serie de causas que consideran justas y necesarias para toda la sociedad, pero a la vez su configuración obedece a un tipo de experiencia subjetiva y emocional, a un interés particular que buscan posicionar en la esfera pública y política. Los movimientos sociales se constituyen como una forma de hacer política en el marco de una sociedad individualizada. Al respecto, tanto Castelles (2013) como Lipovetsky (2012) señalan que la individualización no se trata de una forma de aislamiento del individuo, sino de cómo los procesos de asociación que están mediados por la posibilidad de relacionarme con otro que es igual a mí, otro con quien el individuo se siente identificado, otro con el que se comparte los sentimientos asociados a la frustración o al desencanto frente a la diferentes situaciones de la vida cotidiana (el mundo del trabajo, el reconocimiento de las diferencias sexuales, etc). El hecho de que un conjunto de individuos comparta emociones ante una situación vital, genera un primer nivel de conexión, que se empezará materializar en una serie de prácticas comunicativas que, a partir de esta fuerte carga emocional, le apostarán a la construcción de comunidades.

    En su análisis de los más recientes movimientos sociales, Castells (2013) señala que los procesos de comunicación son parte esencial de las discusiones en torno al impacto y permanencia de estos colectivos. Una estrategia de doble alcance tiene lugar: por un lado, se presentará una serie de procesos de ocupación del espacio de la ciudad, para generar procesos de resignificación y reapropiación del territorio; por otro lado, se gestan procesos de comunicación autónomos que rompen con jerarquías de los medios tradicionales y que, en el mismo movimiento buscan propiciar la composición de una red, este hecho produce un conjunto de nuevos relatos que permiten establecer diversas formas de movilización social. Desde Túnez, pasando por Islandia hasta llegar a los indignados en España o en Wall Street, los movimientos sociales han aparecido en la arena pública con la fuerza que solo puede generar un Twitt, gracias a la reconstitución de vínculos de compañerismo que genera el pensamiento y la procesos comunicativos en red.

    Castells señala que la indignación y la esperanza se constituyen en dos elementos fundamentales en este proceso de reconocimiento y de la comprensión de los movimientos sociales, ya que cuando los sujetos se encuentran con otros que también han sido humillados y sienten que sus derechos han sido ultrajados, se genera un cierta empatía, la cual le da forma a cierto objetivo sobre el cual de manera colectiva los sujetos intervendrán, en otras palabras, los ciudadanos pasarán de reconocerse y encontrarse en la indignación a actuar en pro de un futuro mejor (esperanza). Desde esta óptica, la comunicación garantiza la incidencia y permanencia de los movimientos sociales, ya que los procesos comunicativos serán los ejes sobre los que se producirán los encuentros entre los diferentes miembros del grupo; también encarna la posibilidad de que el colectivo impacte en la esfera pública. Teniendo en cuenta lo anterior y siguiendo la propuesta de Deleuze, se podría pensar que cuando un individuo se identifica con los otros, construye relaciones; aquí, estamos ante la composición de un cuerpo potente. La composición, la permanencia y el crecimiento de estos cuerpos colectivos estarán supeditados a la posibilidad de expresión de las diversas ideas y experiencias de la multitud; por ende, se puede afirmar que los movimientos sociales se componen a partir de encuentros de individuos que expresan su singularidad y conforman una multitud: sujetos que se encuentran, se conectan y establecen relaciones en las que despliega un conjunto de prácticas comunicativas  con las que espera potencializar la acción del cuerpo social.

    Las TIC han originado un conjunto de experiencias que convocan las fuerzas más creativas del sujeto para construir nuevas prácticas comunicativas y de estar con el otro; en últimas, redundan en la constitución de cuerpos sociales potentes, especialmente mediante la producción de ‘mensajes’ autónomos que rompen con las formas hegemónicas de organización social: “los ciudadanos de la era de la información pueden inventar nuevos programas para sus vidas con los materiales de sus sufrimientos, sus miedos y esperanzas (…) Luchan contra el poder establecido identificando las redes de la experiencia humana”(Castells, 2013:26). De ahí que las prácticas comunicativas no jerarquizadas de los movimientos sociales producen un nosotros, el cual es el resultado de una triple apuesta: la primera está relacionada con la gestación de relaciones de compañerismo, la segunda está articulada con el impacto en la esfera pública de su propuesta discursiva y la tercera, garantiza la existencia del grupo más allá de ese primer encuentro emocional.

    ACN4.4.3 Línea de Narrativas e imágenes

    Se enfoca en la construcción narrativa y visual de lo social, como alternativa a los modelos más tradicionales para pensar la  comunicación. Las discusiones de esta línea giran en torno a cuatro acontecimientos fundamentales: ficcionar, semiotizar, alterizar y gestionar, los cuales ponen en evidencia cómo las formas en las que se cuenta el mundo están articuladas con un conjunto de relaciones de poder, hecho que construye realidades pero a la vez abre la posibilidad de transformarla. Los acontecimientos de esta línea ponen en evidencia la complicidad entre la imagen, los discursos y las relaciones de poder, pero a la vez, abren un espacio para construir líneas de fuga a partir de prácticas que convocan la creatividad y la imaginación.

    La línea orienta su trabajo a partir de los siguientes nodos problemáticos:

    Nodo 5 Estudios visuales y transformación del campo visual

    Su propósito es pensar la cultura visual en el escenario donde se conciben, negocian  y producen novedosos sentidos de la realidad; así  los estudios visuales, los procesos de resistencia - memoria y las narrativas emergentes intentan entender la crisis (Krinein) de lo visual desde las experiencias, las prácticas sociales y las simbólicas culturales, en lo cual lo visual se aparta de considerar la realidad desde una determinada suerte de representaciones dadas.

    Aquí, la singularidad de la visualidad indica que cada imagen o producto de la mirada se produce en relación con distintas dimensiones, en cuyas gramáticas se presupone que algo tan “natural como la mirada” lleva integrados patrones culturales diversos, como la construcción social de lo visual (Mitchell, 2003a p. 39).  En tal sentido, lo visual como una práctica social que pone énfasis en la construcción de la mirada, se constituye en el encuentro entre las lógicas de la imagen con las lógicas del texto, para establecer la mediación fundamental con la que se amplía el campo visual; esto es, una visualidad social que privilegie las interpretaciones de las prácticas de ver, los modos de ver y las prácticas del mirar.  Se trata de entender cómo las construcción social de lo visual es crítica, al cuestionar el espacio de la mirada erigida por la visualidad moderna; ello quiere decir que hay diversas visualidades en juego: una visualidad mayor (naturalizada) que solapa las visualidades menores (cotidianas) y en cuyas miradas la riqueza de experiencias, textos, prácticas y conocimientos carecieron de imágenes, e imaginarios legítimos del mundo, es decir, “los olvidados por la Historia, lo enterrado y lo minorizado, lo no dicho y lo no mirado, han pugnado por una autonomía frente a la autoridad, desde la que afirmar y ejercer su derecho a mirar. Las luchas emancipatorias de los esclavos, los colonizados, los represaliados, los desalojados de la esfera pública”; (Martínez, 2012, p. 28).

    Frente a la visualidad, está la contravisualidad, que intenta entender el carácter social y cultura de la visualidad y la manera cómo se entienden las articulaciones con los procesos históricos, sociales y culturales; entiende la imagen no como un objeto, sino como un tipo de relación en lo social, en que lo visual se articula desde la mirada no del productor, sino de los observadores, lo cual relata la historia de otras formas de sentido que han generado contravisualidades por derecho propio.

    En este escenario se comprende que el campo social de la mirada ha sido el objeto de tensiones y de constantes luchas por la apropiación sobre las representaciones de la realidad, desde las cuales la mirada ha sido dotada de experiencias, prácticas y discursos que constituyen todos ellos acontecimientos visibles, que naturalizan la transformación de los elementos que componen el campo, es decir la visión, la mirada, las práctica de la observación, entre otras. En este orden de ideas, la dualidad de mirar y ser mirado desaparece: “El ser visto asume la posición central que ocupaba el ver, y absorbe las correspondientes connotaciones de actividad y dominación. No es la mirada, sino el objeto de la mirada el que domina el campo visual, aunque ya no hay nadie para dejarse dominar” (Van Winkel, 2014, p.889). En tal sentido, las visiones dominantes de la realidad, han establecido un modo homogéneo para situarse desde una manera estratégica de ser narrada, lo que quiere decir, que ha sido capaz de crear y dominar múltiples acontecimientos (crisis y conflictos) con los cuales el campo social de la mirada se reduce a una sola representación de la realidad; significa que transformar el campo, implica problematizar su concepción comunicativa, es decir, ampliar los campos desde donde se crean y recrean elementos tan importantes como la visualidad, los discursos, los cuerpos, lo cual constituye múltiples problemas fundamentales, desde donde se concibe la relación por las formas de poder, así como las maneras de oponerse al mismo,  por tanto, ampliar las posibilidades del campo implica al decir de Nelly Richard: “Impulsarnos a desorganizar los pactos de representación hegemónica que controlan el uso social de las imágenes, sembrando la duda y la sospecha analíticas en el interior de las reglas comunicativas y denunciando lo que invisibiliza sus fronteras de control de la representación. Y también, desatando una revuelta de la imaginación que mueva las significaciones establecidas hacia bordes de no certidumbre y ambigüedad, de experiencia de sorpresa, para que la relación mirada-imagen se torne otra para sí misma (citada por Dussel; Gutiérrez; 2006, p. 106).

    El campo social de la mirada se enfrenta a diversas complejidades: por un lado, descentrar narrativamente el monopolio de las industrias simbólicas sobre la representación de la realidad, estableciendo encrucijadas determinantes a la manera como se legitima la disciplina informativa de los medios de comunicación con cierta presunción de imparcialidad: “la imagen pictorializa el mundo, lo produce como cuadro. Ella educa -forma- nuestro modo de organizar la visión; en aras de unas pretensiones añadidas de veracidad que el relato que la ampara sentencia como válidas: digamos que ella nos enseña un modo de ver,  de mirar, que corrige el puramente espontáneo para tornarlo producto de conocimiento” (Brea, 2010, p. 22). De esta manera los procesos de creación e imaginación comunicativa, apuestan por invertir sobre los signos, los cuales anuncian lo visible, desvelan lo invisible y relatan lo aún no visible; se aproxima sobre las formas de narrar, de contar y ser narrados propias de las visualidades alternativas, en otras palabras, los signos y su poder creador se presentan como una propuesta de alteración de las miradas, los cuales transforman las prácticas sociales (simbólicas) y los significados cotidianos.

    Redefinir la idea misma de “producción de los signos” obliga a salir de una concepción simple de la producción material a la ideológica, para asumir de una manera diferente el problema del poder y de la organización del mismo; es hacer evidente su papel constitutivo como parte de los sistemas económicos y políticos.

    La visualidad moderna y la construcción aparente de imágenes se ubican en el plano problemático que interpreta en las imágenes el Summum bonum de la  realidad  y/o de su significación. En el análisis de Michel Foucault sobre las meninas de Velázquez  se plantea que las palabras y las imágenes están divorciadas entre si y divorciadas de las cosas: “por bien que se diga lo que se ha visto, lo visto no reside jamás en lo que se dice, y por bien que se quiera hacer ver, por medio de imágenes, de metáforas, de comparaciones, lo que se está diciendo, el lugar en el que ellas resplandecen no es el que despliega la vista, sino el que definen las sucesiones de la sintaxis” (Foucault, 2010, p. 19). Esta conexión plantea la existencia de diversas zonas visibles y de visibilidad y otras notablemente invisibles; dicho de otra manera, nos plantea la idea del revés de la mirada, es decir, que el sujeto ve sin ser visto, quizá por su proclividad a estar divorciado de las formas más cotidianas de su realidad -todo lo visible se hace ajeno a él-; por el contrario, son visibles la justicia, los órdenes estatales, las instituciones, los cúmulos de pobladores, etcétera, dado que se sienten en los cuerpos por disposiciones fácticas de la naturaleza de su poder, -sus estéticas- establecidas en las formas más cotidianas -invisibles- de la realidad. En tanto, para Foucault el lugar del espectador es problemático al ser percibido dos veces: uno por añadidura y otro por su propia sustracción de la escena del recuadro, lo que se traduce en que la mirada tiene la capacidad de alterar al no ser estable, ni localizada; por supuesto, tales estrategias estéticas del poder se normalizan al poner en lo visible la acción de otras miradas y en lo invisible la ausencia de las miradas que alteran todo campo visual. Por esta razón es importante el decir de Foucault que  plantea que -la imagen viene del propio cuadro- planteamiento propicio para entender la naturaleza y las dinámicas propias del campo visual que nos interesa problematizar comunicativamente.

    El campo social de la mirada ha sido presentado como ausente de toda forma de conocimiento, es decir, lo visual no tiene un campo propio desde el cual se puedan identificar saberes y entender el conocimiento como apropiación social para intervenir sobre las representaciones de la realidad; lo visual ha sido subsumido por otras formas de comunicación. Sin embargo, para la Línea Narrativas e Imágenes el campo visual no solo está constituido por imágenes, sino por otras expresiones humanas y sociales para comunicar; es decir, lo visual es un campo de tensiones con lenguaje propio en constante transformación. En tal sentido, se entiende que el campo visual no es un objeto que puede modificar la voluntad social de diversas comunidades, ello implica que el campo visual es un campo de campos como lo afirma Mitchell, “es el descubrimiento de que la actividad del espectador (la visión, la mirada, el vistazo, las práctica de la observación, vigilancia y placer visual) pueden constituir un problema tan profundo como las formas de lectura (desciframiento, decodificación, interpretación, etc.) y que puede que no sea posible explicar la experiencia visual o el ‹‹alfabetismo visual›› basándose sólo en un modelo textual”. (Mitchell, 2009b, p. 23). Este giro sobre otros tipos de lectura, implica otros modos de entender lo visual, lo cual nos lleva a plantearnos una ampliación de los problemas, las problemáticas y las problematizaciones de un campo que por derecho propio, establece otras formas de constituir la realidad.       

    Nodo 6 Comunicación alterativa, resistencias y memoria

    Los procesos de resistencia se proponen indagar sobre las memorias de pueblos y comunidades en cuyo ejercicio histórico la acción del poder engendró las ideas del mundo dominante, es decir, una batería de dispositivos alimentados por discursos, prácticas e imágenes dominantes y en cuya égida lo invisibilizado-olvidado-silenciado se constituyó en una práctica discursiva legítima, elegida, cómplice e impuesta. En tal sentido, la memoria no tiene que ver sólo con el olvido, sino con la posibilidad de cuestionar el presente y la primicia de las representaciones dominantes de las realidades, en tanto se pregunta ¿De qué hay recuerdo? Ello mismo se convierte en la posibilidad de la memoria como emergencia de un hacer común; por ello, para Ana María Guasch, “la génesis de la obra de arte «en tanto que archivo» se halla efectivamente en la necesidad de vencer al olvido, a la amnesia mediante la recreación de la memoria misma a través de un interrogatorio a la naturaleza de los recuerdos. Y lo hace mediante la narración. Pero en ningún caso se trata de una narración lineal e irreversible, sino que se presenta bajo una forma abierta, reposicionable, que evidencia la posibilidad de una lectura inagotable. (Guasch, 2015, p. 158). De esta manera,  recordar no es un acto de recibir imágenes del pasado; fundamentalmente es salir en su búsqueda, donde reside el insumo básico de la memoria como resistencia, de tal manera, que en su proceso social, la comunicación deberá alterar los códigos y las formas comunicativas en el tránsito que se resiste al cambio entre las dimensiones del ejercicio del poder y las formas de resistir a la globalización, entre otras.

    La memoria como categoría visual, -hecha de impresiones- en cuya tensión el campo visual es susceptible a ser re apropiado y convertido en un campo de tensiones telúrico desde la perspectiva de lo invisibilizado-olvidado-silenciado, implica que las estrategias dominantes que posibilitan los ejercicios de ver, verse y ser visto deben ser prerrogativas para investigar, pues resumen la autoridad de quien mira, es decir, la memoria desafía entre otras, la linealidad del progreso proclive al poder soberano, pues es allí, donde la memoria hace frente y resiste ante las jerarquías, los límites, y las fronteras que se establecen como escrituras formales de la historia, en tanto, se presentan como imágenes fosilizadas del presente que se sumergen necesariamente en la invisibilidad de la realidad. Andreas Huyssen cuestiona la propia manifestación de la memoria como antídoto al olvido, al plantear que los mecanismos desde los cuales la propia memoria se alimenta rápidamente se convierten en olvido: “el atavismo no es solamente un problema de los revolucionarios. Es inherente también a la vanguardia misma, tanto como problema de comportamiento en la vida real como de estrategia y ejecución artística” (Huyssen, 2006, p. 223). Tales atavismos reflejan necesariamente la tendencia a imitar y a mantener las formas de vida y las costumbres congeladas en el olvido, mientras los dispositivos de poder dinamizan y solapan las resistencias y las memorias sociales.

    ACNDos proyectos sirven como puntos de partida para problematizar la memoria como categoría visual:

    1. El primero es el Atlas Mnemosyne de Aby Wagburg, cuya “finalidad fue la de explicar a través de un reportorio muy amplio de imágenes, y otro, mucho menor, de palabras, el proceso histórico de la creación artística en lo que hoy denominamos edad moderna (Checa, 2010, p. 138). De tal madera que la memoria como resistencia implica, la posibilidad de resonar en otras existencias a través de repertorios interceptados por universos simbólicos de pueblos y comunidades también diversas, (la vida, lo vivido, -quizá- lo por vivir). Ello nos presentaría repertorios en cuya potencialidad radica en el ejercicio de elegir entre diversos campos visuales, estaría cruzado por la capacidad de crear, recrear e imaginar entre diferentes mundos posibles.
    2. El segundo es el proyecto de los pasajes de Walter Benjamín, permite retomar la categoría de visibilidad, dado que el dispositivo de poder se instala en un repertorio de discursos e imágenes cotidianas -oscuras-, las cuales constituyen un campo visual estructurado y dominado para escindir identidades y la manera cómo la representación de la realidad responde a la ideas socialmente visibles, lo que quiere decir que la memoria presenta contradicciones históricas que la trascienden, por lo cual necesita de la autoridad del dispositivo para aparecer de manera legítima. Paradójicamente, su resonancia pública presentaría repertorios en cuya potencialidad el ejercicio de elegir entre diversos campos visuales, estaría cruzado por la capacidad de crear, recrear e imaginar entre diferentes mundos posibles.

    Ambos proyectos permiten descentrar el campo visual y ver posibilita la singularidad del mismo, es decir, apropiarse del recurso para quitar el velo trágico y narrarlo en otras claves, quizá, desde la ironía del mismo, y en cuyos  procesos de producción e interpretación de la resistencia a lo invisibilizado-olvidado-silenciado, se puedan establecer vínculos permanentes para recordar e imaginar mundos posibles en realidades singulares. Como se debe notar hasta el momento la memoria no se construye de manera autobiográfica, es sobre todo el sistema de las condiciones históricas de posibilidad de los enunciados, es decir el trabajo sobre los hechos mismos. 

    Nodo 7 Narrativas emergentes

    Las narrativas emergentes trazan una encrucijada importante a la narrativa tradicional; en estas últimas, en sus relatos emergen preguntas que configuran dimensiones narrativas más o menos situadas, (periodísticas, históricas, biográficas, etcétera), las cuales establecen un número limitado de transacciones y sorpresas a la imaginación creativa del sujeto; las narrativas emergentes imponen novedosas preguntas, que fundan el interés narrativo en un denominador común, como la ficción que se presenta como una forma de reconocimiento en cuyo estatuto ontológico, se permite entender la génesis de una narrativa basada en la creación de nuevos formatos, nuevas estrategias narrativas y nuevos contenidos; por ello, las narrativas emergentes trasforman las categorías de producción, difusión y circulación de los procesos comunicativos en categorías impensadas sobre diversos fenómenos emergentes de la realidad, en tanto condición sintomática  de la sociedad en que son posibles.

    La dominante ontología desarrollada por Brian McHale  traza una encrucijada importante a la narrativa tradicional, afincada en los personajes y los matices de la trama y en cuyos relatos emergen preguntas que configuran dimensiones narrativas determinantes en las industrias simbólicas; por ejemplo, ¿qué ha sucedido a los personajes? ¿Cómo está construida la trama y cuántos actos utiliza la narrativa del cine? Este tipo de estructura ha permitido establecer un modelo narrativo, que establece un número limitado de transacciones y sorpresas a la imaginación del espectador, que en la última década ha quedado proscrito a la sombrilla -3D-. Por el contrario, los videojuegos y las nuevas plataformas digitales fundamentalmente, imponen nuevas preguntas y desarrollos, que fundan el interés de la investigación por este tipo de obra narrativa, -narrativa ontológica propiamente dicha-, al preguntar: ¿cómo es este mundo? ¿Cómo funciona? ¿Cómo empezó? ¿Cuáles son sus reglas? Lo cual permite entender la génesis de un nuevo mundo con reglas, metas y recompensas específicas, en las cuales las estructuras de la significación, se alejan de la base única del personaje principal y se desplaza en toda su extensión, a la comprensión de la existencia de un mundo que debe ser experimentado por los personajes y más allá de ello, se dinamizan extensiones del cuerpo que reaccionan a la propia apuesta narrativa del juego.               

    Es posible extrapolar la “dominante ontológica” sugerida por McHale a un conjunto de obras culturales que va más allá de la literatura: la cuestión interpela en el fondo, como conjunto, a juegos de tablero, juegos de rol, mundos narrativos de la literatura, el cómic o el audiovisual, los famosos reality game-shows de la televisión y, por supuesto, también a los videojuegos.

    Todos estos géneros culturales tienen en común la dominante ontológica: el hecho de que proyectan mundos simbólicos y, en estrecha relación con ello, sus usuarios convencionales son tan o más aficionados al razonamiento sobre cómo funciona un universo narrativo o un sistema de juego (como veremos, ambos términos están estrechamente relacionados) que al razonamiento sobre qué sucedió o qué sucederá en una trama o un conjunto encadenado de ellas. (Pérez, 2010, p. 18)

    En este sentido las narrativas emergentes –dominantes ontológicas- son experiencias en clave Crossmedia, que integran una narración articulada en diferentes medios, mediante estrategias y estilos de contar, lo cual aporta a la historia miradas y experiencias diversas de un mismo hecho.  De otra parte, las narrativas Transmedia se expanden a través de diferentes estrategias de significación y hacen posible la creación de mundos narrativos diversos, desde relatos construidos en fragmentos que fluyen por diferentes plataformas y se dirigen a diversas audiencias; es el caso de las restauraciones que se perciben como transformaciones al original (caso de la restauración de la obra Ecce Homo de Elías García Martínez, en el Santuario de la Misericordia en el ayuntamiento de Borja (España)), que nos permite pensar que estéticamente las obras del pasado son actualizadas sintomáticamente por sujetos del presente; Georges Didi-Huberman lo plantea así: “la paradoja del anacronismo comienza a desplegarse desde que el objeto histórico es analizado como síntoma: se reconoce su aparición –el presente de su acontecimiento- (Didi-Huberman, 2008, p. 144). En tal sentido las narrativas emergentes como síntomas entran en el discursos tecnológicos de manera automática y compulsiva cuando los lenguajes se emancipan de las relaciones tradicionales de sujeción y su aproximación para interpretar la realidad está construyendo otra formas de entender las estructuras de poder y de adquirir otros significado en los contextos culturales en que plantea su aparición y desde diversas voces que deben sintomáticamente su voz, a la caída en cuestión de los discursos dominantes.

    Las tramas se generan desde universos narrativos que tiene una historia matriz, multiplicada por relatos en diversos contextos, de esta manera, las tramas deben su aparición a las variaciones espacio-temporales del relatos y su cercanía o lejanía con la matriz narrativa que lo genera; en tanto, tramas clave, tramas emergentes y tramas de frontera son importantes para entender el ejercicio de producción e investigación que se debe problematizar en adelante, ya que las tramas obedecen a múltiples estrategias narrativas; así lo Transmedia no sólo se ejerce a través de lo tecnológico, sino en el espacio público: parques temáticos, ludotecas, infografías, etcétera, dado su carácter como fenómeno postmediático, que está cada vez más lejos de las audiencias y metido en el campo de las comunidades. Acá las tramas serán clave siempre y cuando se establezca que la entrada al universo narrativo, permite tener un deslinde narrativo con la totalidad del proyecto.

    1. Tramas clave: la característica fundamental de este modo de trama es su capacidad para aportar variaciones al conjunto del universo narrativo  y establecer tensiones de cercanía o distancia con la estrategia narrativa –género-, al incrementar los puntos de entrada que se generan a través de la historia matriz. 
    2. Tramas emergentes la interacción narrativa desde y a través de las comunidades , afectan constantemente la autoridad sobre el contenido y modificaciones del formato. 
    3. Tramas de frontera: las tramas se dispersan fácilmente mediante el desarrollo de personajes, construcción de mundos autónomos y transformación sobre lo espacio-temporal.

    4.4.4 Encuentro entre líneas

    Este espacio se propone construir lugares de encuentro entre las líneas de profundización. En el se posicionan preguntas que se encuentran en las fronteras de los asuntos sobre los que indagan las líneas de investigación. Las preguntas por la comunicación se convierten en un esfuerzo por comprender la vida, así como el encuentro con el otro. Por lo anterior, en las preguntas que dan forma a los siguientes nodos de investigación, son fundamentales las relaciones en sí mismas, pues los actores pasan a ser definidos por éstas y no a la inversa.

    Cuerpos, subjetividades y estéticas

    La dimensión estética brinda a la investigación la posibilidad de cuestionar los procesos mediante los cuales se impacta la sensibilidad y se piensan las diversas relaciones que dan forma a los sujetos y a los cuerpos colectivos. De esta forma, en el plano investigativo surge la necesidad de comprender las conexiones entre las experiencias individuales y los órdenes colectivos, articulaciones que le dan forma a la realidad en la que vivimos pero también como los escenarios desde los que se pueden trazar líneas de fuga.

    Por ello, se hace necesario revisar la relación que existe entre cuerpos y enunciados, en la que se ponen en juego los procesos mediante los cuales se construye sentido. Aquí, cuerpo y subjetividad permiten comprender los actos comunicativos, especialmente aquellos en los que se despliegan una serie de símbolos, que logran movilizar y generar encuentros para la construcción de redes de significación que aumenten la potencia de los cuerpos. Desde esta perspectiva, la comunicación es una apuesta por la construcción de conocimiento que da cuenta de las realidades en las que vivimos, teniendo como punto de partida el conjunto de experiencias en las que se ponen en juego la sensibilidad de los sujetos.

    ACNPara comprender la forma en la que se ha configurado la sensibilidad en la sociedad contemporánea- por ende las experiencias estéticas y las prácticas comunicativas- es importante entender cómo la erosión que experimentan los grandes metarrelatos dominantes, la crisis de las instituciones modernas y el deterioro de los mecanismos de cohesión social, han hecho de la incertidumbre uno de los rasgos característicos de la sociedad contemporánea (Reguillo, 2012; Bauman, 1996). De igual forma, la aparición y circulación de nuevos discursos sobre la sexualidad, la reconfiguración de la masculinidad, la consolidación de los discursos de la autorealización personal y la salud emocional han afectado las estructuras emocionales que dotaban de estabilidad al mundo de las relaciones íntimas y a la familia, hecho que trastoca los ideales y las trayectorias vitales propuestas por el amor romántico y pone en riesgo los procesos de reproducción del sistema capitalista (Seidler, 2006; Castells y Subirats, 2007). Entre tanto, estabilidad del mundo del trabajo se ha visto resquebrajada por la irrupción del discurso del talento y de la flexibilidad laboral (Sennet, 2008).

    Este conjunto de transformaciones se producen en el paso de una sociedad disciplinar a una de control, a partir de las tecnologías de poder (Foucault, 2008) que se generan a partir de unas relaciones de saber-poder.Estas dinámicas han dado como resultado un conjunto configuraciones específicas del cuerpo, en las que se privilegian unas corporalidades al tiempo que estigmatiza, censura o hace invisibles otras, hecho que altera los procesos de articulación de colectivos: el cuerpo se constituye como el lugar en el que adquieren materialidad las relaciones de poder, que luchan por moldearlo, controlarlo, hacerlo productivo y dócil (Pedraza, 2007).

    Teniendo en cuenta las características anteriormente expuestas, se propone la necesidad de construir un escenario de investigación en el que se pongan en relieve las prácticas comunicativas que sirven alteran los significados socialmente construidos en torno a los cuerpos y los modos de subjetivación, así como las relaciones de poder que las afectan, en la medida en que cuestionen las formas en las que nos conectamos con el otro a partir de ejercicios de construcción de sentido y de significación social (Muñoz, 2008).

    La pregunta por el cuerpo permite indagar por las tensiones entre los ejercicios del biopoder y las posibilidades de resistirse, ya que “los cuerpos no sólo tienden a indicar un mundo que está más allá de ellos mismos. Ese movimiento que supera sus propios límites, un movimiento fronterizo en sí mismo, parece ser imprescindible para establecer lo que los cuerpos” (Butler, 2002: 1) Así, pensar el cuerpo es un acto en el que se abre un espacio para pensar la diferencia y la diversidad en aquellos actos de resistencia, que desde la articulación cuerpo-subjetividad, ponen en tensión las que dominan al colectivo en un determinado momento sociohistórico.

    En este orden de ideas, el cuerpo moderno se constituye en un lugar en el que se cruzan múltiples discursos y símbolos, que le dan sentido a un conjunto de experiencias: “… al hablar del cuerpo nos encontramos ante una forma de expresión y experiencia alegórica o, mejor dicho, que la variedad de discursos que le dan existencia al cuerpo de modos específicos en las vidas de las personas, conviven en modo alegórico en la carnalidad y en la presencia/imagen del individuo” (Pedraza; 1999,56).

    La corporalidad moderna se articula a la identidad colonial extendida hacia los pueblos subalternos, y unívoca en términos del ideal de sujeto. Desde la antropología histórica, Pedraza se propone dar cuenta de la forma en la que una diversidad de discursos, imágenes y prácticas sobre el cuerpo se constituyen en elementos fundantes de la experiencia del proyecto moderno en Latinoamérica, especialmente en Colombia.

    En este punto surge la pregunta, como compromiso ético y político, por las posibilidades diversas de ser, de pensar y vivir ‘cuerpos otros’, ‘subjetividades otras’; configuraciones y vivencias del cuerpo que no sólo constituyen alteridad sino que aluden a sujetos narrados como lo otro.

    4.2 ESTRUCTURA ORGÁNICA

    Para hacer viables el tipo de prácticas de investigación que garantizan la producción de conocimiento propio del campo de la comunicación, uno de los asuntos claves fue la configuración de una estructura orgánica, que garantizará un conjunto de dinámicas que nutrieran tanto la investigación propiamente dicha como a  la investigación formativa[4], que respondiera de manera puntual a sus particularidades, pero también que permitiera la articulación de objetivos y dinámicas que garanticen la producción de proyectos de investigación que alimenten y mantengan actualizadas las líneas de profundización.

    De igual forma, la política de investigación señala que los grupos de investigación avalados y reconocidos por la Universidad son las unidades sobre las que se articulan los esfuerzos que desarrollan los investigadores. En el caso del Departamento de Comunicación Social, los grupos en los que trabajan sus investigadores están ubicados en la Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes. Estos son administrados por el Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos (IESCO), los investigadores que participan en estos espacios provienen de diferentes disciplinas y unidades académicas con el fin de garantizar el trabajo transdisciplinario, ya que la realidad social sobre la que científicos sociales indagan es cambiante, la investigación se orienta a través de preguntas y metodologias creativas, trabajo colaborativo y abierto al dialogo de saberes lo que abre la posbilidad de construir nuevos conocimientos.

    La incertidumbre se constituye en el punto de partida, desde el cual los grupos de investigación de la FCSHA desarrollan su trabajo. Ello implica abandonar los ideales racionalistas vinculados con el establecimiento de las leyes universales y la búsqueda de las verdades absolutas, para dar paso a la consideración sobre la variabilidad, la inestabilidad, las rupturas, las discontinuidades, la fluctuación, la mutación y la alteración. Tal desplazamiento lleva consigo múltiples modificaciones frente a la visión que sostiene la academia en sus planes y proyectos, visión que, por lo general, se encuentra especializada por disciplinas que tienen a hacerse sólidas y coherentes.

    Por otro lado, el Programa de investigación de Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes ha permitido la consolidación del Comité de Investigación del Departamento el espacio idóneo para la consolidación de la apuesta por la investigación. Este Comité es el encargado de trazar las directrices que organizan las dinámicas de la investigación en el Departamento. Está conformado por un/a Coordinador/a, los líderes de las líneas de investigación y los investigadores que tengan activos proyectos de investigación.

    Las funciones del Comité son:

    1. Construcción y evaluación de nodos de investigación que alimenten las líneas de profundización del Departamento de comunicación.
    2. Diseño de líneas de investigación que tengan congruencia con los intereses del Departamento y de los grupos de investigación de la Facultad.
    3. Acompañar los procesos de formulación, presentación y puesta en funcionamiento de los proyectos de investigación que los profesores presentan para las diferentes convocatorias.
    4. Fortalecer los procesos de articulación de los investigadores a los grupos de investigación de la Universidad Central.
    5. Desarrollo de espacios de discusión sobre las preguntas y los asuntos propios del campo, tal como lo son los Seminarios Internos de Investigación, Seminarios de preparación de los eventos académicos del Departamento.
    6. Coordinar los procesos de investigación formativa y de formación para la investigación que se desarrollan en los semilleros de investigación, grupos de estudio y en los Proyectos Integrados de línea.
    7. Apoyar los procesos de formulación y evaluación de las monografias y las auxiliaturas de investigación que se desprenden de las prácticas propias de la investigación formativa.
    8. Consolidación del Observatorio de comunicación del Departamento, este espacio esta constituido por multiples de nodos que dan forma a un espacio de investigación, que permite nutrir y fortalecer las prácticas de investigación formativa y de investigación propiamente dicha.
    9. Generar dinámicas de trabajo que fortalezcan los procesos de divulgación del conocimiento construido por los investigadores del Departamento de Comunicación Social de la Universidad Central.

     


    [1]El presente texto presenta de manera sintética uno de los nodos de investigación de la línea de profundización de Tecnologías de la Información y la comunicación TIC, del Departamento de Comunicación Social y Periodismo. El texto se presenta para establecer diálogos con el grupo de Comunicación y educación, sobre la línea de profundización de Ciberculturas.

    [2] A partir del trabajo de Donna Haraway, el ciborg se constituye en un esfuerzo por pensar las nuestra relación con las máquinas, partiendo del cuerpo y de las emociones,  ya que es a partir de estos elementos que podemos participar y percibir esa gran diversidad de temporalidades movilizadas por las máquinas de comunicación.

    [3] Arendt señala que cuando se refiere a hombres está haciendo mención a lo humano. Desde esta óptica, en el documento se hablará de hombres

    [4] Dos documentos estratégicos de la política de investigación son el Acuerdo No. 06 del 23 de abril de 2015 y el Manual Metodológico. El artículo 9 del Acuerdo 06 señala que “i) La investigación propiamente dicha es ejecutada por los grupos de investigación institucionales y tiene como propósito fundamental la generación de conocimiento de vanguardia en un campo disciplinar, interdisciplinar o transdisciplinar, así como la contribución a la identificación y solución de problemas sociales; y ii) La investigación formativa consiste en sistematizar el conocimiento generado por un proceso de aprendizaje propio de los proyectos pedagógicos para convertirlo en conocimiento codificado que aporte al desarrollo de líneas de profundización de los programas o a las líneas de investigación de los grupos involucrados”.

     

     

     

     

     

     

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